60 años: ¿jubilación para la ONU?

Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005

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Los fastos de la cumbre por los 60 años de la ONU no deben esconder las dificultades por las que atraviesa. Las reformas propuestas son buenas: los europeos deberían promoverlas.

La mayor cumbre mundial de la Historia”. Así describen los comentaristas la sesión de apertura de la 60ª Asamblea General de la ONU que, del 14 al 16 de septiembre, reunirá a no menos de 175 jefes de Estado y de Gobierno. Más allá de la efemérides, el secretario general Kofi Annan tendrá que pedir a la asamblea el aval para las reformas vitales y para adaptar las misiones de la organización a los desafíos del siglo XXI.

La dificultad sobrevuela la reunión. Disipados los temores creados durante la Guerra Fría, las Naciones Unidas se han visto marginadas en repetidas ocasiones, sobre todo en materia de seguridad internacional.

En 1999, los bombardeos de la OTAN en Kosovo no se avalaron sino a posteriori por el Consejo de Seguridad. En 2000, Bush y los neoconservadores, desconfiados respecto a esta organización, acceden a la Casa Blanca. El 11 de septiembre y el desarrollo del terrorismo internacional también han marcado un cambio en la naturaleza de las amenazas sobre la seguridad internacional a las cuales la ONU no se termina de adaptar. Por último, la guerra en Irak le ha asestado el golpe de gracia al Consejo de Seguridad, despreciado por los norteamericanos.

Tampoco menguan su mala racha el escándalo de corrupción del programa “Petróleo por alimentos” -que confirma la imagen de funcionarios internacionales laxos que arrastra- y los escasos progresos realizados de cara a los Objetivos del Milenio. Como guinda del pastel, John Bolton –halcón conocido por su visión unilateralista de la política estadounidense- ha sido nombrado en agosto de 2005 embajador de su país ante la ONU.

Los europeos desunidos

Kofi Annan quiere, pues, relanzar el organismo reformándolo. Es el objetivo de la cumbre. Tendrá que empezar por el saneamiento de la gestión administrativa, que hoy por hoy sirve de ariete crítico por parte de los norteamericanos. Después, deberá reformar el Consejo de Seguridad para reforzar su representatividad y su legitimidad frente al equilibrio de fuerzas de 1945 que representa en la actualidad. Aun siendo la piedra de toque, esta reforma no se hará antes de diciembre, según confiesa el propio secretario general. En tercer lugar, deberá relanzar los objetivos del milenio insistiendo además en el famoso 0,7% del PIB consagrado a la ayuda al desarrollo.

¿Verán la luz todas estas reformas o se inscribirán en la larga lista de promesas incumplidas por la organización y sobre todo por sus países miembro? La postura de los Estados Unidos, oponiéndose a toda medida que no favorezca a sus políticas, parece haberse flexibilizado. Los europeos, desunidos, están ausentes del debate.

Si los miembros de la UE abogan por el multilateralismo y la legalidad internacional –encarnados por la ONU-, deberían materializar su voz de forma más intensa durante el proceso de reformas para hacer valer su modelo: arreglo de conflictos según el derecho, democratización y prosperidad económica. Objetivos recogidos por la Carta Universal, pero que la ONU apenas logra hacer valer en ausencia de un impulso fuerte.