¡A por una segunda mano!

Artículo publicado el 26 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 26 de Febrero de 2010
En tiempos de crisis, imaginación e ingenio al poder. Comprar ropa de segunda mano es una buena forma de ahorrar, pero también de distinguirse ante los demás.

No cabe duda de que la industria de la moda es uno de los sectores económicos más afectados por esta última crisis. La seriedad del problema se percibe en ejemplos concretos: quiebran casas de moda de larga tradición (Escada, Christian Lacroix, Burani) y los diseñadores hacen de todo para seguir a flote, creando colecciones para cadenas de tiendas conocidas (el último caso es la colección de Sonia Rykiel para H&M). Este revuelo en el mercado ha obligado a los consumidores medios a buscar nuevas alternativas para abastecer su ropero. Es muy probable que las personas a la moda hayan hecho suyo el consejo de Jean-Paul Gaultier, que declaró el pasado mes de julio: "La crisis representa el momento en el que se tiene que buscar nuevas estrategias de creación, nuevas soluciones y poner en tela de juicio incluso las suposiciones más arraigadas”. A esto hay que añadirle la necesidad actual de apretarse el cinturón. Así pues, resulta más fácil renunciar a la última blusa para salir de fiesta que al pan de cada día y aún más si se piensa que la prenda se puede recuperar sin problemas en alguna tienda de ropa usada o en un baratillo.

El escondite

la meca de los mercadillos“De acuerdo, puede que esta blusa sea tan vieja como yo, pero ¿qué problema hay?” pregunta retóricamente Annette, una veinteañera. Me cruzo con ella un domingo por la mañana en la Place du Jeu de Balle de Bruselas, la meca de los empedernidos de la ropa que cuesta un poco más barata. Annette hurga en una montaña de vestidos tirados sin delicadezas alguna en el suelo. La llovizna no le ha impedido realizar su cacería semanal en busca de ropa. “Siempre trato de que la situación no se me escape de las manos. Sé que en alguna parte me espera un auténtico tesoro de moda, sólo tengo que encontrarlo”. “No es para nada fácil. Hace falta saber lo que se está buscando” afirma Sophie, otra cazadora de ropa de ocasión y "adicta a la moda", tal y como se define ella misma. Entre los mayores tesoros obtenidos con poco dinero, figura un vestido de Barbare Hulanicki de los años sesenta ("probablemente el vendedor no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba vendiendo") y un bolso de cuero casi nuevo "que me recuerda la juventud de mi abuela". El sueño de Sophie es fundar una e-shop con vestidos de segunda mano. “Así me podría deshacer de todas esas prendas de ropa que tengo en mi armario –dice riéndose–, aunque reconozco que me costaría más de lo que parece" sigue contando más seria. 

“Esta blusa es tan vieja como yo. ¿Y qué?”

Un vendedor de la plaza confirma las palabras de Sophie. "Hoy en día la competencia está más fuerte que nunca. Al mercado llegan muchísimos vendedores temporales, que ofrecen a menudo prendas de vestir visiblemente usadas. En ocasiones contadas se consigue hacer un buen negocio”. Lo mismo ocurre con los compradores, tanto con los clientes ocasionales como con los compradores empedernidos.

El comerciante de segunda mano que está en el barrio Molenbeek-Saint-Jean de Bruselas cuenta que los compradores empedernidos buscan vestidos de calidad y que están dispuestos a pagar un poco más si fuera necesario. "Pero también hay clientes que sólo miran el precio y para los que la calidad es un factor secundario", añade. Miro a mi alrededor en la tienda y, efectivamente, veo tanto a personas inesperadas, a las cuales nunca habría pensado encontrarme en una tienda de ropa de segunda mano, como a gente para la que este tipo de compra es probablemente una necesidad. A mi lado veo una señora un poco mayor con una pila de ropa usada que empieza a regatear el precio en el mostrador.

do wyboru do koloruAhora nos encontramos en la tienda de la organización caritativa Les Petits Rien. La muchedumbre es tal, que resulta casi imposible abrirse camino entre la gente para conseguir una cesta o una percha con ropa. La cola para pagar da prácticamente la vuelta a la tienda y ni siquiera una hoja en la que se prohíbe regatear disuade a los clientes potenciales de hacerlo. “Suelo pasar por aquí. Los precios son razonables e incluso si a mi hijo o a mi nieto no les gusta algo de lo que les compro, no pierdo mucho dinero", cuenta una señora de unos cincuenta años, arreglada, que se dirige hacia la cola con un par de camisas. “También he notado que hay cada vez más personas que se dedican a vender. Me consuelo pensando que en el peor de los casos, yo también podré hacer lo mismo”.

¿La popularidad de las prendas de segunda mano se afianzó con el inicio de la crisis económica? No hay una respuesta única a esta pregunta. Tal como declara el vendedor de Molenbeek-Saint-Jean, existe un grupo de clientes fijos que viene con regularidad, sin tener en cuenta la coyuntura actual. Sin embargo, es cierto que las caras nuevas han ido aumentando durante los últimos meses. Sylvie, con la que me he cruzado en la Place du Jeu de Balle mientras compraba un vestido, admite que últimamente le está resultando más difícil encontrar buenas gangas. Annette, que perdió su puesto de trabajo por culpa de la crisis y que tuvo que contentarse con unas prácticas poco lucrativas, reconoce que últimamente gasta menos dinero en los baratillos.

Consejos de los ciudadanos de Bruselas para comprar ropa de ocasión:

TIEMPO: Toma el necesario para hurgar en las cajas de cartón. Con las prisas resulta muy fácil perder de vista una ganga.EXPERIMENTA: No tengas miedo de combinar ropa de segunda mano con la nueva. Puedes sacarle mucho partido a tu look.

ARRIÉSGATE: A veces es mejor arriesgarse y comprar algo que no te convence completamente. Puede que al cabo de una semana te cruces con una camisa que le dé personalidad a los pantalones que te habías comprado sin mucha convicción.

RETOQUES: Merece la pena tener una máquina de coser en casa o un conocido que sea sastre. Incluso un auténtico tesoro puede necesitar a veces un par de retoques.

La autora da las gracias a la redacción local de Cafebabel en Bruselas por toda la ayuda aportada para la redacción de este artículo.

Fotos:©Grégory!Picasa;©lewishamdream/Flickr