A Praga se le atraganta el futuro

Artículo publicado el 19 de Julio de 2007
Artículo publicado el 19 de Julio de 2007
La osadía arquitectónica de la nueva Biblioteca Nacional en Praga desata un intenso debate.

Para algunos es una gigantesca máquina futurista. Otros lo ven más bien como un animal marino, sinuoso y coronado por un caparazón de colores vivísimos. Jan Kaplicky, su autor, prefiere llamar al polémico proyecto de nueva Biblioteca Nacional checa “el ojo sobre Praga”, y lo defiende como el “antídoto contra el conservadurismo que impregna la arquitectura de su país”.

“Las autoridades, a veces, no tratan con respeto nada posterior a 1900. Están preocupadas por una pequeña cornisa de un apartamento cualquiera de los que hay millones aquí, en Budapest, en Viena y Dios sabe dónde más”, declaraba hace poco, indignado, a Radio Praga. Durante la misma entrevista, remató: “Tienen la obsesión de ser checos”.

Una posible victoria pírrica

Jan Kaplicky se exilió a Londres en 1968, con la entrada de los tanques soviéticos en Praga y ante “la imposibilidad de exhibir, diseñar o hacer cualquier otra cosa” bajo el régimen comunista. Ahora, es una especie de hijo pródigo en su país. Tras ganarse una importante reputación internacional, su maqueta de Biblioteca Nacional, que debería hacerse realidad en 2011, se impuso en marzo de 2007 en un cotizado concurso a las de otros 355 autores venidos de medio mundo.

Sin embargo, personalidades de relieve, como el director de la Galería Nacional checa, Milan Knížák, ya han mostrado su disconformidad con el proyecto y muchos ciudadanos tampoco se han rendido ante la espectacular silueta futurista de la biblioteca, hasta el punto de dudar sobre si se acabará construyendo.

El proyecto ganador prevé introducir innovaciones sorprendentes, como un moderno sistema automatizado de entrega de los 350.000 volúmenes que permitirá consultar. Los libros se encontrarán ocultos en un depósito subterráneo y un elevador central los llevará, en no más de cinco minutos, hasta las manos de aquellos que los soliciten. La mayor parte de los 50 metros de altura de la biblioteca ofrecerán un aspecto espacioso que, según Kaplicky, invitará no sólo a leer sino también a escoger la biblioteca como punto de encuentro.

Un edificio espectacular pero poco funcional

Al consultar a Ondrej Zemanek, arquitecto del despacho de Vlado Milunic, el autor del célebre edificio praguense Dancing House sobre el proyecto, el entrevistado sonríe y respira hondo: “Todo el mundo me hace esta pregunta. El proyecto no me gusta, pero esto no es un argumento como arquitecto”. Este joven formado en la Universidad Bauhaus de Weimar habla entre decenas de maquetas ultramodernas posadas sobre mesas, colgadas de las paredes y hasta clavadas en el techo. No parece asustado por los colores y las formas del proyecto de Kaplicky.

Con la creación de la ondulante Dancing House, el jefe de Zemanek, que también participó en el concurso de la Biblioteca Nacional, inauguró una revolución arquitectónica en su país. El edificio de dos cuerpos, que recuerda a una pareja de bailarines, parece moverse con sensualidad a orillas del río Moldava. Zemanek cuenta que “la primera vez que Milunic fue a la fábrica a pedir las piezas de la Dancing House, le echaron de malas maneras”, pues no sabían cómo producirlas.

Sobre el proyecto de Biblioteca Nacional checa, que será tres veces más alto que los edificios a su alrededor, el discípulo de Milunic argumenta que no tiene suficiente “relación con su entorno”, ni se caracteriza por la funcionalidad. “No garantiza”, explica, “un buen acceso desde el transporte público y, antes de salir de casa, el lector tendrá que pensar de qué siglo es el libro que busca”, ya que una parte de los volúmenes permanecerán en el Klementinum, un espléndido ex colegio de Jesuitas donde está la biblioteca actual.

Juegos Olímpicos: ¿el revulsivo?

Con todo, Zemanek coincide con su colega Kaplicky en que Chequia es un país conservador en arquitectura. Quizá sea por la búsqueda de seguridad tras la sacudida histórica que supuso el fin del comunismo, pero Zemanek no acaba de entender el fenómeno. No le parece “lógico” que ocurra al mismo tiempo que la gente se entusiasma por todo lo nuevo: los últimos móviles, la moda...

“La arquitectura debe ir de la mano de la cultura, la sociedad y la tecnología de su tiempo”, defiende este arquitecto, que sostiene que es absurdo construir como en el pasado. A su lado, Vladka Rosolova, que trabaja como arquitecta en Pilsen, sostiene que “la gente no sabe cómo afrontar la nueva arquitectura”, porque están acostumbrados a otro paisaje.

En este sentido, el reciente lanzamiento de una candidatura para los Juegos Olímpicos de 2016 se presenta como un posible revulsivo. Zemanek y Rosolova, sin embargo, son críticos. “No creo que estemos preparados”, sostienen temiendo que las infraestructuras para el acontecimiento se hagan a la ligera y, por lo tanto, mal. “Los juegos deberían ser algo diferente, especial, típico de la República Checa: que todo el mundo pudiera recordar”. Hace falta mucho tiempo para eso, concluyen.