Agricultores senegaleses contra Europa

Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2007
Los pequeños productores senegaleses se movilizan contra los Acuerdos de colaboración económica negociados los días 8 y 9 de diciembre en Lisboa. Para ellos, oponerse a la liberalización de los mercados, es luchar contra el hambre.

En Senegal, es simple, nadie conoce las abreviaturas técnicas que usan los funcionarios de la Comisión Europea. Con excepción de una de ellas: “ACE”, Acuerdos de colaboración económica (APE, en sus siglas en francés). Unas siglas en las que dan en el clavo los pequeños productores locales.

“Tratamos de seguir las negociaciones que están manteniendo nuestros dirigentes y la Unión Europea. Si estos acuerdos se aplican en los términos actuales, nos dirigimos a la catástrofe más absoluta”, explica Sidy Ba, el portavoz de un grupo de productores de cacahuete, radicados todos en la región de Kaolack, a 200 kilómetros al sudoeste de Dakar, principal productor de maní de Senegal.

En el país, el 60% de la población vive en zonas rurales. Y según, el Banco Mundial, una de cada tres personas vive por debajo del umbral de la pobreza al disponer de menos de un dólar al día. Eso es tanto como decir que por lejos que los ACE se negocien, están en la cabeza de los pequeños productores.

Con estos acuerdos, las relaciones comerciales entre la Unión Europea y los países africanos, del Caribe y del Pacífico serán liberalizadas. Las negociaciones se acercan a su fin. La Comisión Europea cuenta con concluirlas tras la cumbre entre jefes de Estado africanos y europeos que se celebra los días 8 y 9 en Lisboa.

Estos ACE, sin embargo, se encuentran lejos de contar con la unanimidad de los países del oeste de África. Los negociadores de la comunidad económica de los Estados del Oeste de África (CEDEAO) solicitaron el pasado mes de octubre que las negociaciones siguieran y que la fecha establecida para la firma de los acuerdos se pospusiera. Su primer temor: que los pequeños productores no se beneficien de la liberalización de los mercados de productos agrícolas. Esta liberalización puede llegar incluso, en su opinión, a amenazar la producción local. En las aldeas, dar de comer a todos sería una labor todavía más compleja.

La cultura del algodón y del maní

“La prioridad en el principal productor de cacahuete no es abrir las fronteras comerciales, sino aumentar la capacidad de producción de los pequeños productores. Es necesario combatir la hambruna que les amenaza y darles los medios para sacar beneficio del trabajo que realizan”, continúa Sidy Ba.

Awa Ndao es madre de tres niñas y de un niño con minusvalía. También es abuela de cinco niños y vive en la zona rural de Ndiaffate, sita en Kaolack. “Me encuentro al límite, se queja, hago todo lo posible para seguir trabajando y sobrevivir. Pero ya no puedo más”. Con una o dos comidas al día, a base de arroz fundamentalmente, “pasamos hambre”, explica. “La carne es un alimento que cada vez escasea más”.

En efecto, en estos momentos, la organización de la producción agrícola senegalesa no permite a los agricultores combatir el hambre. Está basada en la omnipresencia de los poderosos intermediarios que compran las cosechas directamente a los pequeños productores para comercializarlos en los grandes mercados senegaleses y en ocasiones exportalos.

(Photo: José Lavezzi/ ActionAid)

“No tenemos suficientes simientes de buena calidad y debemos endeudarnos para comprar grano y abono. Cuando padecemos un periodo de sequía, nos vemos obligados a vender nuestro ganado y nuestras cosechas a precios irrisorios. Lo que nos impide hacer frente a nuestras necesidades”, explica Adam Ibrahim Ndao, de 50 años, productor de cacahuete en la comunidad rural de Ndiaffate.

La situación alimenticia es aún peor en la región de Velingara, principal productora de algodón, situada al sur del país, a 700 kilómetros de Dakar, en la frontera de Gambia y Guinea Bisau. Donde este año sufren hambrunas tras las inundaciones que destruyeron el grueso de sus cosechas.

“Empiezo a pensar que vamos a estar siempre condenados a pasar hambre. Mi marido de 80 años es muy viejo para cultivar nuestros campos de mijo, cacahuete y algodón, y en estos momentos es nuestro hijo de 11 años quien cultiva nuestra media hectárea de tierra”, asevera Adama Sabally, de 60 años y madre de tres hijos, en el pueblo de Pakour, en la región de Velingara. “En el mejor de los casos, comemos una vez al día y este año que las inundaciones han destruido nuestras cosechas, pasamos cada vez más días sin comer”, continúa Sabally.

Garantizar la supremacía alimenticia

“Con la situación que se vive en Velingara, la prioridad para los pequeños agricultores es agruparse en cooperativas para invertir en abonos, tractores y depósitos para simientes de modo que puedan hacer frente las hambrunas”, cuenta Adoulaye Mballo, fundador de la radio comunitaria Radio Bantaare y corresponsal de la Radio Televisión Senegalesa (RTS).

“Es urgente que Senegal ponga en marcha políticas de protección y de desarrollo de redes agrícolas nacionales para combatir el hambre y reforzar la productividad de la agricultura nacional”, explica Faty Kane, joven coordinadora nacional de la campaña senegalesa de lucha contra el hambre Kaa KonKo Kele. “Es el caso del cacahuete, por ejemplo, base de la alimentación, y que permite alimentar al ganado en Senegal. El desarrollo de esta red permitiría dejar de importar productos como el aceite de soja de Europa o de Brasil”, añade.

Cuando quedan días para que arranque la cumbre entre la UE y África en Lisboa, el mensaje de los pequeños productores senegaleses es contundente: desean que los países del oeste de África puedan copiar a los europeos e inventar una política agrícola común local. Esperan convertirse en autosuficientes y proteger la producción de las redes agrícolas esenciales para su economía, como el cacahuete y el algodón.

Desde hace varios meses, numerosas organizaciones están poniendo en marcha campañas de información sobre los ACE por todo el oeste de África. Estos esfuerzos, ¿bastarán para dejar oír sus voces?

Créditos fotos: Awa Ndao, Adam Ibrahim Ndao, Velingara, Abdoulaye Mballo (José Lavezzi/ ActionAid)