El turista se queda boquiabierto: al mismo tiempo árabe, católica y judía. Exuberante y cálida. Sevilla es un monumento exótico a la grandeza histórica y cultural. En frente, la Giralda. A la izquierda, los jardines del Alcázar. Abunda el rojo y el gualda.  Tiroteos de flashes. Bienvenidos a Santa Cruz.

Aquí, todo esá previsto para satisfacer a los turistas que llegan ávidos a España: figurillas flamencas, pequeñas bailaoras de plástico, sangría. Y olé. Volantes de lunares y castañuelas se muestran ordenadas entra las terrazas de los cafés y restaurantes donde podemos probar las tapas variadas, durante todo el día, o refrescarnos con una jarra de sangría, por solo ocho euros. Santa Cruz es la representación, en versión multicolor, de una España cliché. 

(Foto: B.S.)(Foto: B.S.) | Sangría, Tapas y Flamenco.

(Foto: B.S.)(Foto: B.S.) | Vista de la catedral de Sevilla.

(Foto: B.S.)(Foto: B.S.) | Turistas haciendo cola a la entrada del Alcázar.

(Foto: B.S.)(Foto: B.S.) | Las empanadillas, plato típico español, flamenco, y un cochero que se echa una siesta

(Foto: B.S)(Foto: B.S) | ”

(Foto: B.S)(Foto: B.S) | La “tostá”, a base de pan, tomate y jamón. Una tapa típica.

(Foto: B. S.)(Foto: B. S.) | Turistas en un bar del centro (izquierda). Detalle de un anuncio de una boda (derecha).

Todas las fotos son de Bénedicte Salzes.