Acoso sexual en Edimburgo: el lobo anda suelto en el campus

Artículo publicado el 27 de Junio de 2014
Artículo publicado el 27 de Junio de 2014

La Uni­ver­si­dad de Edim­bur­go se con­vir­tió ofi­cial­men­te a fi­na­les de 2013 en "fe­mi­nis­ta". Pero ¿cuá­les son los me­dios dis­po­ni­bles para aque­llos que lu­chan con­tra el hos­ti­ga­mien­to se­xual en el cam­pus? Es allí en el recinto, entre la cu­tu­ra "lad", Robin Thi­cke y una gran ignorancia, que se in­ves­ti­ga, donde el com­ba­te aún no ha ga­na­do te­rreno...

En EUSA, la aso­cia­ción de es­tu­dian­tes de la Uni­ver­si­dad de Edim­bur­go, se votó a fi­na­les de 2013 de forma uná­ni­me por una mo­ción de "fe­mi­nist so­ciety" (so­cie­dad fe­mi­nis­ta), una de­ci­sión com­ple­ta­men­te jus­ti­fi­ca­da si se tiene en cuen­ta que meses más tarde una in­ves­ti­ga­ción lle­va­da a cabo por EUSA re­ve­ló que una es­tu­dian­te in­te­rro­ga­da había sido ya víc­ti­ma de hos­ti­ga­mien­to se­xual. Según la in­ves­ti­ga­ción, el 61% de las 781 es­tu­dian­tes in­te­rro­ga­das ad­mi­ten haber cam­bia­do su com­por­ta­mien­to en la ciu­dad a causa de un sen­ti­mien­to de in­se­gu­ri­dad. Las ci­fras son alar­man­tes, pero ¿por qué las es­tu­dian­tes de Edim­bur­go están ver­da­de­ra­men­te preo­cu­pa­das? Si bien las ci­fras re­ve­lan un ver­da­de­ro pro­ble­ma, para los de­fen­so­res de los de­re­chos de las mu­je­res es di­fí­cil iden­ti­fi­car cla­ra­men­te las cau­sas de éstas y mo­vi­li­zar así a los es­tu­dian­tes.

"Pien­so que soy bas­tan­te afo­tu­na­da por no haber ex­pe­ri­men­ta­do nin­gún acoso se­xual, pero sería muy in­ge­nuo de mi parte decir que no exis­te este tipo de pro­ble­ma", re­co­no­ció Ca­te­ri­na, de 21 años y es­tu­dian­te de lingüis­ti­ca. Sen­ta­da en un sofá del pa­si­llo prin­ci­pal de la uni­ver­si­dad, ha que­ri­do com­par­tir su ex­pe­rien­cia de cuan­do tra­ba­ja­ba como ca­ma­re­ra en uno de los bares es­tu­dian­ti­les en la ca­pi­tal, a dos pasos del re­cin­to uni­ver­si­ta­rio: The Hive ("La Col­me­na" en castellano). Allí, Ca­te­ri­na no era tra­ta­da como la reina de las abe­jas: "Es­cu­ché por parte de los clien­tes co­men­ta­rios vul­ga­res desde el otro lado de la barra: Gru­pos de mu­cha­chos que co­men­tan acer­ca de tu fi­gu­ra, ha­cien­do tam­bién co­men­ta­rios se­xua­les in­di­rec­tos desde la barra". El mismo es­ta­ble­ci­mien­to ha re­ci­bi­do múl­ti­ples que­jas de hos­ti­ga­mien­to se­xual por parte de clien­tes, par­ti­cu­lar­men­te una en la pá­gi­na de su Fa­ce­book, eli­mi­na­da más tarde. 

Reali­dad de la cul­tu­ra del 'Lad'

Para las fe­mi­nis­tas que lu­chan con­tra el acoso se­xual, este com­por­ta­mien­to se re­su­me en tres pa­la­bras: la cul­tu­ra lad. Un fe­nó­meno de ex­tre­ma mas­cu­li­ni­dad y lleno de se­xis­mo, ho­mo­fo­bia y de mucho al­cohol entre los jó­ve­nes es­tu­dian­tes, so­bre­to­do en el am­bien­te de­por­ti­vo, desde el fút­bol hasta el rugby. El tér­mino "lad" es se de­fi­ne por la ac­ti­tud del joven que pien­sa que para ser po­pu­lar hay que co­si­fi­car al sexo opues­to. Este es un es­te­reo­ti­po muy común entre los es­tu­dian­tes. Na­ta­lia tiene 22 años y es­tu­dia fi­lo­so­fía y po­lí­ti­ca. Ella des­cri­be esta cul­tu­ra como una vo­lun­tad de "poder" cau­sa­da por una "pre­sión por lucir la vi­ri­li­dad" que, a su vez, "per­mi­te a los hom­bres no sen­tir­se res­pon­sa­ble de sus actos, le­gi­ti­mi­zan­do así el abuso".

"Es una ter­mi­no­lo­gía que de­sig­na un com­por­ta­mien­to", afir­mó Sta­cey De­vi­ne de la or­ga­ni­za­ción NUS Scotland (Unión Na­cio­nal de Es­tu­dian­tes, sin­di­ca­to uni­ver­si­ta­rio de Gran Bre­ta­ña). Ella, que se des­cri­be como una "gran fe­mi­nis­ta", la­men­ta la ba­na­li­za­ción del pen­sa­mien­to "lad", bien ilus­tra­do por gru­pos de Fa­ce­book como Uni Lad que inun­dan de fotos y chis­tes ex­plíci­ta­men­te se­xis­tas: "estos co­men­ta­rios son vis­tos como bro­mas inofen­si­vas. Pero la li­ge­re­za con la cual se toma esta ac­ti­tud de­mues­tra la nor­ma­li­za­ción de esta cul­tu­ra. Y ésta in­fluen­cia así a los hom­bres". Sara Mof­fat es miem­bro de la rama femi­nis­ta de EUSA. Ella re­co­no­ce que la cul­tu­ra "lad" es di­fí­cil de de­fi­nir, sin em­bar­go, es un com­por­ta­mien­to que afec­ta a una gran mul­ti­tud. "No­so­tras, las fe­mi­nis­tas, uti­li­za­mos el tér­mino 'pa­triar­ca­do' para ha­blar del se­xis­mo, pero den­tro de un marco es­tu­dian­til, el tér­mino 'lad' está de­fi­ni­ti­va­men­te más adap­ta­do y a su vez es in­me­dia­ta­men­te en­ten­di­do en todo el re­cin­to", in­di­có. "Las ci­fras mues­tran que el hos­ti­ga­mien­to se­xual va di­ri­gi­do par­ti­cu­lar­men­te hacia las es­tu­dian­tes del cam­pus y que está cau­sa­do por esta cul­tu­ra que in­ci­ta a los jó­ve­nes a ser se­xual­men­te agre­si­vos", aña­dió. 

Acer­ca de las nights out, los he­chos ha­blan por sí mis­mos. Un vier­nes por la noche, tras el pe­rio­do de exá­me­nes fi­na­les, un gran even­to que reune miles de per­so­nas es or­ga­ni­za­do en el cam­pus. David, el or­ga­ni­za­dor que vela por el buen desa­rro­llo del even­to, nos habla de que­jas de hos­ti­ga­mien­to se­xual re­ci­bi­das cada se­ma­na, todas ellas pro­du­ci­das du­ran­te las no­ches del vier­nes. En pocas pa­la­bras,  se re­fie­re a los gran­des gru­pos de "jó­ve­nes fút­bo­lis­tas", pre­sen­tes du­ran­te este tipo de even­tos, que "se creen in­to­ca­bles".

Fe­mi­nis­tas muy se­rias, pero ¿son to­ma­das con se­rie­dad?

EUSA fue la pri­me­ra aso­cia­ción fe­mi­nis­ta en prohi­bir en la Uni­ver­si­dad de Edim­bur­go la can­ción Blu­rred Lines de Robin Thicke, una exi­to­sa can­ción del año 2013, con una letra que según Sta­cey De­vi­ne la con­vier­ten en un "ho­me­na­je a la vio­la­ción". En ésta se habla de la mu­cha­chas como "ani­ma­les para do­mes­ti­car", que hay que dar­les algo bas­tan­te gran­de para "se­pa­rar sus nal­gas en dos"  y so­bre­to­do, que los au­to­res e in­tér­pre­tes "saben que ellas lo quie­ren así". La prohi­bi­ción fue una ac­ción ló­gi­ca para la pri­me­ra aso­cia­ción fe­mi­nis­ta en el Reino Uni­do, pero muy mal en­ten­di­da por parte del es­tu­dian­ta­do, lo que ha oca­sio­na­do opi­nio­nes di­fe­ren­tes.

"Nadie a pres­ta­do aten­ción en el cam­pus", in­di­có Amy, una es­tu­dian­te de me­di­ci­na de 20 años. "Exis­ten tam­bién otras can­cio­nes que son te­rri­bles hacia las mu­je­res", des­ta­có. Su amigo Oscar opina  que "no im­por­ta qué can­ción se es­cu­che du­ran­te las no­ches es­tu­dian­ti­les, éstas ten­drán los mis­mos men­sa­jes, es mucho ruido para nada". Inés, es­tu­dian­te de eco­no­mía de 19 años, pien­sa que "los es­tu­dian­tes no son ig­no­ran­tes, saben lo que se es­con­de en esta can­ción". Esto que sor­pren­de a Na­ta­lia: "Sí, esta prohi­bi­ción ha­bría qui­zás de­bi­do ha­cer­se a tra­vés de una con­sul­ta en el seno uni­ver­si­ta­rio. Pero ésta ha per­mi­ti­do a los es­tu­dian­tes tomar cons­cien­cia de la gra­ve­dad de estos me­nsa­jes, los cua­les pro­pa­gan la ab­sur­da idea de que 'no' no sig­ni­fi­ca real­men­te 'no'. Decir que los es­tu­dian­tes pue­den pen­sar por ellos mis­mos es de­ma­sia­do pa­si­vo ya que la ac­ti­tud es­pe­cí­fi­ca re­pre­sen­ta­da por la can­ción debe ser to­ma­da con gran se­rie­dad". Pero para ella, quien está de acuer­do con las ideas de las fe­mi­nis­tas de EUSA, hay un pro­ble­ma en el modo de ac­tuar de esta or­ga­ni­za­ción. "Uti­li­zan un tono de­ma­sia­do agre­si­vo y muy poco pe­da­gó­gi­co. Eso fa­vo­re­ce la ima­gen que mucha gente tiene de unas fe­mi­nis­tas his­té­ri­cas". Es por eso que la ma­yo­ría de las jó­ve­nes han de­ci­di­do no asis­tir a sus even­tos, "yo no le veo real­men­te la uti­li­dad", nos con­fie­sa Amy. Asi­mis­mo, n ad­mi­te que no puede unir­se a la or­ga­ni­za­ción por­que le "re­pro­cha­rían por no ser lo su­fi­cien­te­men­te ac­ti­va, estoy se­gu­ra de eso". 

cul­ti­var la so­cie­dad

Sin em­bar­go, las fe­mi­nis­tas de las aso­cia­cio­nes es­tu­dian­ti­les pien­san que nada más que a tra­vés de ac­cio­nes con­cre­tas que el hos­ti­ga­mien­to se­xual puede dis­mi­nuir. Sta­cey De­vi­ne, quien pien­sa que la edu­ca­ción es la base de cual­quier cam­bio, pro­po­ne con la NUS Scotland cur­sos de for­ma­ción en el seno de las uni­ver­si­da­des para cam­biar las men­ta­li­da­des e in­ci­tar a los es­tu­dian­tes a in­ter­ve­nir cuan­do éstos sean tes­ti­gos de cual­quier hos­ti­ga­mien­to, y pro­mo­ver tam­bién la igual­dad entre los sexos. El pro­gra­ma se ti­tu­la Get Savvy ("Sirve de ejem­plo"), y está di­ri­gi­do a per­so­nas de ambos sexos. El año pa­sa­do, Sta­cey formó a 150 per­so­nas, de las cua­les un ter­cio eran hom­bres. Su ob­je­ti­vo: hacer de esta for­ma­ción un re­qui­si­to obli­ga­to­rio desde la ad­mi­sión a la uni­ver­si­dad ya que, de mo­men­to, ésta se man­tie­ne como una forma de cas­ti­go para aque­llos es­tu­dian­tes con malas ac­ti­tu­des. De igual ma­ne­ra, éstos úl­ti­mos pue­den tener que hacer fren­te a san­cio­nes sobre sus re­sul­ta­dos aca­dé­mi­cos y se les puede prohi­bir la en­tra­da a las no­ches es­tu­dian­ti­les. 

Sara Mof­fat está con­ven­ci­da de que este mé­to­do "es el más efi­caz" aun­que sea "di­fí­cil de eva­luar el pro­gre­so del es­tu­dian­te  con res­pec­to al acoso se­xual". "Hemos te­ni­do un au­men­to de que­jas desde que se pu­bli­có la in­ves­ti­ga­ción, pero es­pe­ra­mos que esto se deba ya a que las mu­je­res ahora se atra­ven a ha­blar más y no a que hayan au­men­ta­do los casos de acoso se­xual", ex­pli­có ella. Pero si la cul­tu­ra ma­chis­ta de los "lads" es un per­fec­to chivo ex­pia­to­rio que re­fle­ja los pro­ble­mas del acoso se­xual en la so­cie­dad, las fe­mi­nis­tas de las di­fe­ren­tes aso­cia­cio­nes no tie­nen nin­gún temor de lle­var su men­sa­je fuera de ám­bi­to uni­ver­si­ta­rio. "Hace falta cam­biar estas ac­ti­tu­des y la so­cie­dad pa­triar­cal en la cual se han re­fu­gia­do", in­di­có Sta­cey con gran én­fa­sis. "La ver­dad es que los hom­bres nacen con este pri­vi­le­gio que apa­ren­te­men­te les da el de­re­cho de dic­tar­le a las mu­je­res cómo deben com­por­tar­se", con­tinúa. Con todo, son gran­des las am­bi­cio­nes pero poco el apoyo por parte de los es­tu­dian­tes. Qui­zás esto se deba a que el sis­te­ma de cas­ti­go re­fuer­za la idea de un fe­mi­nis­mo "his­té­ri­co", o qui­zás a que se trata, como se ya se ha men­cio­na­do, a una falta de pe­da­go­gía. Lo que sí es se­gu­ro es que antes de cam­biar la so­cie­dad hará falta -en el cam­pus de la Uni­ver­si­dad de Edim­bur­go - cam­biar la ima­gen de las fe­mi­nis­tas. 

Este Ar­tícu­lo forma parte de una edi­ción es­pe­cial de­di­ca­da a Edim­bur­go y rea­li­za­da en el marco del pro­yec­to EU in mo­tion ini­cia­do por Ca­fé­ba­bel con el apoyo del par­la­men­to eu­ro­peo y de la fun­da­ción hip­pocrÈne. En­cuen­tre pron­to todos los ar­tícu­los en la pá­gi­na de la re­vis­ta.