¿Acaso no nos quieres, Gran Bretaña ?

Artículo publicado el 27 de Junio de 2005
Artículo publicado el 27 de Junio de 2005
Parece que desde el discurso de Churchill en Zúrich en 1946, el Reino Unido ha tomado como costumbre jugar al “ni contigo ni sin ti” con Europa.

¡Que llegan los ingleses! El 1 de julio, Gran Bretaña se hará cargo de la presidencia de turno de la Unión Europea para los siguientes seis meses. Los temores hacia este país, cuya población se opone en un 86% al tratado constitucional europeo según los sondeos, ¿tienen como base algún fundamento histórico?

Los guardianes del continente

"Dejad que Europa se levante". Con esta frase se clausuró el célebre discurso de Churchill en Zúrich en 1946. Si embargo, lejos de implicar a Inglaterra en el camino de una asociación reforzada con el resto de países europeos, el famoso primer ministro inglés recordaba su participación en la Commonwealth, pregonando un agrupamiento natural de las naciones del Oeste. La isla británica era por entonces la vencedora europea de la guerra, sintiéndose orgullosa de confirmarse como guía supremo del continente perdido del lado de los Estados Unidos. A su vez, declina la oferta francesa de unirse a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), creada en 1951 y reitera su rechazo en 1957 cuando los seis países fundadores de esta última deciden crear la Comunidad Económica Europea (CEE). Inglaterra creía por entonces que podía competir sola con su modelo económico librecambista heredado del siglo XIX. Su respuesta a la CEE fue la Asociación Europea de Libre Comercio (AELE) en 1960, que se limitaba a una disminución de los derechos aduaneros únicamente para los productos industriales comercializados entre Noruega, Suecia, Dinamarca, Austria, Suiza, Portugal e Inglaterra. Por entonces, muy lejos aún de imaginarse obstinada durante diez años en entrar en la Unión Europea.

Incertidumbres

Con frecuencia nos olvidamos que la primera incertidumbre mostrada por Gran Bretaña fue su entrada en la Comunidad Económica Europea. El honor inglés, ya mermado por una dura crisis económica, tuvo que encajar dos dolorosos fracasos. Francia logra imponer su veto en dos ocasiones, en 1963 y 1967, a la entrada inglesa en la CEE. No sería sino hasta 1973 cuando el Reino Unido logró por fin su inclusión como miembro en la CEE, y un año más tarde las relaciones ya empezarían a desgastarse. Con los laboristas en el poder, la permanencia en la CEE seguía siendo deseada, pero necesitaba de una “profunda renegociación”. El principal problema radicado en la Política Agrícola Común (PAC) fue resuelto por las manos de hierro de Margaret Thatcher, en 1984, tras la cumbre de Fontainebleau. En efecto, Londres acusaba a la PAC de absorber la mayor parte de los presupuestos con el objeto de mantener elevados los precios. El Consejo Europeo de 1984 admite entonces que los Doce restituyan al Reino Unido el 75% de su contribución neta (diferencia entre sus aportaciones y sus ingresos obtenidos de la Comunidad). Este pulso sitúa, para quien de verdad quiera entenderlo, la postura inglesa frente a Europa. La célebre cita de “Mrs. Thatcher” "I want my money back!" (literalmente, "que me devuelvan el dinero"), resume el rechazo inglés a todo supranacionalismo y pone en duda el principio de solidaridad financiera. El caso del “euro” lo dice todo: obteniendo un opting out al final de los años 90, es decir la posibilidad de no participar en una política común, Inglaterra ha rechazado todo impedimento a su soberanía. A través de este nuevo proceso de excepción, Inglaterra obtiene el derecho a no adherirse a la tercera fase de la unión económica y monetaria, y por tanto mantener su moneda y su banco central. Sin embargo, el pragmatismo inglés también está puesto en duda. Quedar a la espera y pensar antes de reaccionar para asegurar tajada

¿Y ahora qué?

Hoy en día todo se encuentra en manos de Tony Blair, reelegido Primer Ministro por tercera vez consecutiva. Conocido por ser vehemente europeísta, su afecto hacia los Estados Unidos, marcado por su participación en el conflicto iraquí, así como los Noes francés y holandés no hacen más que favorecer una nueva línea de acción de la Unión Europea. La suspensión provisional el 6 de junio pasado del referéndum de 2006 sobre el tratado constitucional europeo en Inglaterra ¿marcará el inicio de una separación? Esperemos que Tony Blair respete la realidad que subrayó delante del Congreso: "La cultura política europea está inevitable y legítimamente basada en el comprimiso."