¡Animal!
Ilustración de Henning Studte
Andaba la campaña electoral norteamericana en su momento más intenso, llena de golpes más bien bajos. Los libertinos Demócratas se dedicaban a refregarles a los puritanos Republicanos sus propias miserias sexuales, acusándoles de bestialismo. Una bestialidad que, lejos de subrayar el carácter salvaje de las confrontaciones electorales, hacía ilusión en versión original, a ciertas prácticas sexuales implicando a hombres y animales. Eso que en francés, italiano o español llamamos zoofilia, y ante lo cual, una amiga irlandesa no pudo mas que preguntarse, confusa: “¿y en francés, entonces, cómo se llama a la gente a la que le gustan los zoológicos?”.
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