Adama Meshuga'at (Sweet mud)

Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2007
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Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2007
Israel, Alemania, Francia, Japón, 2006 Guión y Dirección: Dror Shaul Producción: Johannes Rexin, Edgard Tenembaum, Philippa Kowarsky, Bettina Brokemper, Sharon Samir y Dror Shaul. Intérpretes: Tomer Steinof, Ronit Yudkevitch, Henri Garcin, Shai Avivi, Gal Zaid.
LOS KIBBUTZ A DEBATE

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Dror Shaul, guionista y director y más conocidos por sus comedias, introduce la controversia con su última film, que fue candidato a la nominación a los Oscar por Israel. La cinta ya ha sido galardonada en numerosos y renombrados festivales como el de Berlín 2007, Toronto 2006 o Sundance 2007. Sweet mud cuenta cómo era la vida en los 'kibbutzim' (plural de 'kibbutz'): micro-sociedades socialistas y rurales basadas en los principios de cooperación e igualdad que surgieron cuarenta años antes a la fundación del Estado e Israel (1948). El sistema comunal terminó teniendo sus luces y sombras. El director y guionista de la cinta, quien vivió en los años setenta en uno de ellos, aglutina historias y anécdotas de entonces. Uno de los productores, Johannes Rexin, contó en rueda de prensa que “la cinta no compone un documento autobiográfico, sí una recopilación de momentos que Shaul vivió en la comuna”. Los kibbutz funcionan como una democracia, tienen su asamblea con unos “dirigentes” elegidos en la que se vota desde la racionalización de comida hasta asuntos de finanzas, salud o educación. Tras la II Guerra Mundial, muchos europeos, sobre todo alemanes, fueron a zonas israelitas para formar parte de estos grupos y estrechar lazos entre pueblos. Hoy, el 'movimiento kibbutz' sufre un gran deterioro ideológico. En la década de los ochenta surgieron voces críticas con este sistema de convivencia que aludían a los efectos negativos que podía llegar a tener sobre los niños. Por esta época los grupos comunales tuvieron que empezar a hacer frente a sus problemas económicos. 'Sweet mud' habla de ideologías, pero también de la familia, el entorno y el deseo de huida. Todo envuelto en la intensidad que transmite la música y el ritmo de montaje, la fotografía de Sebastien Edschmid y las interpretaciones magistrales del niño Tomer Steinhof y Ronit Yudkevitch.

Concha Hierro del Hoyo