Afganistán: la irresistible ascensión del gangs-terrorismo

Artículo publicado el 12 de Octubre de 2006
Revista publicada
Artículo publicado el 12 de Octubre de 2006
La multiplicación de atentados terroristas talibanes y la explosión de cultivos de la adormidera en Afganistán permiten dudar sobre la eficacia de las tropas militares de la OTAN.

La historia de un éxito. Es lo que tendría que haber sido la historia de las tropas extranjeras en Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Un mes después de los bombardeos norteamericanos y británicos contra los campos de entrenamiento de Al Quaeda y las posiciones atrincheradas de los talibanes, la Alianza del Norte, apoyada por los hombres de la coalición Libertad Duradera entraba victoriosa a Kabul.

Para crear las condiciones de seguridad necesarias a la reconstrucción del país, una fuerza internacional de paz, compuesta de 9.000 soldados -hoy en día cuenta con 20.000- venidos de 37 países diferentes, fue desplegada in situ: la ISAF [Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad]. EN 2004, fue proclamada la República Islámica de Afganistán y Hamid Karzai se convirtió en el primer presidente elegido de la Historia del país.

Sin embargo, este éxito militar y estratégico amenaza en convertirse en un cenagal. Los atentados que apuntan a las tropas de la OTAN, que han reemplazado al ejército norteamericano en julio de 2006, no cesan de multiplicarse y los combates contra los talibanes han sido tan intensos que el general británico David Richards, comandante en jefe de la ISAF no dudó en compararlos “a las horas mas oscuras de la guerra de Corea”.

Estas últimas seis semanas, más de 600 civiles han muerto, incluyendo varios soldados británicos, franceses y canadienses. Ante lo que ha sido calificado como la peor ola de violencia desde el derrocamiento de los talibanes en 2001, los gobiernos europeos ponen mala cara cuando se trata de enviar más tropas mientras que estas son solicitadas desesperadamente por los Estados mayores sobre el terreno.

Explosión del narcotráfico

Este nuevo vigor de los talibanes plantea la pregunta sobre la capacidad de las fuerzas armadas de la OTAN frente a una guerra de guerrillas, interrogándose sobre el origen de los recursos financieros de los insurgentes. La economía de Afganistán es el rehén de la corrupción y del tráfico de drogas.

Según Antonio María Costa, Director Ejecutivo de UNDUC (Oficina de las Naciones Unidas para Lucha contra la Droga y el Delito), "la cosecha de este año ascenderá a unas 6.100 toneladas de opio, nada menos que el 92% de la oferta mundial. Esa cifra representa un 30% más que el consumo mundial”. Según el último informe de UNDUC, la producción de opio en 2006 habría aumentado un 59%, cubriendo de ahora en adelante cerca de 165 000 hectáreas en oposición a las 104.000 de 2005. En algunas provincias del sur del país, donde los insurrectos talibanes han intensificado sus ataques contra el gobierno afgano y contra las fuerzas internacionales, la superficie de cultivos ha aumentado un 162%.

El regreso de los estudiantes de religión esta relacionado directamente a este tráfico. En varias regiones, los rebeldes garantizan la seguridad de los campesinos que cultivan la adormidera y a cambio se benefician de un porcentaje sobre la venta. La financiación de las actividades terroristas a través del crimen organizado se ha vuelto una tendencia tan generalizada que los policías especializados en la lucha antiterrorista han creado resueltamente un neologismo: “el gangsterrorismo”.

Inspirándose de Bosnia

El Secretario General de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, ha declarado hace poco que “no a la ISAF no le toca jugar el papel principal en la lucha contra los narcóticos, sino aportar un apoyo a la policía y a las fuerzas locales para erradicar esta plaga”. A pesar de una ayuda sustancial de la comunidad internacional para formar una policía, así como a jueces afganos especializados en la lucha anti-droga, el sistema permanece paralizado por la corrupción.

Las condenas conciernen casi siempre a pequeños traficantes mientras que los “peces gordos” son altos funcionarios y otros ministros. Estos, se aprovechan de los servicios puestos en funcionamiento por los talibanes, y de esta forma alientan la unión sagrada del terrorismo y del crimen organizado.

Este fenómeno de “gangterrorismo” demuestra que Afganistán no puede estabilizarse sólo con una fuerza militar. Sólo el enfoque judicial permitiría encauzar los tráficos ilegales y controlar las capacidades financieras de los talibanes. Este ha sido el método elegido por la Unión Europea en Bosnia-Herzégovina: confiar la lucha contra el crimen organizado a la misión de la Policía Europea (EUPM), sustituyendo a la EUFOR. ¿Una iniciativa a imitar en Asia central?