Abajo el eje oscurantista de las 3 B

Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Europa no puede oir la voz de Luca Coscioni. Su Esclerosis lateral atrófica, una enfermedad hoy en día incurable, le impide moverse y hablar con su propia voz.

Sin embargo Coscioni, Presidente de los Radicales Italianos, se hace oír con sus escritos, sus luchas civiles, su sintetizador vocal, sobre por qué la Unión Europea, además de permitir la libre circulación del sufrimiento, decide si consentir o no investigaciones que puedan salvar su vida y aquella de millones de enfermos.

Todas las oportunidades de la clonación terapéutica

Hoy en día, la situación está anclada. Gracias al rápido progreso de la investigación científica, y en particular a los alentadores resultados de las experimentaciones sobre células embrionarias humanas, existen esperanzas concretas que pueden desembarcar en el descubrimiento de cuidados para la diabetes, enfermedades cardiovasculares, el morbo del parkinson, alzheimer, esclerosis múltiple, distrofia y muchas otras enfermedades que asolan a centenares de millones de seres humanos en todo el mundo. Sin embargo, la Unión Europea, que controla la trazabilidad del ganado sobre todo el continente, que controla la inclinación de los plátanos y la de los clavos del clavel, no tiene una postura o una política común sobre la clonación terapéutica y sobre la regla que funda la libertad de la investigación científica.

En Bruselas (y en la ONU) Europa está quebrada

Frente a la cuestión de la clonación terapéutica, la cual podría mejorar las condiciones y existencia de decenas de millones de enfermos en Europa, la Unión Europea no existe. De la Convención de Oviedo del Consejo Europeo sobre la biomedicina, el asunto no es más que una respuesta a decisiones estatales particulares. De este modo, en algunos países la voz de Luca Coscioni es oída (Inglaterra ha autorizado recientemente la clonación terapéutica) y en otros (Italia) se barajan legislaciones prohibicionistas como la ley 40 que ha suscitado una oleada de reacciones por parte del mundo científico y de una serie de referendos derogativos apoyados por millones de ciudadanos.

Cuando el 6º programa marco sobre la investigación científica en Europa ha sido sometido a la atención del Consejo de la UE en el curso de la presidencia de turno italiana, el desencuentro entre partidarios y adversarios de la clonación con fines terapéuticas ha congelado 17,5 miles de millones de euros de las arcas de la Comisión destinados a la investigación. Sólo una propuesta de compromiso de la Comisión para la Investigación Científica ha permitido desbloquear los fondos para aquellos países en los que la investigación ha sido consentida por sus legislaciones nacionales. Incrementado de este modo los "viajes de esperanza" de los enfermos entre países en los que alguna terapia y alguna investigación sean consentidas y aquellos en los que científicos han arriesgado años de prisión por la investigación celular.

El arma de los referendos

La ruptura se ha repetido en la ONU. Al igual que en la guerra de Iraq, Europa se ha dividido en lo referente a la cuestión de la clonación terapéutica y a la libertad científica y de conciencia. Por un lado nos hallamos con la propuesta del Vaticano y de los Estados Unidos, apoyada por la Italia de Buttiglioni, por Portugal, Polonia, Austria e Irlanda, con la prohibición generalizada de las clonaciones terapéuticas. Por otro lado, la postura belga y del resto de países europeos, junto a Turquía que veta la clonación con fines reproductivos.

Hay una sola vía para permitir que Europa se exprese con una sola voz contra los credos clericales: la campaña por el referendo contra la "Ley 40" en Italia y el fracaso del eje clerical Barroso-Buttiglione-Berlusconi en el Parlamento Europeo precisamente sobre temas referentes a la laicidad de las instituciones europeas. Frente a la opacidad de la diplomacia a puerta cerrada -favorecedora de las infiltraciones del antilaicismo en muchas instituciones-, la democracia, también en forma de referendo, es la mejor cura contra el clericalismo; es el único arma para reforzar el debate, rebajar los miedos oscurantistas y devolver a Luca Coscioni junto a todos nosotros.