10 buenas razones para no ligar en Berlín

Artículo publicado el 21 de Enero de 2015
Artículo publicado el 21 de Enero de 2015

Al leer todos los artículos sobre el ligoteo, se podría pensar que Berlín es la capital interplanetaria del sexo (ah, me hacen señas de que de hecho sí, bueno…). Pese a ello, también hay perezosos, ineptos o pasotas. Para no presionar a estas pobres almas, he aquí diez razones para no ligar en Berlín. La apología del gran vago de la seducción.

1 – Eh amigo, ¿has visto el precio de los alquileres en Berlín? Teniendo en cuenta la cantidad de horas que tu piso está ocupado, tienes que pensar seriamente en amortizar la inversión. Aunque no haya manera de que salgas esta noche, ni mañana, ni este fin de semana. Y si, por pura casualidad, una mujer quiere venir a tu casa, que pague su parte. Y sí, esto es así. Esto sirve para que te asegures de evitar cualquier plan de ligue.

2 – Cuando eres francés, estás acostumbrado al buen gusto, a la finura, a la elegancia, después sabes que para conquistar a una señorita se utiliza el «eh, pásame tu 06». Esta fórmula para ligar, utilizada en Francia, no es válida en Alemania: mientras que en Francia pedir el 06 equivale a pedir el número de móvil (todos empiezan con esa numeración), en Alemania solo empiezan con esos dos números los teléfonos de la región de Hesse. Lo siento, pero las relaciones Berlín-Fráncfort...¡bah!

3 – Eres treintañero, por lo que toda la gente que conoces está casada o vive en pareja. A los que esa gente conoce también están casados. La gente que esa gente conoce y la gente que tú conoces están todos casados. Es lo que se llama el efecto Mac3. En resumen, todo el mundo está casado, así que tus colegas no podrán ayudarte.

3bis – Bien, insisto, concreto el punto 3: la chica que te pareció tan maja en la boda de Régis, acaba de irse a vivir con su novio mánager de proyecto/consultor/miembro de un lobby. La rubita que acaba de ser contratada en tu oficina tiene 2 hijos, sí, sí, con 28 años. La que fichaste en la panadería la semana pasada acaba de empezar a pagar, junto a su marido, un préstamo para una casa. Te lo advierto, amigo: hasta la primera oleada de divorcios, el mercado está cerrado; así que ni lo intentes.

5 – (Oh, espera, falta el punto 4. ¡No te has dado cuenta, está hecho a propósito para ver si continuabas!). Eres francés (también vale si eres portugués, español, italiano, sueco), tío, eres raro, anduviste a la caza más de una vez, ¡mira, casi no hay ningún francés en Berlín! (ah, de hecho, me hacen señas de que sí). Pues bien: eres tú en el que se fijarán. Así que quédate tranquilo, repanchingado en tu sofá, no te preocupes, las fans llamarán pronto a tu puerta. Sí, sí, seguro. Ahí, escucha:...ah, no, es el vecino que baja las bolsas de basura. Bueno, la próxima vez seguro que es para tí, no te muevas.

6 – Ya no intentes más conocer chicas por Internet. ¿Te acuerdas de Pamela, la chica estadounidense que te gustaba tanto? Había como una especie de conexión entre vosotros, ¿os reísteis a carcajada limpia a horas intempestivas? Sí, incluso le mandaste 500 euros a través de Western Union (una empresa que gestiona servicios de transferencias de dinero) para ayudar a su abuela que estaba pasando apuros. Sí, ¿te acuerdas que empezaste a sospechar cuando te preguntó tu código PIN para poder cobrar la herencia de un tío abuelo riquísimo muerto en Papúa Nueva Guinea? Así que...en fin, abandona la idea.

7 – Bueno, ahora no es realmente el momento, porque andas metido en un gran proyecto en el curro. No puedes hablar de ello, pero va a ser un proyecto colaborativo relacionado con el crowdfunding (financiación colectiva), el cross-medial y el product-sharing (intercambio de productos). Sí, sí, pero cuando todo esto se acabe te pondrás a ello. Prometido. Sí, eso es, a la vez que el jogging, que tu abono a Fitness First, aprender un idioma exótico, comer verduras y leer de nuevo un auténtico libro. (No, releer por quinta vez El Señor de los anillos -aunque sea la versión inglesa- no contabiliza.)

8 – Berlín es supergrande, por lo que la cosa es muy sencilla: todas las mujeres que no vivan en Kiez, tu calle, no merecen la pena. ¡Ganas tendrías de pegarte un maratón para volver a tu casa! Espera, ¿ya has hecho el recorrido Friedrichshain-Wedding (barrios berlineses), en total 22 horas a la semana? Sí, sí, haces bien en desistir, correrías el riesgo de enfermar de agotamiento.

9 – En un plan de ligue, en un momento u otro, habrá que bailar. Sin duda alguna, en algún momento, te sucederá esto. En la boda de tu colega del instituto, en una discoteca de Berlín que siempre consideras moderna. Y el caso es que no sabes bailar. No, créeme, no sabes bailar: al robot, la macarena y el waka-waka no se le puede considerar bailar. No, no quiero que me enseñes, no, para.

10 – De todas formas, no vale la pena enfrentarse a un ejército de fracasados, arriesgarse a que te ignoren, reconocer que eres tan perdedor como un equipo de rugby alemán  (sí, sí, de verdad que existe), frente a los All Blacks (selección de rugby de Nueva Zelanda y considerada la mejor del mundo): dado que tu principal objetivo, tu Santo Grial personal, ¡venga, seamos locos, tu razón de ser, es conseguir el número de móvil de Scarlett Johansson! Y hasta entonces, reserva tu energía porque la necesitarás. Y, precisamente, no te caigas, ella acaba de dejar a su chico y ha decidido instalarse en Berlín para rehacer su vida! Oh, oh, no, por supuesto que bromeo, deja inmediatamante de bailar Las Ketchup para celebrarlo. ¡Para o esto acabará mal!

Ligar en Berlín: ¿Éxito o fracaso?

¿Los alemanes no saben ligar? Un prejuicio tan viejo como el mundo y, a pesar de todo, extendido. Cafébabel se presta para pisotear de una vez por todas la miseria del amor. Si creéis haber encontrado LA estrategia del ligoteo, envíanos un correo electrónico a  berlin@cafebabel.com