Los humanos nos llamamos entre nosotros de distintas maneras. Cotidianamente nos comparamos con otros humanos, partes del cuerpo, e incluso con animales.
Las frutas están locas
Ilustración de Henning Studte
NINGUNO
Traducción: ramón santillana
09/04/06
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Pero nada se compara al ser llamado como una fruta. La pobre ciruela viene a pasar un mal rato gracias a los crueles humanos. En francés en lugar de recibir una multa, le dan a uno una ciruela. En Inglaterra, tal vez como resultado de esa multa, a la gente que parece amargada le dicen que tiene cara de ciruela. A los alemanes tampoco les gusta mucho la pflaume: pero en esta ocasión, significa estúpido más que amargo. Para beneplácito de la ciruela, los napolitanos le llaman a los estúpidos percuoco: una variedad de melocotón. Para los franceses, sólo los tontos pueden ser tomados por una pera.
A las manzanas les va mucho mejor. En inglés, el amante es la manzana de tu ojo. Tan fuerte es la fuerza de la manzana, que en Francia, caer en la manzana significa desmayarse. Es suficiente con pensar que el mundo se ha vuelto bananas (loco),
y si de esa manera le llamamos a la fruta: uno podría imaginar cómo nos llaman a nosotros.
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