Con propósito del encuentro entre Gordon Brown y Dimitri Medvédev, antesala a la cumbre del G8 en Japón entre el 7 y el 9 de julio, le echamos un vistazo al renacimiento de las relaciones británico-rusas.
Arquitectura: los británicos construyen Rusia
Vista de la maqueta del Centro Okhta | Foto: Evgeny Gerashchenko/ Wikipedia
PANORAMA
Traducción: Beatriz Palacios
07/07/08
Tags : Saint Petersburg, Rusia, Arquitectura, G8, Moscú.
- español
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Pedro El Grande invitó a arquitectos italianos a construir su nueva ciudad cuando decidió llevar Rusia al siglo XVIII. Últimamente, son los británicos los que construyen Rusia. Las cosas no han ido bien entre los dos. Tras una década de pequeños incidentes diplomáticos y acusaciones de espías, las cosas empeoraron en enero de 2008 con el cierre de dos de las tres oficinas del British Council fuera de Moscú, el envenenamiento del ex-espía ruso Alexander Litvinenko en Londres y la denegación de visados a 42 empleados internacionales de la sede rusa de la petrolífera conjunta TNK-BP. Pero, financiado por las arcas petrolíferas y empujado por la histórica rivalidad entre las dos mega-ciudades Moscú y San Petersburgo, la arquitectura británica ensalza los emblemas del recientemente readquirido poder ruso.
Isla de Cristal, Moscú
Isla de Cristal (Imagen: Steve Keys/ Flickr)Los gigantes futurísticos que florecen tanto en Moscú como en San Petersburgo han provocado cierta alarma. La gran escala y la complejidad de los proyectos parece ser la fórmula para ser concedido el permiso de edificación. La multifuncional Torre de Rusia de Moscú, diseñada por el equipo británico Foster & Partners, se convertirá en el edificio más alto de Europa, una vez terminado en el 2012. Incluso esto empalidece junto al proyecto de la Isla de Cristal (Crystal Island), otra propuesta de Foster, que espera convertirse en el mayor edificio del mundo, cuatro veces mayor que el Pentágono, con más de 600.000 m².
Centro Okhta, San Petersburgo
Maqueta del centro Okhta (Imagen: Evgeny Gerashchenko/ Wikipedia)Mientras Foster rediseña el horizonte de Moscú, la firma británica RMJM Architects ha levantado una gran polémica en San Petersburgo. El Centro Okhta se convertirá en el cuartel general del gigante del gas ruso, Gazprom, con su forma de llama inspirada por el logotipo de la corporación. El rascacielos se retorcerá con una altura de 396 metros, lo que hará sombra al centro histórico de San Petersburgo, rompiendo las famosas restricciones de altura de la ciudad y amenazando su status de patrimonio de la humanidad. El proyecto ha sido atacado por todas partes; las encuestas indican que el 90% de los residentes se muestran en contra del edificio. Aun así, la posibilidad de obtener elevados ingresos fiscales de Gazprom ha sido más que suficiente para ganarse el apoyo de la gobernadora de la ciudad, Valentina Matvienko.
Museo Pushkin de Bellas Artes, Moscú
Museo Pushkin de Bellas Artes (Foto: adambrunner/ Flickr)
Los proyectos prestigiosos no son nada nuevo en Rusia. Moscú es una ciudad de superlativos, y su Kremlin, que se enorgullece de tener la mayor campana y cañón del mundo, estaba hasta hace poco unido al enorme e infame Hotel Rossiya, que llegó a ser el mayor hotel mundo. Lo nuevo es que el proyecto Zaryadye, que reemplazará al Rossiya, es de poca altura e intenta armonizar con sus alrededores. No es sorprendente que se trate de otro diseño británico, que junto con otros dos proyectos culturales, estén rompiendo el molde de ‘lo grande es bello’ de Foster & Partners. El Museo Pushkin de Bellas Artes va a ser reinventado al estilo del Louvre, reclamando su merecida importancia como una de las principales galerías de arte del continente. Los abandonados almacenes y canales de la isla de Nueva Holanda en San Petersburgo, están destinados a transformarse en una gran sala de conciertos. Los planes de Nicholas Grimshaw para Pulkova, el aeropuerto de la ciudad, siguen las mismas pautas de refinamiento y buen gusto.
A través de aeropuertos, galerías, salas de conciertos y rascacielos, la nueva Rusia se decanta por el idioma internacional del acero y el cristal. El popurrí de estilos que es Moscú es el perfecto caballete para la creatividad, un lugar donde el patrimonio arquitectónico no es un factor primordial, y la burocracia no pone límites. Críticos como Grigory Revzin creen que “la arquitectura rusa está desapareciendo ante nuestros propios ojos”, y puede que tengan razón en esta observación. Pero el espíritu global de la reciente arquitectura de Rusia es sin duda una tónica de bienvenida a un agrio clima político, y auténtica prueba de una colaboración internacional productiva.
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