A Good City Has Industry : Viva el Bruselas del mañana

Artículo publicado el 21 de Noviembre de 2016
Artículo publicado el 21 de Noviembre de 2016

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Nada que ver con una vuelta a la época del Germinal de Zola. En realidad, la exposición « A Good City Has Industry » propone una serie de ideas innovadoras para reubicar la industria en pleno corazón de la capital belga. Con motivo de la celebración de unas próximas jornadas en materia de industrialización, Cafébabel Bruselas acude a la Galería Ravenstein para aprender un poco más de este tema.

La exposición « A Good City Has Industry » (hasta el 15 de enero de 2017 en la Galerie Ravenstein), además de poner el acento en el deseo de optimizar al máximo los recursos y la riqueza de Bruselas, nos invita a replantearnos la relación entre la fábrica y la economía, y es que, aunque a menudo e injustamente haya sido calificada de sucia, contaminante e incapaz de aportar nada positivo a nivel intelectual, lo cierto es que una industria bien gestionada sigue siendo una de las herramientas de futuro con mayor prospección.

Partiendo de esta base, la exposición, cuyo comisario es, como ellos mismos se definen, el laboratorio de ideas y tareas innovadoras en materia de arquitectura y urbanismo, Architecture Workroom Brussels (en lo sucesivo, AWB), nos da las claves para entender su propuesta. Joachim Declerck, socio y fundador de AWB, nos lo cuenta: «Durante años, hemos tratado de alejar las fábricas del centro urbano de nuestras ciudades, cuando en realidad, tendríamos que estar orgullosos de ellas, ya que constituyen el punto de partida de la economía. En la exposición puede verse claramente que lo que proponemos es precisamente el concepto de ciudad orgánica, una idea en la que la propia industria es, y nos referimos a Bruselas, un componente intrínseco de su propia estructura como ciudad, aportando al mismo tiempo, soluciones concretas para el desarrollo del sector». 

Lo que más nos gusta desde Cafébabel Bruselas es que la exposición propone  «10 medidas concretas para conseguir una villa productiva», que lejos de ser un mero planteamiento teórico, se trata de un conjunto de soluciones tangibles, reales y sólidas, que lo mejor que puede hacerse con ellas es aprobarlas desde ya. A modo de ejemplo, y en materia de arquitectura, la exposición sugiere la creación de zonas híbridas, donde conviven lugares en los que vive gente junto a otros en los que se fabrican cosas. De esta forma, la industria contribuiría a un ahorro en el espacio utilizable.

Origen: Hecho en Bruselas

Y no solo es una cuestión puramente arquitectónica, sino que en realidad, la exposición va mucho más allá, hasta el punto de llevarnos a replantear el tema de la relación del propio individuo con la economía. Declerk lo tiene claro: « Nuestra labor tiene también mucho de pedagógico, en el sentido en que nos gustaría sensibilizar al ciudadano sobre el mundo del mañana, prepararle para la era post-Made in China y para ir pensando en una economía circular. Si logramos una mayor visibilidad de las industrias en el centro de nuestras ciudades, los consumidores acabarán dándose cuenta de lo necesario que resultan las fábricas en nuestra economía y ello hará que se sientan orgullosos de tenerlas cerca. Al final, esa medida de reubicación industrial lo que hace es favorecer la economía local hasta tal punto que podríamos empezar a hablar de un modelo económico fiable y sostenible».

Bruselas ya ha dado un paso adelante en esta materia proponiendo el denominado Plan Canal, con una estrategia clara que contempla una serie de medidas en los alrededores de la zona del canal. Lo bueno del caso es que en este tema no partimos de cero, a la vista, por ejemplo, de los mataderos existentes en la zona de Anderlecht o de los talleres de Velofabrik en Bruselas. Pero ojo, que todavía nos queda lo más difícil: conseguir que los ciudadanos usemos todo ese potencial, olvidando el rechazo a la fábrica y esa vergüenza hacia el mono de trabajo. Si es que, en realidad, ¿qué más da un mono azul o un cuello blanco?.