La política no es lo único que ha cambiado en Polonia desde la caída del comunismo. Maria Staszkiewicz investiga a los artistas clandestinos que intentan darle un poco de perspectiva a las vidas polacas.
¡A las armas, artistas!
Los artirtas polacos escriben en las paredes para retratar la situación de su país (Tiago Rigo)
ENFOQUE
Traducción: victoria bembibre
30/01/06
Tags : Europa del Este, Polonia, Juventud, Comunismo, Arte contemporáneo, Bielorrusia, Arte callejero.
- español
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La caída del comunismo ha marcado la conciencia de los polacos. El modelo capitalista ha pasado a mezclarse con el pasado comunista: un extraño cóctel ilustrado por la publicación en 2002 del libro Polococktail party, pistoletazo de salida de un nuevo estilo literario. Escrito por la joven estudiante de instituto Dorota Masowska, la obra ha sido descrita por algunos críticos literarios como la “primera novela sobre los colgados de la Polonia postcomunista”. Masowska ya hubo publicado extractos de su diario íntimo en una revista femenina, pero un día, exasperada, decidió hablar de lo único que puede verse desde su ventana: el hormigón armado.
Realismo postcomunista
La juventud polaca ha crecido conociendo la existencia de dos sistemas políticos y actitudes ante la vida, pero enseguida ha tenido que aprender las reglas de la economía de mercado. Algunos han elegido indistintamente vestir las típicas sudaderas de siempre; otros, han preferido las chaquetas de cuero, los teléfonos móviles y los coches veloces. No obstante, de acuerdo con Maslowska, una cosa une a la mayoría de la gente: el letargo intelectual y la apatía social. En su libro, este escenario mental es el protagonista.
Otras clases de expresión artística también intentan asomarse a este problema. Películas como Hi, Tereska, de Rober Gliski o Blokersi de Sylwester Latkowski subrayan el mundo inhumano y casi surrealista del hormigón armado y de los individuos desesperanzados y sin sentido de la estética. Este grito de disconformidad de los artistas polacos es el realismo post comunista.
De acuerdo con los fundadores de Three Waves, un colectivo artístico clandestino, las masas deben ser sacudidas de su gris rutina. Un papelillo con un mensaje pegado a un cartel viario o un espejo garabateado con un mantra budista en una cabina telefónica: estos pequeños elementos compuestos en el paisaje urbano son arte callejero. Un perchero de madera pintada y decorado con perlas y campanillas, paquetes frabricados con ramas de árbol, raíces y cordeles: todas estos cantos efímeros a la esperanza son creaciones recientes de Three Waves, nacido en 1988 a raíz del movimiento denominado “post-graffiti”. En Polonia, escribir eslóganes controvertidos sobre las paredes es una forma de expresión que seda desde la segunda guerra mundial. En esta época, los edificios estaban recubiertos de inscripciones que simbolizaban el combate pacífico del país contra la ocupación. Así nació el comunismo. Tras la revolución, una segunda ola de graffitis invadió el país recubriéndolo todo de consignas antisoviéticas.
Despertando al público
three Waves representa un arte que reacciona contra la situación sociopolítica del momento. El grupo se rige por un código de conducta que les prohíbe pintar en fachadas recientemente renovadas, sitios turísticos o capillas. Pintan graffitis en paredes viejas o abandonadas.
El objetivo es despertar al público de la indiferencia; el blanco son los habitantes de viviendas otorgadas por el gobierno, como el protagonista del libro de Maslowska. El grupo desea capturar al peatón con un mensaje agudo y preciso. Los graffitis y los posters abogan por la libertad en el Tíbet, Chechenia o Birmania, oponiéndose también al abuso de las drogas o a la McDonaldización de la cultura. El arte callejero de Three Waves es muy ecléctico.
Hace poco, tres miembros dirigieron talleres durante un festival de arte: “No hay cultura sin subcultura”, en Bielorrusia. “Dejemos de pensar que no hay modelos de vida esperanzadores y que sólo el dinero y el éxito cuentan”, dice un miembro del grupo.
Una calcomanía pegada en un autobús reza: “Haz lo mejor de tu vida”, y simboliza una lucha por una mejor existencia como recordatorio para todos los polacos colgados en la confusión de la transformación de un país. El arte moderno de Polonia no es el arte por el arte mismo. Los autores polacos modernos, como los de Three Waves o los famosos dibujantes Maciejowski, Sasnal o Raczkowski, investigan el absurdo en el postcomunismo. Oraciones sencillas, capturas concisas; es una batalla contra la mediocridad.
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