Aborto en Italia: Derecho frente a objeción de conciencia

Artículo publicado el 26 de Abril de 2016
Artículo publicado el 26 de Abril de 2016

En un documento publicado el pasado 11 de abril, el Consejo de Europa confirmó que las mujeres en Italia tienen dificultades sustanciales para acceder a los servicios de interrupción del embarazo, principalmente debido al gran número de casos de objeción de conciencia entre los médicos. Pero, ¿cuál es la situación en la práctica?

Hablar sobre el derecho del aborto en Italia es un tema sensible. Una de esas polémicas que nunca mueren, un asunto de discusión para poner sobre la mesa en caso de carencia de argumentos o si se siente el deseo ferviente de presenciar un duelo a muerte entre aquellos a favor y aquellos en contra.

En realidad, no habría mucho que discutir. En Italia, la Ley 194/1978 protege el derecho de cualquier mujer a abortar dentro de los primeros 90 días de embarazo, o en el plazo de los primeros 5 meses en casos particulares especificados en el texto. Esta ley garantiza también los derechos del personal sanitario: Es suficiente declararse objetor de conciencia para no tener que ejecutar prácticas médicas que irían en contra de las propias convicciones éticas. Todo parece claro, sencillo y establecido. Pero no exactamente.

La objeción de conciencia y los problemas que genera

La formulación de la misma ley restringe fuertemente su aplicación. No hay ningún límite, práctico o numérico, para la la objeción de conciencia por parte del personal sanitario. Ninguna medida especifica un modo para que el derecho al aborto y aquel de la objeción sean respetados de manera eficiente. Y esto, en los últimos 38 años, ha creado un número de objetores increíblemente elevado. Las cifras son despiadadas: Según datos publicados en 2015 por el Ministerio de Sanidad italiano (actualizado en 2013), el porcentaje promedio de ginecólogos objetores en la salud pública italiana es del 70%. Y son aún más asombrosas en el sur de Italia, con picos de 93,3% y de 90,2% en las regiones de Molise y Basilicata.

La situación, sin embargo, no se le ha escapado al Consejo de Europa. En un documento publicado el 11 de abril de 2016, se aceptó una moción introducida por el CGIL en 2013, que confirmaba las dificultades sustanciales a las que se enfrentan las mujeres actualmente en Italia para acceder al servicio de interrupción del embarazo.

"El principal problema del derecho al aborto en Italia no es la existencia de la objeción de conciencia en sí mismo, es simplemente que objetamos demasiado", comenta el doctor Emilio Arisi, ginecólogo y ex miembro del consejo directivo de SIGO (Sociedad Italiana de Ginecología y Obstetricia), entrevistado por Cafébabel. "Esto inevitablemente genera enormes problemas organizativos en la administración del personal, numéricamente pequeño en las diversas instalaciones".

Este hallazgo también se refleja en un documento publicado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo. Según la información que proveyó LAIGA (Asociación Italiana Ginecológica Libre para la Aplicación de la Ley 194), el altísimo porcentaje de objetores lograría que muchas instalaciones sanitarias no estén en condiciones de asegurar a nadie el servicio de aborto, a pesar de contar con una unidad ginecológica en funcionamiento. Y en la lista presentada por LAIGA figuran también hospitales de renombre, como el Policlínico Universitario Tor Vergata en Roma, los hospitales civiles de Brescia o el hospital San Paulo de Bari. Son numerosas las instalaciones con la presencia de un único doctor no objetor en la unidad, donde todas las interrupciones de embarazos programadas se suspenden en caso de su ausencia temporal, o se clausura completamente el servicio mismo en caso de la jubilación o la muerte del ginecólogo no objetor.

El verdadero problema es lo que no se ve

¿Las consecuencias? Listas de espera larguísimas, menor atención y tiempo disponible para las prácticas médicas y la información del caso, pero también migraciones de mujeres en provincias o regiones lindantes para abortar. Mujeres a quienes el derecho al aborto se les ha negado en el centro sanitario más cercano. Pero además, más allá de las violaciones del derecho a la salud para las mujeres, según el Consejo de Europa, también hay razones para reconocer la existencia de varios episodios de discriminación en el trabajo experimentados por el personal sanitario no objetor.

"El ministro de salud Lorenzin afirma que el derecho al aborto está garantizado en Italia… Sí, en los papeles, quizás. Pero esto sucede forzando a los doctores no objetores a practicar abortos todo el día, todos los días. Y esta no es una condición de trabajo ideal, física y psicológicamente. No es ético", dice Arisi. Lo que se crea, en cierta forma, es una profunda fractura, a nivel profesional y personal, entre los médicos objetores y los abortistas. Una especie de la división entre los ginecólogos "de la muerte", quienes debido a la objeción de conciencia de los colegas de la unidad se ven forzados a hacerse cargo de todas las solicitudes de aborto recibidas por el centro de salud en el que trabajan (lo que les impide llegar a hacer nada más), y los doctores "de la vida" que se encargan de todo lo demás.

Y eso no es todo. "Personalmente, estoy al tanto de las presiones a las que son expuestos los doctores, con el fin de que se conviertan en objetores de conciencia a cambio de una promoción en sus carreras", afirma Arisi. "Esto sucede generalmente por razones de comodidad política, particularmente en administraciones locales declaradas contra el aborto. Tener un médico jefe abortista sería, cuanto menos, incómodo".

Soluciones radicales, pero no demasiado

Pero ¿cuál sería la solución para permitir la aplicación eficaz de la Ley 194 y equilibrar el alto número de médicos objetores? Según Arisi, la solución sería "hacer concursos ad hoc, reservados para los no objetores. Aquellos que por contrato no pueden declararse objetores una vez firmado. Hoy en día, objetar es demasiado simple: Basta con una comunicación escrita al jefe de sección, sin preaviso y con efecto inmediato". Sin embargo, como acentúa el propio médico, "un concurso de este tipo no es concebible, con la normativa actual. Resultaría discriminatorio. Habría que modificar la normativa que regula las contrataciones en la salud pública, pero eso sólo lo puede hacer el Gobierno. Se pondría una mano en el corazón y una en la cartera…".

En el corazón, en la cartera y en los datos, se podría agregar. El Ministerio de Sanidad quizás tendría que leer mejor ciertas cifras antes de minimizar el problema y afirmar que el derecho del aborto está garantizado en Italia. Para evitar así generar otra historia sobre Italia. Pero el lema actual es: "No veo, no escucho y no hablo".

Aquí, por el contrario, todo el mundo habla, todos tienen algo que decir, pero nadie llega a una solución. Desafortunadamente.