1989: Cuatro horas para cruzar la frontera

Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2014

En 1989 yo no tenía más que seis años, así que no recuerdo mucho sobre la caída del Telón de Acero. Me parecía raro que en preescolar me llamasen "pionera" (iskrička) pero en primaria no. De repente, la estratégica educación de la nueva generación comunista había terminado. Hasta entonces la organización "Iskra" era una de las primeras máquinas de adoctrinamiento.

Le pedí a mi padre que me contara historias de aquella época. Es profesor de gimnasia y geografía, y nunca quiso formar parte del Partido Comunista: de hecho, nunca se afilió a él, y era el único profesor masculino de la escuela que no formaba parte del partido. En 1989, cuando el Telón de Acero cayó, estaba con sus estudiantes en una competición de deporte en Moravia. Después de cenar vieron por televisión las inmensas manifestaciones que se desarrollaba por todo el país. Entonces mi padre le dijo a su compañero, que sí era parte del Partido Comunista: "Ya verás. Cuando volvamos a la escuela ya no serás subdirector del colegio".

Hablar sintiéndose libre

Y su predicción se cumplió exactamente un mes más tarde. Lo que mejor recuerda mi padre es la euforia, especialmente entre quienes no eran altos cargos del Partido Comunisra. Sonreían, felices, hablando con los demás... y sintiéndose libres. Aunque no se conocieran entre ellos. También recuerda con cariño que, después del entrenamiento, un compañero y él decidieron ir a Viena en un antiguo coche Lada. Nunca habían ido a la capital austríaca, aunque estuviese a solo 90 minutos en coche de nuestro pueblo. En la frontera tuvieron que esperar ¡durante cuatro horas! Había muchísimos eslovacos queriendo visitar la capital vecina con sus propios ojos, por fin.

Todo sabe mejor cuando está prohibido. Mi padre y su amigo cruzaron la frontera y llegaron a Viena, donde disfrutaron de su recién conseguida libertad. Después de una hora y media tuvieron que emprender el camino a casa porque la frontera con Austria cerraba por la noche y debían volver. Para la gente como mi padre, 1989 fue un año eufórico lleno de alegrías.

Más allá del Telón: 25 años de fronteras abiertas

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