'A Serbian Film': Ducha de sangre para "despertar conciencias"

Artículo publicado el 1 de Marzo de 2011
Artículo publicado el 1 de Marzo de 2011
En Belgrado, la cultura y la creatividad parecen amenazadas por el conformismo y la dictadura de lo políticamente correcto. Y, para muchos, la entrada de Serbia en la Unión Europea podría incluso empeorar la situación.
Hemos hablado con el guionista Aleksandar Radivojevic, que, con su controvertida película A Serbian Film (prohibida en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián), ha creado para el público serbio la presunta metáfora perfecta de un arte indignado que quiere ser libre e independiente.

Serbia se acerca cada vez más a Europa. ¿Están los serbios contentos? No del todo. No sólo las organizaciones nacionalistas ven en el Oeste una amenaza para las tradiciones políticas y religiosas del país, también un sector artístico de vanguardia nota sus manos poco a poco más atadas. Por otra parte, en el país del mundo donde se pasa más tiempo delante de la televisión (5 horas y 39 minutos de media al día, más que en Estados Unidos), el riesgo de allanar las conciencias y estandarizar la cultura está siempre presente. Para Aleksandar Radivojevic, guionista y director de películas y de teatro alimentado del cine de David Cronenberg, Serbia necesita una buena ducha. De sangre, me gustaría añadir, ya que su película A Serbian Film es un clímax de violencia, torturas y pornografía que incluye una escena donde un personaje viola a un bebé nada más sacarlo del vientre materno. Cuando me reúno con él en su casa de Belgrado, desorientado por su aspecto, su sonrisa ambigua y su voz llena de confianza, me llama la atención un punto de vista tan original como extremo.

(cc) lucbyhet/flickr"Para los extranjeros, aquí todo es bonito", dice Aleksandar pasándome un vaso de cerveza y ofreciéndome un cigarrillo. “Aquí bebemos, fumamos en todas partes… Nos sentimos más libres”. Voilà, le digo. “Pero cuando vivimos aquí… Todo cambia. En el nivel artístico y creativo, todo está ahogado, anestesiado, todo es aséptico. La furia y la violencia contenidas en nuestra película nacen de la necesidad de decirle al pueblo serbio: ‘¡Despierta!’. Desgraciadamente, para trabajar aquí necesitamos el dinero o del Gobierno o de los fondos europeos, pero ellos sólo se lo dan a los autodenominados ‘artistas’ para que hagan lo que esperan el público mayoritario y la crítica, es decir comedias románticas ligeras o melodramas vestidos de pena y huérfanos que lloran. A Serbian Film es también una metáfora de esas películas que son, estas sí, pornográficas, o que prostituyen nuestras desgracias”.

Esclavos de lo políticamente correcto

La película, presentada en Cannes y totalmente independiente, ha generado polémica en todas partes, sobre todo en Serbia, donde no encontramos a nadie que la critique sin utilizar el término “asquerosa”, y donde el Gobierno también ha intentado censurarla. “Los políticos no quieren ver aquello que les pueda molestar. Lo que les interesa es dar una imagen hermosa y feliz del país. Sólo les importa mantener su puesto y su popularidad a los ojos de lo peor de la sociedad”. ¿Y la cultura? “Es la última de las prioridades”, me responde irritado. Así que los jóvenes y su creatividad pagan el precio... “Somos esclavos de lo políticamente correcto, algo que también es una forma de violencia, de sumisión: promover la libertad pero frenando a quienes quieren hacer algo diferente y visto con malos ojos por el establishment. Con el acercamiento a Europa, las películas se uniformizan, la creatividad se ahoga, todo se vuelve hipócrita. Aquí quieren gente que apoye el sistema, y gente sin talento”.

"Los jóvenes serbios son abortos vivientes"

Tú echas a perder mi futuro y miras para otro lado; y yo como respuesta te intento molestar, ¿es eso? “Los jóvenes que provocan jaleo en las calles y en los estadios han crecido en el infierno de la guerra sin que nadie se preocupase de ellos”, explica Aleksandar. “Están deprimidos, insatisfechos y reprimidos. La mayor parte de ellos son analfabetos, en el sentido de que no saben leer ni escribir, ¿entiendes? Y aquellos y aquellas que no son analfabetos están muy mal pagados: los profesores, por ejemplo; deberían tener el deber de suscitar pasiones entre los jóvenes, pero no lo hacen, porque tienen sus propios problemas que resolver. Los jóvenes serbios son abortos vivientes. Son los primeros que saben que sus padres habrían abortado si hubiesen tenido medios financieros”. Y, en todo esto, ¿hay luz al final del túnel? “Es difícil ser optimista”, concluye Aleksandar. “Al último hombre que tenía ciertos valores lo matamos”.

Foto: Portada, pantallazo del trailer/Youtube;  Aleksandar Radivojevic, (cc) lucbyhet/flickr; vídeo: youtube