El filósofo de ética belga, Luc Bovens, siente fascinación por los griegos clásicos. Según sus palabras, aún no han perdido vigencia. Nos explica cómo.
Luc Bovens: enamorado de la filosofía
Luc Bovens en el bar con nosotros (Foto, Arthur Krebbers)
NINGUNO
Traducción: guadalupe machinandiarena
23/04/06
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¿Qué espera uno encontrar cuando entra en el despacho de un filósofo? Una multitud de libros apilados en columnas inestables. Polvo en todos los rincones y, por supuesto, una chimenea como pieza central de la estancia. El “amante del conocimiento” típico estaría deleitándose con alguna obra de Sócrates o Descartes, o escribiendo en un trozo de papel su propio raudal de pensamientos aleatorios.
La oficina del profesor Luc Bovens en la London School of Economics no tiene nada de este absurdo estereotipo. De hecho, el lugar está bastante ordenado. Las colecciones de libros están bien acomodadas en la repisa, con un muñeco Winnie the Pooh como único adorno. Casi todo el espacio libre de la pared lo ocupa un collage de fotos en blanco y negro que hicieron su hija y él.
Lidiando con los deseos
Decidimos ir a tomar algo a un café de los del montón de Londres. Bovens publicó hace poco un trabajo sobre el problema de la debilidad de voluntad. En él hace una propuesta radical para todos los que sufren de exceso de deseo. “Cuando tenemos asuntos con los que lidiar, nuestra estrategia suele ser la de atarnos”, me explica Bovens. “Para evitar cometer actos que desaprobamos, nos comprometemos a pagar una suma a nuestros amigos cada vez que no estamos a la altura. Esto hace más costosa la reincidencia.” Así, los que quieren bajar de peso, o los fumadores deprimidos, se imponen un régimen estricto en un esfuerzo desesperado por conseguir un estilo de vida más sano. A no romper las reglas, si no…
Pero Bovens adelanta un cambio total de actitud. “¿Por qué no adoptar la estrategia opuesta? Cogemos el acto que nos tienta y aumentamos sus beneficios para convertirlo en la opción más racional. Por ejemplo, hacemos que alguien nos pague por cometer el acto deseado. Entonces el acto más racional resulta ser el relacionado con una falta de voluntad.”
“Lo importante es plantear el problema en sus buenos términos”, insiste Bovens. Toma su café en pequeñas dosis rápidas mientras reflexiona algo más sobre el asunto. De vez en cuando queda absorto en algún pensamiento; desvía la vista a un lado durante un par de segundos, con sus manos abiertas como agarrando una pelota.
¿Aristóteles era un liberal?
La conversación pasa de forma natural a uno de los antecesores más respetados de Bovens, el filósofo moral griego Aristóteles. “Me impresiona muchísimo su metodología”, me dice. “Observa lo que el vulgo, la persona normal de la calle, piensa que le hace feliz: el dinero, la buena salud, etc. Luego, usa esto para construir una serie de criterios que reduce para encontrar qué cosa específica hace que una vida sea feliz. Lo importante aquí es que tiene que ser una propiedad humana, algo que nos distinga de las plantas y los animales. Al final concluye que la gente tiene que vivir de acuerdo a la razón.”
En el escenario político actual, sin embargo, el aristotelismo se percibiría como peligrosamente antiliberal. “Aristóteles creía que el Estado debía jugar un papel en la formación de la persona”, explica Bovens. “Esto se acerca a la posición perfeccionista, que dice que a la gente hay que habituarla a hacer lo correcto de forma natural. En el extremo opuesto del espectro están los liberales, que adoptan una actitud neutral. Creen en una variedad de concepciones del bien y consideran que el Estado no debe interferir. Es por esto por lo que algunos liberales se opusieron al Código de Derechos Civiles [de EE UU].”
Bovens admite que es difícil tratar este dilema moral. “En el caso del código de derechos civiles, los sureños de EE UU dijeron más tarde que estaban contentos de que el Estado les hubiera forzado a abandonar sus hábitos tradicionales. Sin embargo, la intervención del estado también puede resultar muy nociva. No hay una solución fácil para esto.”
La filosofía del amor
Nos hemos movido a uno de los temas preferidos de Bovens: la filosofía del amor. “El reto siempre ha sido definir la naturaleza del amor. Esperamos que sea una fuerza constante que no puede canjearse si conocemos a otra persona que es mejor que nuestro amado o amada en todo sentido. También debería ser resistente al cambio, al hecho de conocer más cosas sobre una persona.
Entonces ¿qué define a esta propiedad irracional a la que llamamos amor? “Los griegos clásicos como Sócrates percibían que el amor estaba basado en ciertos rasgos de belleza. Aun así, esto no resuelve el problema del cambio. ¿Por qué seguiríamos amando a alguien cuando su condición se deteriora? (…) San Pablo usa una analogía teológica: nuestro amor es como el amor de Dios a su pueblo. Queremos a otros a pesar de sus rasgos, y nuestro amor los hace más bellos. Pero, de nuevo, esto no responde la pregunta fundamental: ‘¿Por qué me quieres?’”.
La respuesta más sorprendente viene del filósofo griego Aristóteles. “Empieza con un gran mito que dice que los humanos éramos bolas conectadas, formadas por una parte masculina y otra femenina. Tras una revuelta contra Zeus, estas bolas se rompieron. Ahora intentamos encontrar desesperadamente nuestra otra mitad.”
No hay duda de que los clásicos quedaban tan desconcertados como nosotros ante los problemas fundamentales que afectan nuestras vidas. El profesor Bovens demuestra que esto es exactamente lo que hace tan interesante su estudio.
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