A la clara fuente...

Artículo publicado el 8 de Julio de 2008
Artículo publicado el 8 de Julio de 2008
Reclamos turísticos, legendarias o exuberantes, las fuentes de las grandes ciudades europeas hacen vender miles de postales. También han jugado un papel importantísimo al proporcionar el acceso de la población al agua potable.

Oasis de glamur por dos duros

En el centro de Roma, la Fontana di Trevi se envuelve por el ruido de sus aguas. Contruida a mediados del siglo XVIII, es una alegoría del océano. En el centro, Neptuno es llevado por dos caballitos de mar que representan el agua violenta y el agua tranquila. Las dos otras estatuas representan la limpieza y la prosperidad. Grabada en la Dolce vita de Fellini, en la famosa escena del baño protagonizada por la voluptuosa Anita Ekberg, la fuente esconde la leyenda de una joven y arisca virgen. Trevi, su nombre, evita ser desvirgada por una banda de maleantes sedientos indicándoles la fuente. 

Es una tradición arrojar dos monedas en la fuente, una para pedir un deseo, la otra para asegurarse de volver a Roma. Las monedas se recogen luego en beneficio de la Cruz Roja. La policía vigila el lugar del asalto de los pequeños delincuentes que tengan la tentación de alargar la mano. ¿En la búsqueda del romanticismo? Échadle un vistazo a la Fuentecita de los enamorados, situada a la derecha del estanque. Las parejas que unan sus labios allí, estarán siempre juntos… Alea jacta es. 

Manneken-Pis, el querubín regordete

(Jeffrey&Mami/flickr)En Bruselas, una fuente cuanto menos original, alimentada con las aguas del Coudenberg : el Manneken-Pis, un querubín regordete como un cochinillo, que rocía con su chorrito a la audiencia. La leyenda cuenta que durante unas revueltas populares, un rico burgués perdió a su hijo. Intentando volver a encontrarlo, el padre lo encuentra en la esquina de la calle Étuve en la posición en la que podemos imaginar. 

Encargada en 1619 a Jérôme Du Quesnoy, el Manneken-Pis es escondido en 1695, mientras Luis XIV asedia Bruselas. Vuelve después a su pedestal con una leyenda que reza en latín: “el Señor me ha creado en piedra, y ahora yo levanto la cabeza por encima de mis enemigos”. A escondidas en muchas ocasiones, el Manneken-Pis ha sido cobijado en la Casa del Rey. Es una copia de 1965 la que se expone actualmente. El muñeco mofletudo es también una víctima de la moda: después de su primer traje, color ‘azul de Baviera’, regalado por el ‘Príncipe-elector’ Maximiliano Emmanuel en 1698, el Manneken-Pis ha lucido ya al menos 800 modelitos diferentes.

Turquía: Entre lo público y lo sagrado

(jefield/flickr)Sobre el calor canicular de Estambul, los turcos usan generosamente las fuentes, sobre todo para sus abluciones religiosas. Una de las más célebres de la ciudad se sitúan entre Santa Sofía y el palacio Topkapi. Fue edificada en honor al agua en 1728 por Ahmet III y puso de moda las fuentes monumentales tipo rococó. Por aquella época, en cada esquina se encontraba un surtidor: el caminante podía relajarse con el agua ofrecida graciosamente por la fuente. El sultán Ahmet se volvía loco por las obras de poetas otomanos que se escribían siguiendo el espíritu eufórico y un poco egocéntrico de su reinado. Así, como testimonio queda la inscripción “Beba de esta agua y di una oración por el sultán Ahmet”, grabado con caracteres árabes en la fuente. 

La ingeniosa fuente mora

(shapeshift/flickr)En el palacio de la Alhambra en Granada, el patio de los Leones recibe su nombre de su fuente central. De las fauces de doce felinos, que sostienen en sus espaldas una pila decorada con versos poéticos, el agua se cuela por cuatro canales que simbolizan los cuatro ríos del paraíso y los cuatro puntos cardinales. Estos leones rugientes no tienen origen moro, ya que el Corán prohíbe representar criaturas vivientes… Pero no se conoce su significado. 

La fuente ha intrigado durante mucho tiempo a los arquitectos cristianos que la han desmontado para conocer su mecanismo. Los artesanos musulmanes habrían construido un sistema hidráulico muy ingenioso con el fin de asegurar una corriente constante en la fuente. Ninguna fuente, ni ningún otro chorro de la Alhambra, se alimenta por bombas, sino por la captación de aguas de Sierra Nevada. En la región, la cultura de conservación de agua, debido a los periodos de escasez de lluvia, lleva a escavar aljibes (cisternas subterráneas) para la retención de agua. Una economía de energía que debería servir de ejemplo a nuestro mundo moderno…

Wallace para agua potable

(choudoudou/flickr)

En 1870, los parisinos sufren la guerra franco-alemana. Afligido por tal desastre, Sir Richard Wallace, filántropo británico, decide consagrar una parte de su fortuna a ayudarlos. El Lord que se “contentaba con poco”, regaló a la ciudad de París “50 fuentes para beber” para permitir a los paseantes refrescarse  un poco. Las fuentes, realizadas por el escultor Charles Lebourg, fueron levantadas en su mayoría en plazas o esquinas de calles, para que pudieran ser vistas desde lejos. 

También llegan hasta otras partes de la geografía francesa, como Reims o Nantes. Hoy estas “fuentes para beber” no responden verdaderamente a su función inicial. El encanto original también se ha evaporado: los vasos en cadena se han eliminado por razones de de higiene. Pero una fina cortina de agua sigue precipitándose por entre cuatro cariátides que sostienen el capitel de la estructura. Representan respectivamente la simplicidad, la moderación, la caridad y la bondad: un reflejo perfecto de la sociedad parisina…