A toda caña

Artículo publicado el 11 de Enero de 2008
Revista publicada
Artículo publicado el 11 de Enero de 2008

Agua, malta de cebada, lúpulo, levadura, y ya está todo. La cerveza está entre las bebidas más extendidas en Europa. A la cabeza de los países con mayor consumo se encuentra la República Checa, con más de 160 litros per capita al año. La siguen Alemania y Austria que, para saciar su sed, se “contentan” con unos 115 litros cada uno.

"¿Sabías que Franz se cayó hace un mes en una enorme cuba de cerveza?

- ¡No me digas, qué muerte más horrible!

- No creas, salió tres veces a mear."

(Ilustración: Antoine Heully)

Ya la mencionaba el Código Hammurabi

Los europeos no somos, claro está, los únicos que la apreciamos, visto que en el pasado sumerios y antiguos egipcios nos precedieron. Al parecer, en Babilonia se podia elegir entre veinte tipos distintos de cerveza. Por si fuera poco, el Código Hammurabi (1728-1686 a.C.) condenaba a muerte a quien no respetara los criterios de fabricación indicados y a quien la vendiera sin autorización. También los romanos eran, con seguridad, consumidores de cerveza. No es casualidad que la etimología más citada de la palabra italiana para cerveza, birra, venga del verbo latino bibere ("beber"). A su vez, éste provendría de la raíz indo-europea pi(b) ("beber"), con la que se pueden relacionar también piwo y pivo en lenguas eslavas. La cerveza, por tanto, sería la bebida por excelencia. Asimismo, hay quien sostiene que su origen está en el germánico beor, hoy convertido en brauen ("fermentar"). La búsqueda etimológica no acaba aquí: podría derivar también del sajón bere ("cebada").

Sin embargo, es en la Edad Media cuando la cerveza cobra protagonismo, sobre todo gracias a los monjes. La introducción del lúpulo permite un decisivo salto de calidad en ese periodo. Hasta ese momento, para aromatizarla se utilizaban bayas, especias y cortezas.

HAZLA TÚ MISMO

Sin embargo, la última novedad es el home-brewing, la cerveza hecha en casa. Quien quiera intentar la autoproducción puede comprar un kit de fermentación, extractos de malta ya preparados, levadura y lúpulo. Basta con añadir agua caliente y azúcar a la mezcla, hervir durante sólo cinco minutos y, una vez frío, agregar la levadura. Tras la fermentación, el embotellamiento y 30 días de maduración, ya está lista. ¡Salud!