Aceleracionismo: Un futuro post-capitalista ya no es ciencia ficción

Artículo publicado el 11 de Marzo de 2016
Artículo publicado el 11 de Marzo de 2016

Imagina que estás en una fiesta en la que no conoces a nadie. Empiezas a charlar con alguien y haces la primera pregunta –un clásico– "¿cómo te llamas?", la segunda, "¿dónde vives?". ¿La tercera? Esta vez no es lo que piensas. A estos nuevos amigos no les interesa en qué trabajas y prefieren conocer tus aficiones. ¿Dónde podría darse esta situación? Puede que en un futuro sin trabajo.

Si viajas de París a Londres con el Eurostar, tardas apenas tres horas. En 1930, el economista inglés John Maynard Keynes predecía que esta sería la cantidad de tiempo que sus nietos dedicarían a trabajar cada día. Según los autores del Manifiesto Aceleracionista (#AccelerateManifesto), Nick Srincek y Alex Williams, dedicar tres horas al día a "hacer dinero" es ya demasiado. En su visión futurista de una realidad post-capitalista, el tiempo de trabajo se reduce a cero, la sociedad disfruta de una renta básica universal y el trabajo deja de determinar la virtud humana o de ser el fundamento de nuestras identidades. Tal como señala Srincek, "muchas personas podrían ser felices en un mundo en el que no se debiera depender de un puesto de trabajo para sobrevivir y donde no fuera necesario ganar dinero de la misma manera".

Nick Srnicek y Alex Williams discuten el "futuro sin empleo" en Novara FM.

Entonces, ¿cuántas personas son felices ahora, en nuestra realidad neoliberal? Pocas. Según algunas fuentes, las personas felices constituyen el 1% de la sociedad, otros dicen que apenas el 0.09%. ¿Qué hay del resto?

Los aceleracionistas creen que están condenados por el neoliberalismo. La narrativa de nuestra época está dominada por el ruido de cataclismos inminentes producidos por las contradicciones internas del capitalismo y de sus manifestaciones. La superproducción lleva al límite al planeta y el avanzado estado del cambio climático amenaza la supervivencia de la especie humana. Además, la continua crisis financiera legitima esta explotación. Los políticos están atascados en los sistemas existentes, carecen de imaginación, y son incapaces de hacer frente a esta destrucción acelerada. En el #AccelerateManifesto, publicado en 2013 y que supone un adelanto del libro Inventing the Future, Nick y Alex son víctimas del síndrome de Cassandra: "Al tiempo que la crisis toma fuerza y velocidad, la política se marchita y se bate en retirada. En esta parálisis del imagnario político, el futuro ha sido anulado".

¿Realmente se ha anulado el futuro?

¿Es algo real? Cuesta imaginar tal escenario en una ciudad tan dinámica y en continuo movimiento como Londres. En Tottenham Court Road veo tantos andamios como edificios ya terminados. Aunque todavía es enero, los escaparates están repletos de decoraciones de San Valentín. Sólo es miércoles, pero la gente ya habla del fin de semana. Londres se asemeja a una construcción sumida en un eterno caos, donde la gente anticipa constantemente aquello que está por suceder. Si no fuera por las hordas de jóvenes con camisetas YOLO ("You Only Live Once", "sólo vives una vez", ed.), se podría decir que en esta ciudad es el presente, más que el futuro, el que ha sido anulado. 

¿Qué remedio proponen los aceleracionistas? Las contradicciones del capitalismo no son para nada una discusión reciente. Aparte de Karl Marx, que marcó el camino al resto, teóricos contemporáneos como Slavoj Žižek y Thomas Piketty se interesan por esta cuestión. En lo que se refiere a la renta básica universal, hemos oído hablar de la propuesta de los finlandeses, suizos y el estadounidense Bernie Sanders. Además, la visión aceleracionista del futuro les resultará familiar a aquellos que conocen la noción del "comunismo de lujo totalmente automatizado".

Sin embargo, el aceleracionismo va más allá de una mera crítica al capitalismo, la propagación de la automatización y de los postulados sobre la renta básica universal. Los aceleracionistas pretenden introducir cambios a nivel moral, "creando una sociedad unida en torno a algo más que el trabajo".

El rey ha muerto. Transplantemos sus órganos en uno nuevo. "¿Es que los aceleracionistas quieren provocar la destrucción del orden actual con el objetivo de instalar un futuro post-capitalista?", pregunto a Nick Srincek cuando nos encontramos en una modesta cafetería en el barrio londinense de Fitzrovia. ¿Su respuesta? "No exactamente...".

"El futuro post-capitalista se construirá sobre los avances del capitalismo. No se trata de  rechazar, destruir o negar el capitalismo, sino más bien de interpretarlo de manera distinta". Esta reinterpretación se basa en definir hasta qué punto la política domina la economía. Los aceleracionistas confían esta tarea a la izquierda. Sin embargo, menosprecian su encarnación contemporánea: Arcaica y nostálgica, se aferra torpemente al localismo y recicla viejos modelos de política, al tiempo que carece completamente de una visión constructiva del futuro. 

"El Mesías" que dirigirá a la humanidad hacia un futuro post-capitalista será una nueva izquierda, moderna y hegemónica. Una izquierda que ante todo será capaz de formar una estructura global consolidada y hará uso de la tecnología existente para que sea de verdad útil para la población, en lugar de generar ganancias para gigantes como Microsoft, Apple o Google.

Si esta visión se convierte en una realidad, la automatización de gran parte del trabajo actual, controlado por las fuerzas políticas, liberará a la gente de una serie de tareas, permitiendo que puedan dedicar su tiempo a otras cosas, y no sólo a tener que ganar dinero para sobrevivir. "La izquierda debería mobilizarse y organizarse ahora en torno a la renta básica universal. De no ser así, la derecha continuará presentándola como una idea libertaria", afirma Nick.

¿Cómo podemos convertirnos en aceleracionistas?

Dejemos a un lado la parte teórica, es momento de poner a prueba el aceleracionismo sobre el terreno: He decidido ser aceleracionista. Me mueve el deseo de probar el post-capitalismo por mí misma, y quiero contribuir a la construcción de este futuro sin trabajo.

El problema es que, como no soy Jeremy Corbyn ni Pablo Iglesias, no tengo ninguna influencia sobre la izquierda moderna. Así que, ¿qué puedo hacer, como ciudadana de a pie, para apoyar el aceleracionismo?

Suponiendo que el capitalismo equivale a consumismo, parece lógico que me lance en un frenesí consumista y me consacre a un maratón de compras. Me imagino en una limusina dorada, que me lleva a Oxford Street –la zona de compras del centro de Londres que cada año engulle 5 billones de libras esterlinas. Me atiborro de un par de menús supergrandes en McDonalds, lo acompaño con un café de Starbucks, justo antes de darme un atracón de ropa en Primark y Topshop. Me imagino encendiendo un cigarrillo con un billete de 20.

No tan rápido, parece que lo he malinterpretado: "El aceleracionismo no se trata de intensificar el consumismo y derrochar todavía más, con el fin de derrocar al capitalismo", aclara Nick con una sonrisa. Si alguien quiere poner en práctica el aceleracionismo, debería más bien luchar por un cambio del status quo capitalista. "Se trata de dar la vuelta a las identidades consumistas. En la actualidad, puedes convertirte en lo que quieras, siempre que sea rentable. Queremos deshacernos de estas limitaciones y restricciones". 

Esto podría crear la necesidad de un nuevo cambio: "En mi opinión, el aceleracionismo podría fomentar un odio real hacia el trabajo remunerado. Esto recordaría a la gente hasta qué punto el trabajo es algo horrible y les llevaría a preguntarse por qué pasan tantas horas trabajando y por qué dependen tanto de ello".

¿Para cuándo ese futuro?

Si no viajas con el Eurostar, el trayecto de París a Londres puede llegar a tardar más de nueve horas (Megabus, ¿quién osaría despreciar tus tarifas?). Este es el tiempo que, de media, la mayoría de londinenses y parisinos dedican cada día al trabajo, incluyendo desplazamiento y horas extras. En estas ciudades, las "tres horas" keynesianas son completamente abstractas. En la actualidad, los que trabajan en oficinas son prácticamente incapaces de vivir sin consultar sus emails profesionales. ¿Estamos todavía muy lejos del futuro post-capitalista? ¿Estaríamos cómodos sin trabajar? He charlado con dos londinenses, Viral y Yolanda, que nos dan su opinión ante la cámara.

Este artículo forma parte de EUtoo “sobre el terreno” en Londres, proyecto que busca contar la desilusión de los jóvenes europeos, financiado por la Comisión Europea.