abstractos inspirados en el picante

Artículo publicado el 6 de Junio de 2014
Artículo publicado el 6 de Junio de 2014

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Hola que tal antes que nada decriles que yo de vez en cuando pinto, no soy un pintor  académico ni mucho menos dibujante profesional, muchas veces digo: "Ésta será la última  vez que pinto". Pero de vez en cuando solo voy, compro un lienzo de 60 x 70  y comienza todo de nuevo. 

vi­si­tas ines­pe­ra­das

En mi mundo de per­so­na­jes su­rrea­lis­tas, de poe­tas pi­ra­tas, pin­to­res no co­no­ci­dos, es­cri­to­res sin pu­bli­ca­cio­nes, o sim­ples char­la­ta­nes de barra de bar, (yo en entre uno de ellos). Re­ci­bí, la grata vi­si­ta de un amigo, el vive en Nueva York, y bueno de­ci­dió pa­sar­se por aquí, el es de vida mo­des­ta, so­bre­vi­vien­te, vende un cua­dro come  poco, toma mucho vino tinto y des­pués ahí te vez no se sabe, en ade­lan­te que es lo que va a pasar. Él me contó que vivir así es muy in­ten­so e in­tere­san­te, y yo le digo que eso es te­rro­rí­fi­co y an­gus­tian­te, luego ríe, me dice; que yo como siem­pre pi­can­te, (justo co­me­mos una caja de fi­deos chi­nos pi­can­to­sos 2,50 Eur. en el ba­rrio de Kotti)  veo la vida trá­gi­ca. Yo re­fu­to. Le digo que el pi­can­te es si­nó­ni­mo de ale­gría, de estar vivo, des­pier­to, sa­bro­si­to, sa­bro­són pues Dar­ling- conl­cu­yo. Pero él des­pués me hizo pen­sar que yo era tal­véz de­ma­sia­do si­ba­ri­ta que me gusta estar siem­pre pi­can­ti­to y por ende sa­bro­si­to. Des­pués de unos mi­nu­tos  le en­tra­mos a  una sal­va­je dis­cu­sión acer­ca de los paí­ses donde sabe el mejor el picante...​de  India, Ma­rrue­cos, Mé­xi­co, USA,Japón, Bo­li­via etc. o por úl­ti­mo en Ber­lín. Tanto el es­ti­lo de sal­sas pi­can­tes como sus fru­tos como el ají, el chili,  las guin­di­llas y mu­chas más que se­gu­ro des­cno­no­ce­mos.

En esa ter­tu­lia sin prin­ci­pio ni fin, no cae en ar­gu­men­to al­guno,  me dice que po­dría­mos efec­ti­vi­zar esa idea en un su­por­te ar­tís­ti­co, bueno en­ton­ces voy a pin­tar cuan­do sien­to pi­can­te en las ve­nas- le digo  a lo cual él me dijo que sí que eso era una buena idea. "Lo nues­tro es hacer que la vida sea una cons­tan­te obra de arte den­tro de lo que uno pueda hacer y toda la pa­sión que pueda dar", - me dice. Paul fuma una can­ti­dad exa­ge­ra­da de­men­cial de ci­ga­rri­llos, es más fumas mien­tras come, en­ton­ces le dije ¿Paul no sería mejor que fu­ma­ras des­pués? . y él con una son­ri­sa rota re­pli­ca; es que ya casi ter­mino la caja de fi­deos...

Es así que cuan­do veo a Paul des­en­ca­de­na una quí­mi­ca ar­tís­ti­ca en el ham­bien­te. Es­pe­cial­men­te cuan­do veo sus cua­dros con abs­trac­tos fluo­res­cen­tes, se no nota ese poder ka­mi­ka­ze letal que lleva den­tro, de una vida exal­ta­da en emo­cio­nes, con­tras­tes y pa­sio­nes cons­tan­tes.  

el día a día de un ar­tis­ta

Des­pués vamos a tomar un café al Ba­teau Ivre él pide una copa de vino,yo un café con leche. Mien­tras sien­to ese su tempo tenso,  ale­gre - afir­ma que las musas están ha­cien­do un buen tra­ba­jo con él y que la sal­va­je ciu­dad de Nueva York;  por­fín le está otor­gan­do cier­to es­pa­cio para su arte. Pero en fín, me dice que en ge­ne­ral todos los lu­ga­res que el pisó en la tie­rra son sal­va­jes. Des­pués ca­lla­mos un rato, en­ton­ces irrum­pe el si­len­cio, acla­ran­do­me que en Nueva York, se está vol­vien­do a la bohe­mia, pa­ri­si­na de los 20. "La cosa esta micro Da­niel, aun­que no me creas, se ven­den cua­dros más caros por voz, que por in­ter­net, el fa­ce­book, pasó a la prehis­to­ria". La vida está en la calle loco.​La calle la madre de lo bueno y lo malo de este mundo. Bueno eso es ver­dad, Paul no tiene Fa­ce­book, no tiene móvil, y mucho menos cuen­ta con una tar­je­ta sa­ni­ta­ria, solo tiene un co­rreo elec­tró­ni­co que rara vez sino de mi­la­gro lee y siem­pre para en la calle, de cual­quier ciu­dad del mundo en la que esté. 

Paul y¿ óomo es tu vida allá, cómo es tu día a día? -uuuu ya em­pe­za­mos me dice Paul con cara de que no quie­re res­pon­der-, pasa una leve pausa y luego con­ti­nua. No te mien­to yo al menos estoy todo el día en la calle, ha­blan­do con ami­gos, o gente que no co­noz­co y luego voy a mi casa, ta­ller, donde re­cién pinto todo lo que viví ese día. En reali­dad tra­ba­jo mu­chas horas se­gui­das pero de ma­ne­ra in­ten­sa, mu­chas veces sólo a veces con al­guien de­pen­de como se da la si­tua­ción. 

el arte cap­tu­ra a veces mo­men­tos del pa­sa­do pero que vuel­ven de ma­ne­ra dis­tin­ta al ser evo­ca­dos...

¿ Y con quié­nes char­las, los eli­ges o sim­ple­men­te pasa al azar? - Pre­gun­to Eso es tra­ba­jo ex­clu­si­vo de las musas, que vue­lan a mi al­re­de­dor -con­tes­ta. Luego Paul sigue - "Pero char­lo mucho con­mi­go mismo, somos un poco como ese libro de Bo­la­ño; los de­tec­ti­ves sal­va­jes, ya lo di­ji­mos hace rato, vivir en obra de arte cien al cien, como buen ejem­plo de per­for­man­ce cons­tan­te. Sin lle­gar a lo úl­ti­mo como Dash snow, que no es mi es­ti­lo, pero por lo menos crear vidas ar­tís­ti­cas al­ter­na­ti­vas. La fuen­te de ins­pi­ra­ción, como todos, son los mo­men­tos que vivo, el arte para mí es como una con­se­cuen­cia de lo que uno vive, evoca ese pa­sa­do, que mu­chas veces vol­ve­rá pero de dis­tin­ta ma­ne­ra, en es­pes­cial des­pués de ter­mi­nar una obra y ahí están la magia y el éx­ta­sis ".       

¿ Qué pien­sas de la tec­no­lo­gía? - "Que mata to­tal­men­te la ins­pi­ra­ción,- me res­pon­de Paul enoja­do- cues­ta crear am­bien­tes, para que con el so­ni­do ri­dícu­lo del men­sa­je o lla­ma­da de un IPod o lo que fuese, cague el mejor mo­men­to de tu vida".    

Des­pués de ésta ter­tu­lia ins­pi­ra­do­ra con Paul, em­pe­cé a pin­tar una serie de cua­dros abs­trac­tos ins­pi­ra­dos en el pi­can­te, en el wa­sa­bi ese pi­can­ti­to asiá­ti­co, que sube como mar de la boca a la ca­be­za,  un poco en agra­de­ci­mien­to, a esas musas, que de en cuan­do en cuan­do no estan tan ta­ca­ñas con uno, y de cuan­do en cuan­do re­ga­lan una po­qui­ta de su mag­ná­ni­ma ins­pi­ra­ción.