2 días en París

Artículo publicado el 11 de Julio de 2007
Revista publicada
Artículo publicado el 11 de Julio de 2007
El 10 de agosto se estrena en España la nueva película 2 días en París, de Julie Delpy, una comedia en la que actúan los padres de la directora, el americano Adam Goldberg y el alemán Daniel Brühl.

Un hombre, una mujer, las calles de París..., tariro tariroooo... ¡Sin desprecio! Julie Delpy, 37 años, realiza y coproduce aquí su segunda película (la primera pasó desapercibida para casi todo el mundo, rompe con el romanticismo y se divierte acabando con los moldes del cine romántico. Esta vez, el escenario parece sacado de una postal, entre la plaza de Tertre en Montmartre, el barrio latino o el canal de San Martín, y los personajes no son para menos.

Marion, una fotógrafa francesa que vive en Nueva York, introduce a su novio en su familia tras un viaje fallido a Venecia. Ni la cúpula de la Basílica de San Marcos, ni las torres de la catedral de Notre Dame consiguen reavivar la llama que se va apagando entre estos dos treintañeros. Mientras Jack (un papel hecho a la medida de Adam Goldberg) descubre la verdadera naturaleza de los padres de Marion, post sesentayochistas de sexualidad desenfrenada que también pasan por una crisis conyugal, Marion se cruza con sus ex parejas por todas partes.

Sobre esta base, que a fin de cuentas resulta banal (una pareja lejos de su entorno habitual aprende a conocerse en situaciones difíciles), Julie Delpy empuja a su personaje hasta el límite de la burla y la maldad.

Asimismo, muestra un malévolo placer a la hora de caricaturizar a los franceses: los taxistas son todos unos catetos misóginos, los intelectuales unos obsesos sexuales sin talento, y los treintañeros parisinos unos perversos depresivos y amorales. La realizadora y actriz principal de la película confiesa haberse divertido de lo lindo a la hora de exagerar los trazos de los personajes del filme.

Resultado: esta francoamericana se apoya en aquello que duele y alza el retrato de un país autocomplaciente, arrogante, soso, hueco y muy provinciano, que en realidad se encuentra sin aliento, sin mordiente ni capacidad de revuelta. Una impresión reforzada por la puesta en escena y el vestuario, que dan a la película un lado muy nouvelle vague (Delpy también había rodado con y Godard en 1984), la imagen permisiva protagonizada por los amigos de Marion durante una noche que viene a ofender la rectitud puritana del personaje americano, abrumado ante tales desbordamientos.

Por fortuna, nada resulta serio y trascendental. Julie Delpy maneja el humor con brío, gracias a sus diálogos dentro de la tradición del y stand up comedy. “Siempre he pensado que una mamada es algo importante. Después de todo, fue por culpa de una mamada que Estados Unidos arruinó su oportunidad de seguir siendo una democracia...”. El desenlace se complica con un rollo mitad cínico, mitad melancólico de aire despreocupado: ¿alguien cree en la rebeldía juvenil una vez cumplidos los treinta? Dos días en París cuestiona los fundamentos políticos de una generación desfasada en busca del ideal.

París es la ciudad del amor. Esto ya lo saben Marion (Julie Delpy) y Jack (Adam Golberg), que desde hace dos años mantienen una relación feliz. No son, por tanto, demasiadas sus preocupaciones, hasta que durante su viaje por Europa hacen una parada de dos días en París, en la casa de los padres de Marion (papeles interpretados por los propios padres de Julie Delpy). Durante estos dos días ambos padecen una profunda crisis de pareja, en la que no solo deberán tener en cuenta sus diferencias como francesa y americano.

Julie Delpy, conocida por Antes que amanezca y Antes que anochezca, ha producido 2 días en París prácticamente sola. Ademas de escribir el guión, ha dirigido ella misma la película y se ha encargado del montaje y la música. La película se convertirá en el atractivo de este año en la Berlinale.

Durante una hora y media la cámara recorre por la crisis de una joven pareja. Julie Delpy no limita los problemas de los protagonistas a las diferencias culturales entre los protagonistas; se trata de algo más. Ella proviene de una familia de liberales del 68; él, en cambio, sigue siendo un poco reprimido. Ella, a pesar del tiempo que llevan juntos, trata de tener ideas claras; él se las da de razonable y adulto. Sus caracteres son muy diferentes, lo que no facilita las cosas a la hora de poder identificarse el uno con el otro. Simpatía e incomprensión llevan a disputas en toda regla.

Julie Delpy muestra poco respeto por la reputación de sus compatriotas franceses. Ha rodado, en cierto modo, el primer Woody-Allen a la francesa. También en París todo el mundo parece algo neurótico, como los habitantes de Nueva York. Todo sucede un poco más deprisa, haciendo polvo a la gente algo más, más bárbaro de lo que habitual al otro lado del Atlántico. Una combinacion enredada de “culture clash”, película romántica y comedia.

Foto, © Rezo Films)