A la caza de la economía sumergida en Nápoles 

Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2014

Bienvenido a Nápoles, hogar de la pizza, la Camorra y la ciudad de Pompeya. Clichés aparte, Nápoles posee una de las peores reputaciones de Europa. Es hora de conocer cómo se las arreglan los verdaderos estafadores napolitanos. 

La ciudad de Nápoles es definida con un amplio abanico de adjetivos: peligrosa, sucia, pobre, ruidosa. Las críticas hacen justicia a la realidad; Al zigzaguear por las estrechas calles del Barrio Spagnoli- uno de los más desfavorecidos de la ciudad- las ruidosas vespas amenazan con golpear a los peatones como si fueran bolos; las fachadas de los edificios están agotadas de sonreír y la camorra acecha en la sombra  mientras la mamma italiana vocifera a su prole, en un intento tan frustrado por llamar su atención como el de controlar a una clase abarrotada de niños de primaria. 

Para mí, como periodista con ascendencia del Norte de Italia, sería tan fácil criticar a Nápoles como hacer resaltar los estereotipos negativos del empobrecido Sur del país. Sin embargo, una vez que escarbas bajo su polvorienta superficie, te das cuenta de que Nápoles es una ciudad eléctrica; un hogar de emprendedores, trabajadores y avispados estafadores callejeros. Tanto es así que en la átmosfera se puede sentir el zumbido de la actividad económica. Aquí todo el mundo está siempre ocupado, trapicheando y comprometiéndose a algún tipo de intercambio comercial. Demasiado para el "perezoso" Sur.

El largo recorrido del estafador napolitano

Durante sus casi 5.000 años de historia, Nápoles se forjó una robusta economía como principal enclave comercial. Algunos remanentes de esa grandeza se pueden encontrar aún a través de la ciudad, como por ejemplo en la impresionante Piazza del Pleibiscito. Sin embargo, la fortuna de Nápoles dio un giro después de la unificación de Italia y desde entonces su economía ha decaído. Este largo periodo de crisis ha consolidado su permanencia en la sombra, o mejor dicho la de su economía sumergida, donde las líneas entre lo legal y lo criminal se difuminan. 

Mientras que otros países de Europa han pasado a efectuar sus pagos de forma electrónica, en Nápoles reina cualquier transacción que se haga en efectivo. Olvídate de sacar la visa para pagar por la exquisita pizza margarita en L'Antica Pizzeria da Michele.

Chiara* abrió recientemente una pastelería que sólo acepta cobros en líquido. Habla en términos generales sobre la economía informal, pero se abstiene de hacer comentarios su negocio. "Este tipo de economía es un fenómeno generalizado para la gente que no tiene un trabajo estable, como es el caso de los inmigrantes o de quienes hacen pequeños trabajos para llegar a fin de mes", asegura. "La economía sumergida tiene algunas ventajas, sobre todo porque pagas precios más bajos, pero también tiene muchos aspectos negativos, como la falta de seguridad en el empleo", añade.

"Para la gente joven es frecuente trabajar en restaurantes para costear sus gastos mientras estudian. Casi todo ese trabajo se hace sin contrato y se remunera en efectivo", dice Mario, un estudiante pluriempleado en la industria del restaurante. "Es algo común y todo el mundo lo sabe. ¿Es realmente informal o ilegal?", se pregunta. 

"El pago en efectivo está vinculado a los problemas generales que tiene hoy día Italia. Ese es el punto en el que lo legal y lo ilegal se unen de forma inseparable", explica Nicholas DeMari Harney, profesor en la Universidad del Sur de Australia y experto en la relación entre la economía, la sociedad y la cultura en Nápoles. "Muchas de las normas son bien intencionadas pero han derivado en una compleja estructura laboral en la que resulta muy caro contratar a alguien. De esta manera, se ha convertido en una estrategia para el pequeño negocio el hecho de no afrontar esa responsabilidad. La economía monetaria es en realidad una forma de evitar al recaudador de impuestos". 

Por su parte, los inmigrantes también se ven empujados a formar parte de este tipo de economía. Henry, de origen nigeriano, llegó a Lampedusa hace seis años después de un peligroso viaje en barco a través del Mediterráneo. Sobrevive gracias a un trabajo informal ayudando a los clientes a cargar sus provisiones a la salida de alguna tienda. Gana cerca de 20 euros por día en propinas, apenas lo suficiente para vivir. 

"Cuando vine a Italia soñaba con una vida mejor, con un buen trabajo. Aquí me tratan como a un perro", se lamenta. "No hay oportunidades, ni siquiera para los italianos. Tengo papeles pero no puedo encontrar un trabajo que me permita ganar un salario mínimo. Si pudiera ir a Alemania, vendería ropa italiana de calidad a distintas tiendas y pagaría mis impuestos en Italia. Así podría tener un apartamento de verdad y mantener a mi familia, pero por ahora todo lo que tengo es este pequeño trabajo para alimentarme. 

Una economía a la sombra

La magnitud de la economía sumergida tiene un impacto perjudicial para el resto del país debido a los impuestos que el Estado pierde. En 2013, el PIB de Italia era de 1.576 billones de euros, el cuarto de mayor volumen de la Unión Europea. El país tiene una de las economías sumergidas más grandes del Oeste de Europa, con un total de 333.000 millones de euros, que representan un 21.1% del PIB nacional, sólo superada por Grecia, con un 23,6%. Los datos también reflejan una correlación directa entre los pagos electrónicos y el volumen de la economía sumergida: los países con mayor número de pagos de este tipo tienen una economía a la sombra superior. 

Algunos sectores de la economía son más propicios a los pagos en efectivo, ya sea para lavar dinero o evitar impuestos. Según un informe de Visa Europe, las industrias son más vulnerables debido a las prácticas culturales y a las transacciones basadas en los pequeños impuestos. 

¿Dónde está el Gobierno? 

Al explorar la parte más vulnerable de la ciudad, me da la impresión de que es más fácil encontrarse con un fantasma de Pompeya que con un agente de seguridad. Los bulliciosos mercados llenan calles enteras y los comerciantes venden imitaciones de Gucci y bolsos de Prada a bajos precios mientras dan caladas despreocupadamente a sus cigarrillos . La mayoría de esta actividad es ilegal pero  aquí no hay policías. 

"Ante la falta de presencia de las fuerzas de seguridad en Nápoles, se ha convertido en una pauta general el que la gente tenga que encontrar otros métodos para sobrevivir porque no puede confiar en las instituciones gubernamentales", explica Nicholas. "A los napolitanos les resulta muy difícil hablar de este asunto porque hay una gran exasperación con este tema". 

"El Estado molesta a los trabajadores con impuestos y nos les proporciona ninguna seguridad de cara al futuro", dice Chiara. "Creo que el único modo de cambiar la situación sería la vuelta a un gobierno más autoritario o quizás una revolución violenta". 

La Guardia di Finanza, la fuerza policial con mayor prestigio en Italia, suscita miedo entre muchos napolitanos debido a su inigualable poder sobre la economía sumergida. Son responsables de la lucha contra el crimen financiero y el contrabando. Sin emabrgo, se especula que el departamento está plagado de corrupción. En la Oficina Regional para Campania, me fue imposible lograr una entrevista con algún oficial. En cambio, varios agentes de alto rango me dieron alguna que otra información sobre su trabajo y copartieron conmigo su pasión por el arte moderno.

El arte de "arreglárselas"

Al pasear por las calles empedradas, nunca me siento realmente sola; siempre hay un par de ojos observando, mirando, esperando. Aquí todavía hay un sentimiento de comunidad y la gente se preocupa por lo que le pasa al de al lado, o al menos por lo que tiene que ver con la policía, si forma parte de la Camorra. Mantener estrechas relaciones sociales resulta perjudicial para la supervivencia y los napolitanos han ideado el arte del arriangiarsi. En español esto se podría traducir como el arte de arreglárselas, sobre todo de cara a las adversidades. Así, mientras Roma intenta de forma compulsiva sacar a Italia de la crisis, Nápoles continua "arreglándoselas", con o sin ayuda de la capital.

A la autora le gustaría dar las gracias a Dario Oropallo, que ha trabajado como técnico para este artículo y sin el cual no habría sido posible realizarlo. También dar las gracias a todo el equipo de cafébabel Nápoles.

ESTE ARTÍCULO ES PARTE DE UNA PUBLICACIÓN ESPECIAL DEDICADA A NÁPOLES, QUE FORMA PARTE DEL PROYECTO EU-IN.MOTION, INICIADO POR CAFÉBABEL CON AYUDA DEL PARLAMENTO EUROPEO Y LA FUNDACIÓN HIPPOCRÈNE.