A la vieja Europa no se le levanta

Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2003
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Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2003

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A la hora de la fertilidad solo hay una conclusión: Mientras América la mantiene arriba a Europa se le baja.

¿Problemas de tamaño? En cualquier área de la vida cotidiana puede que no. Pero cuando hablamos de geopolítica, siempre es un rotundo SÍ. Por supuesto, la influencia relativa del Estado va a depender de muchos otros factores. Renta per capita, claro, es el más obvio, las alianzas y el poder militar es otro. Siempre habrá estados como Israel, que están en una categoría superior a la de su peso, e India, que (por ahora) está KO. Pero a la larga, el tamaño importa y por esa razón el potencial de Europa como superpoder del futuro parece incierto.

Divide y Vencerás

En 1950, Europa Occidental tenía exactamente el doble de población que los Estados Unidos, con 304 millones de personas frente a los 152 millones de estadounidenses. Así que a pesar de que la los europeos tenían solo la mitad de renta per capita que sus socios Atlánticos, se podía contentar, como mínimo, con tener el mismo peso, económicamente hablando.

De todas formas, si la tendencia continúa, la situación se dará completamente la vuelta. La población europea para 2050 será de 360 millones y en descenso, mientras que la de América será de 550 millones y creciendo. Pensemos ahora cuales serán las consecuencias.

América, con unos ingresos medios superiores por lo menos en un tercio a los de la Unión Europea y casi el doble de población, habrá prácticamente triplicado el PIB europeo "enanizándola" económicamente. Europa, incluso unida, no será de mayor importancia para los EEUU que Japón, un bloque económico de tamaño medio con un impacto militar marginal. Con una América aún joven y viril, Europa se habrá convertido en un viejo impotente, apesadumbrado por una población cada vez más mayor. Bill Frey, demógrafo de la Universidad de Michigan, estima que la edad media americana en 2050 será de 36.2 años mientras que en Europa será de 52,7. Así que no solo será más pequeña, sino que la cuenta del sistema de pensiones será insostenible al tener pocos trabajadores que la mantengan.

De hecho, esto puede muy bien provocar un realineamiento geopolítico importante. En el siglo XX el peso económico del mundo estaba en el Océano Atlántico, entre Nueva York, Londres y París, en el siglo XXI es probable que se desplace al Pacífico, desde Shanghai a Tokio y Los Angeles. Mientras las nuevas economías del tigre, con Japón, California, Australia y, por supuesto, China resurgen, Europa quedará sola como una península distante al otro lado del globo, un lugar de museos, iglesias y castillos. Con las observaciones de Rumsfeld sobre la "vieja Europa" y el reciente tour de Bush por la cuenca pacífica, está claro que los EE.UU. también lo ha pensado.

Es solo una proyección, por supuesto. Pero la población actual y las tendencias económicas hacen creer que será una realidad. Después de décadas de languidez, los índices de fertilidad aumentaron al 2.1 en los 90, mientras que Europa ha experimentado un retroceso (actualmente por debajo del 1.4), por debajo del índice necesario para la sustitución generacional. Los índices americanos de inmigración, entre 11 y 20 millones de nuevos inmigrantes en la última década (a diferencia de la "fortaleza europea" que cierra sus fronteras), el crecimiento económico y los pronósticos arriba expuestos se unen a esta lógica.

¿Sin Pensión?

La primera baja de esta tendencia demográfica europea será el sistema de pensiones. A pesar de que en principio Europa puede sostener su sistema de "listo para llevar", mediante el incremento de los impuestos en el contexto del mercado único y de la globalización, el coste económico a largo plazo será alto. En Alemania, por ejemplo, donde el sistema de pensiones absorbe el 20% de la recaudación, las compañías simplemente han dejado de hacer inversiones domésticas. Solamente en la última década, del 20 al 30% de la inversión alemana se ha producido en países del este, y en la década de los 90 los flujos de capital a EE.UU. se han duplicado. El resultado es de desempleo en Alemania y de crecimiento estancado. Este problema empeorará sin duda si la liberalización de los mercados continúa y el envejecimiento de la población de Europa Occidental crece.

Por esta razón debemos abstenernos del Schadenfreude cuando hablemos del déficit presupuestario de los EE.UU. Significa sugerir que el déficit de América no va a hacer más que engrosar hasta limites insostenible, mientras que Europa con su prudencia fiscal (asegurada por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento), emergerá acreedora. A corto plazo, 5-10 años, es posible que sea así. Pero a largo plazo, el coste de la financiación del sistema de pensiones actuará inevitablemente como factor que llevará a Europa de vuelta a la deuda. Así se estima que en 2050 la deuda gubernamental será del 150% de los ingresos nacionales en el conjunto de la UE y del 250% en Alemania y Francia. Los EE.UU., mientras tanto, pasarán con una deuda de menos del 100% de su PIB. La deuda crece en ambas orillas del Atlántico, pero será mucho peor en Europa.

¿Continúa el declive europeo?

Lo único que nos puede animar es que las estadísticas a largo plazo, al cabo de las décadas, se descubren inciertas. Es posible, por ejemplo, que la baja tasa de fertilidad europea sea solo un bache, producido por el retraso hasta los treinta de la edad para que las mujeres tengan hijos, en cuyo caso estos índices subirán en la próxima década. Europa podría también aproximarse de forma más pragmática al tema de la inmigración, el crecimiento de la población americana durante la Guerra Fría se produjo sobre todo gracias a la inmigración mejicana y no hay razón para pensar que en Europa no pase lo mismo con Rusos, Turcos y Árabes.

Pero una de las razones por las que los pronósticos a largo plazo son inciertos es que la gente reacciona después de dichos pronósticos. Ya sabemos suficiente acerca del futuro que le espera a Europa en los próximos 50 años, la verdadera pregunta es si la élite europea es suficientemente responsable y si los pueblos de Europa están preparados para el cambio. Con la agenda alemana para el 2010 y las reformas en Francia e Italia, hay señales de cambio. Pero con un crecimiento diminuto y una historia de prosperidad relativa, Europa aún está por tocar fondo, y solo en ese fondo la opinión pública se puede adecuar al consenso. Parece que la vieja Europa tendrá que ser aún más vieja para llevar a cabo un renacimiento.