A la otra orilla del Vístula: Praga en Varsovia

Artículo publicado el 12 de Julio de 2010
Artículo publicado el 12 de Julio de 2010
Ningún otro barrio de Varsovia está experimentando un cambio tan fulgurante como el barrio de Praga. Artistas, gente a la que le gusta la fiesta e inversores se están trasladando a la orilla derecha del río Vístula. Entre residentes de toda la vida y edificios antiguos, buscan sobre todo una cosa: autenticidad

Foto ©Mila SzołkowskaAhí está él con su chaqueta acolchada, sus pantalones gastados y sus botas; encorvado, pensativo y con la manos en los bolsillos, en la esquina de Stalowa con la calle Cyznzowa, en el barrio de Praga Norte. Es Pan Guma, el ‘señor de goma’, como lo han bautizado los más pequeños del barrio. La escultura de goma y de plástico fue diseñada por niños de entre siete y trece años de edad bajo la dirección del artista Pawel Althamer y su Grupo Pedagógico y de Animación Social Praga Norte (GPiAS, por sus siglas en polaco). Pan Guma es el héroe de Praga.

Al dejar el centro de la ciudad con sus avenidas de seis carriles y los rascacielos construidos después de la caída del Muro de Berlín y cruzar el río Vístula, uno se encuentra con otra ciudad, con el barrio de Grochów, y los burgueses de Saska Kępa, Praga Norte, Praga Sur y Szmulki, que limita con la línea férrea en dirección al este de Polonia. Para los varsovianos que viven en la otra orilla del Vístula, todo esto es Praga. Un lugar lleno de peligros y de borrachos que alberga el bazar más grande de Europa y donde se está construyendo el Estadio Nacional para la Eurocopa 2012.

“Praga siempre ha sido más acogedora y pequeña que Varsovia. Seguramente más peligrosa, pero con alma”. Lech, un joven de 27 años, vive desde que nació en la orilla derecha del Vístula y conoce los prejuicios contra su barrio natal. Asegura que vivir en la zona es práctico ya que en pocos minutos llegas al centro con el tranvía. Praga está cambiando. Los artistas se mudan allí, hay galerías, bares, teatros y el ‘Triangulo de las Bermudas’ compuesto por clubs en Listonada. Y, además, es auténtica.

Un lugar con carácter

La autenticidad es un bien escaso en Varsovia. Antes de la guerra, de la orilla derecha del Vístula brotaba vida propia. Los trenes provenientes de Rusia paraban y se hacían negocios. A finales del siglo XIX se construyeron nuevos barrios y fábricas. El 42% de los habitantes de Praga eran judíos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el centro de la ciudad fue completamente destruido. En Praga, sólo un cuarto de los edificios sucumbieron. Cuando después de la guerra la gente del campo pobló Varsovia, el barrio se convirtió en una isla en el mundo de los nuevos varsovianos. Muchas familias viven aquí desde hace varias generaciones. Los nuevos habitantes de Varsovia los llaman ‘Prażanie’ de forma irónica pero afectuosa. Se nota que son de Praga en el acento al pronunciar algunas vocales.

Praga Norte

Tras 1945, las casas antiguas ya no se ajustaban al nuevo pensamiento. “Querían que Praga quedara en ruinas”, afirma Izabella Tarwacka sobre la postura de la administración comunista hacia Praga. “Y casi lo han conseguido”. La joven trabaja para Totu, organización que forma parte de la asociación central Monopol Warszawski. La agrupación se ha propuesto revitalizar Praga: “Queremos que se pueda vivir aquí y que la gente lo ame. Queremos que los habitantes del otro lado del Vístula y los turistas conozcan el verdadero barrio de Praga”. Totu forma a los guías de Praga. De los diez a doce millones de turistas anuales que visitan Varsovia, sólo el 1% se atreve a cruzar el río.

Arte, diseño, inversión

El futuro llegó a Praga cuando Roman Polanski estaba buscando escenarios para El pianista. Buscaba casas viejas, calles viejas; en definitiva, buscaba la vieja Varsovia. La película se rodó en el año 2002. En la actualidad han aparecido de la nada galerías, tiendas de diseño y bares. Cada año hay más fiestas callejeras. A la primera Noc Pragi ('Noche de Praga'), el 12 de junio, acudieron unas 30.000 personas a pesar de la tormenta. Participaron 52 bares, clubs y galerías. La Fabryka Trzciny, en la calle Otwocka, fue la pionera: El compositor de Varsovia Wojciech Trzcinski convirtió en 2003 la factoría en un centro cultural con un teatro, bares, una sala de conciertos y un cabaré.

Janusz Owsiany es una de las personas que lleva a Praga en el corazón. El simpático sexagenario dirige la asociación Monopol Warszawski. Antes trabajaba en la fábrica estatal de vodka Koneser. Después de la Caída del Muro todo fue cuesta abajo. Sin embargo Owsiany tuvo una visión: “Estaba de visita en el Centro de Cultura Kulturbrauerei Prenzlauer Berg, en Berlín, y pensé que nosotros podríamos tener también algo así”. En la actualidad Koneser alberga un teatro, un cine, salas de exposiciones, un anticuario y el restaurante Miodła. Hace cuatro años los inversores Juvenes y BBI Development compraron el terreno. Debido a la crisis financiera se ha paralizado la construcción de estudios luminosos y de galerías de arte. Seguro que no va a tardar mucho hasta que Koneser se parezca a las fotos de las revistas.

A la derecha, el restaurante Miodła

“Evolución en lugar de revolución”

El abandono al que el barrio ha sido sometido durante años ha dejado huella. En Praga se ve mucha cerveza y vodka, muchos niños desamparados y muchas caras afligidas. Los patios interiores son tan románticos porque están tan desmoronados. “Es un barrio difícil, sobre todo por el alcoholismo y el paro”, asegura Marta Zawiła-Piłat, de la administración del barrio. “Pero son sus habitantes los que hacen tan especial a Praga. Tenemos que incluirlos. Lo que queremos es evolución y no revolución”. Tampoco Izabella Tarwacka quiere saber nada de gentrificación. Los guías que Totu forma son de Praga, entre ellos hay estudiantes y artistas y personas que viven en la zona desde hace mucho. “Hemos hecho buenas experiencias con las personas de aquí. Ellos quieren y deben quedarse aquí, porque es su barrio".

En cualquier caso, en Praga se puede estar de fiesta incluso hasta que salga el sol. Trasnochadores cansados se tienden en colchones en el patio de la vieja fábrica de vodka. En este mismo lugar dentro de poco habrá una terraza con césped artificial. La mascota del restaurante Miodła, un conejo de color marrón claro, da brincos por ahí. El viejo Pete Seeger y la voz de Natalie Merchants que suenan en los altavoces a estas horas de la mañana ya lo había entendido todo. “Which side are you on, boys?” (‘¿De qué lado estáis, chicos?’).

Gracias a Marysia Amribd

Fotos: Pan Gum ©Mila Szołkowska; ©Ezequiel Scagnetti/ ezequiel-scagnetti.com