A las empresas emergentes en Budapest, con cariño

Artículo publicado el 28 de Octubre de 2015
Artículo publicado el 28 de Octubre de 2015

En los noventa, el empresario en Budapest era esa persona sospechosa que iba siempre con un maletín en el maletero de su Mercedes negro, alguien que sacaba sus negocios adelante sólo porque conocía a “las personas adecuadas”. Sin embargo, este término ha adquirido hoy un nuevo significado, gracias a los muchos jóvenes que, viviendo y trabajando en Budapest, se hacen llamar empresarios.

Hay que elegir una forma de vida. Elegir no tener un empleo. Elegir ser co-fundador, director, diseñador, director de ventas, agente de atención al cliente o todo esto al mismo tiempo. No hay que elegir tener familia y amigos, al menos durante los próximos años. Elegir madrugar y llegar tarde a casa, comer alimentos precocinados y tener un despacho en una oficina ecológica. Elegir carteles que te motiven, una bicicleta de piñón fijo y una taza de café que lleve escrito: "Haz lo que te guste". 

Elige hablar de marketing, autofinanciación, colaboración y capital de riesgo en cada una de las fiestas a las que asistas. Elige asistir a viveros empresariales en vez de a fiestas. Elige a un inversor. Elige el riesgo. Elige la aplicación idónea para medir tus niveles de estrés... 

Elige no tener una profesión específica sino algo muy diferente: Una empresa emergente.

¿Cómo es posible que alguien decida elegir algo así? Con el objetivo de encontrar respuestas a esta pregunta, nos hemos reunido con Bakó Zsolt, co-fundador de Colabs, un espacio destinado al cotrabajo que reúne a cerca de 120 personas que trabajan para más de una docena de empresas emergentes en Budapest.

"Estudié economía, pero pronto me di cuenta de que no era lo mío. Yo quería hacer algo nuevo, algo 'guay'; así que dejé la economía, sin siquiera esperar a recibir la titulación y durante algún tiempo me inscribí en todo tipo de cursos universitarios, pero realmente se puede decir que no estaba haciendo nada. Al llevar una vida de estudiante me tuve que ajustar a un presupuesto muy reducido, porque vivía aún en una residencia universitaria. Pero así pude experimentar cosas nuevas". 

En 2008 Bakó estuvo seis semanas en Estados Unidos para conocer San Diego y Nueva York. Fue allí donde descubrió a las empresas emergentes y lo que era trabajar en oficinas abiertas. "La agitación, el ritmo frenético con el que ocurría todo y el hecho de que la gente tuviera una mentalidad tan abierta hizo que cambiara mi forma de ver las cosas". A su regreso en Budapest, Bakó creó una red social de bricolaje y organizó encuentros con personas que trabajaban en este sector. En uno de esos encuentros conoció a sus socios, con los que luego fundó Colabs. 

"Anunciamos que queríamos alquilar un apartamento y calculamos que si podíamos reunir a un grupo de personas suficiente, la cuota que cada miembro tendría que pagar sería mucho menor y además podríamos trabajar todos juntos y aprender los unos de los otros. Logramos reunir a 15 personas y alquilamos un apartamento de 120 metros cuadrados. Ahora que ya han pasado varios años, tenemos lista de espera para unirse a Colabs y estoy buscando un edificio de 6.000 metros cuadrados que pueda albergar nuestra tercera oficina". 

Una de las razones por las que Colabs ha logrado tener éxito es el hecho de que durante los últimos años varias empresas emergentes húngaras, como Ustream, Prezi y LogMeIn, han logrado abrirse camino con productos muy atractivos que han triunfado en el mercado internacional y han captado la atención de los inversores extranjeros. En la actualidad, el panorama de las empresas emergentes en Budapest es de los más favorables de Europa, a la par con el de Berlín y Londres

David Ottlik y su empresa emergente, Sinetiq, desarrolla un software que emplea el neuromarketing para analizar y comprender cómo se sienten las personas cuando ven un anuncio publicitario, un espectáculo televisivo o una película. La compañía está ubicada en el segundo edificio de Colabs, una edificación del siglo XIX construida con ladrillos rojos en pleno centro de Budapest, a tan solo unos metros del Danubio. El edificio es en realidad un colegio en pleno funcionamiento, las dos plantas superiores son las que se han habilitado para acoger las oficinas de las empresas emergentes. Carteles en rosa y amarillo nos recuerdan que "ahora es el momento de emprender". Cuando se escucha la campana del colegio, los niños, con uniformes de color blanco y negro, salen dando voces por los pasillos.  

David se enganchó a la neurotecnología cuando estudiaba arquitectura en París. Un día asistió a un taller sobre neuromarketing y en pocos minutos se convenció de que ese era el campo en el que le gustaría trabajar. A pesar de tener una beca asegurada para cursar un máster de arquitectura en Barcelona, para lo que ya había reservado los billetes de avión y el alojamiento, mandó todo a tomar viento y ahora está constituyendo su cuarta empresa. "¡La mejor forma de aprender sobre empresas emergentes es crear una! Por eso he estado creando empresas desde que tenía 14 años", nos dice David. 

Orsolya Forster, gerente de proyectos en Kitchen Budapest, también se encarga de crear empresas desde cero. Kitchen Budapest, o KIBU por su abreviatura, es un vivero empresarial fundado en el 2007 y patrocinado en su totalidad por la empresa húngara Telecom. Aquí fue dónde surgió la empresa emergente más popular de Hungría, Prezi, que ofrece un programa de presentaciones que utiliza, en la actualidad, casi 60 millones de usuarios en todo el mundo. Cada año, Orsolya debe seleccionar a varias empresas emergentes con posibilidades de futuro que, gracias a este programa, recibirán la nada despreciable suma de 20.000 euros para su financiación, además de una oficina ubicada en el área de cotrabajo de KIBU, la asistencia de un asesor y seis meses para desarrollar su idea en un negocio que ya esté funcionando. 

"Tienes que atraer la atención de los demás —dice Orsolya cuando le preguntamos sobre la característica fundamental que hay que tener para crear una empresa emergente de éxito—, también es muy importante estar dispuesto a sacrificar tu vida personal, tu dinero, tus relaciones. Conozco a muchos que ahora les va muy bien, pero antes de alcanzar el éxito trabajaban sin parar, 24 horas, 7 días a la semana. ¿Te imaginas no poder ver a tus amigos durante medio año por estar ocupado constituyendo una sociedad o creando una estrategia empresarial?".

Pero los medios de comunicación suelen mostrar sólo una cara de la moneda y  constantemente aparecen historias de adolescentes de 19 años que crean el nuevo Facebook o el nuevo Airbnb y se convierten en millonarios de la noche a la mañana. Sin embargo, esto es, según Bakó de Colabs, solo la punta del iceberg. Cada año, él se encuentra con el otro 99% que fracasa, pero nadie nos lo quiere contar porque este tipo de historias no interesan. "Todos quieren crear el próximo Google, pero en realidad sólo un número limitado de empresas puede llegar a crecer tanto. Y esto no tiene por qué ser algo malo, incluso si no llegas a facturar millones, puedes construir tu propio negocio, reunir un equipo y hacer algo que sea significativo para ti". 

Tal y como hace Abe Khan, un arquitecto informático de origen canadiense, que ha estado viviendo en Budapest durante los últimos 10 años. Él es el creador de works.io: El portafolio del artista en línea. Se le ocurrió la idea cuando estaba creando una página web para su esposa que es artista. Ella necesitaba subir sus nuevas obras a la web constantemente y Abe, que tenía que expandir el código para hacerlo, decidió crear un espacio en el que esto se pudiera hacer de una forma sencilla y rápida. Aunque Abe concibió su web como el LinkdIn de los artistas, él no cree que su empresa emergente sea una historia más de éxito empresarial o una forma más de llegar a fin de mes: "Mi empresa emergente me hace sentir pleno. Me hace sentir que formo parte de algo valioso. Con mi trabajo estoy ayudando a artistas, no estoy produciendo basura comercial".

No importa el campo en el que se desarrolle una empresa emergente, hay siempre algo que todos estos jóvenes empresarios tienen en común, y es que todos ellos creen en sus ideas y desean compartirlas con los demás. Creen en sí mismos y en sus equipos, y consideran que los errores y fracasos son parte del juego. Sí, ellos colaboran, se autofinancian y forman parte del bombo publicitario que a muchos molesta por su léxico rimbombante y sus eventos de moda, pero en realidad están haciendo algo mucho más importante. "La situación en nuestro sector es igual que en cualquier otro —resume Orsolya— hay personas que hablan de empresas emergentes, y otras que crean empresas emergentes. Nosotros estamos en el segundo grupo". 

-------

Este reportaje es parte del proyecto EUtoo en Budapest, una iniciativa que quiere poner voz a la juventud desencantada. Financiado por la Comisión Europea.