¿Ahora o nunca? El clima se la juega en Cancún

Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2010
Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2010
Bajo la sombra de varios fracasos, delegados de todos los países se reúnen en las costas de Cancún (México) para decidir si sustituir o prolongar el Protocolo de Kioto. ¿Cuáles son los aspectos más olvidados del cambio climático? ¿Por dónde pasan las tensiones entre Norte y Sur? Desde el humeante asfalto de México, una periodista española revela las claves de una cumbre repleta de incertidumbre.

Intentando borrar las huellas de la para muchos “fracasada” cumbre de Copenhague, en 2009, el XVI Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático tiene la responsabilidad de establecer, entre el 29 de noviembre y el 10 de diciembre, las obligaciones necesarias para evitar el calentamiento global. Sin embargo, este nuevo encuentro simboliza mucho más que un interés común por el medio ambiente; también podría ser una lucha metafórica entre países “desarrollados” y países “en vías de desarrollo”, o, lo que es lo mismo, entre quienes imponen y quienes se someten.

Ecologista pero contaminante, México lidera la cumbre

La elección de Cancún no es casual. México, junto con Brasil, es el país de América Latina que más contamina (700 toneladas de CO2 anuales), cifras que, aún así, son ocho veces inferiores a las de Estados Unidos. Sin embargo, las costas mexicanas pueden sufrir un efecto devastador si se cumplen las previsiones de aumento de las temperaturas (tema predominante en la televisión nacional). En Querétaro, a tan sólo tres horas de México D.F, calor hace, y no sólo para una española que lleva cinco meses de intercambio en el país, sino también para los propios queretanos, para los que “antes era raro ir en sandalias en diciembre”. 

La postura del país azteca, defensor del desarrollo sostenible, resulta bastante contradictoria si tenemos en cuenta el ingente parque automovilístico que recorre a diario sus pueblos y ciudades, debido en parte al deficiente transporte público y a la nula preocupación por el medio ambiente. Así me lo hizo saber un taxista de la ciudad de Querétaro: “En México no tenemos conciencia social ni cultura de manejar; somos unos valemadristas”. Por no hablar de las dificultades que se encuentran los ciudadanos dispuestos a reciclar.

Las autoridades mexicanas advierten de que el 68,5% de la población del país es vulnerable a los efectos del cambio climático

Economías desarrolladas y por desarrollar

Desechos aparte, es imprescindible que la cumbre llegue a buen puerto porque el tiempo se acaba. Para ello, destaca la presencia de un fondo financiero formado por los países ricos y destinado a que los calificados “en vías de desarrollo” puedan adaptarse cuantos antes a las metas impuestas. 

Este grupo estaría formado, entre otros, por los países de Centroamérica que, a pesar de sus bajas emisiones, presentan un fuerte compromiso y preocupaciones como la deforestación, gran ausente en el protocolo de Kioto. También merece atención la propuesta india, que pasa por alto las divisiones entre ricos y pobres al querer ligar la planificación al nivel de emisiones de cada país.

Por su parte, la Unión Europea llega con aire apático (por no decir pesimista, tras conocerse, gracias a Wikileaks, que el presidente de Consejo Herman Van Rompuy daba por fracasada la cumbre antes de comenzar). Algunos de sus miembros, como España, ya eran conscientes hace tiempo de la imposibilidad de cumplir lo prometido en Kioto. Pero ¿acaso sabemos qué pretende negociar la Unión? Al inicio de la cumbre, los 27 mostraban pocas esperanzas de alcanzar un acuerdo y repetían su discurso basado en las emisiones de CO2. La UE confía en que los países en vías de desarrollo se adapten, es decir: se ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Así, parece que se cumplirán los presagios de los universitarios mexicanos: “Estas cumbres no sirven para nada y, cuando hay acuerdo, nunca se cumple”.

Principales retos

El debate intentará fijar el presupuesto para paliar los efectos del cambio climático (posiblemente 100.000 millones de dólares para 2020) y lograr una nueva herramienta tecnológica que mitigue la deforestación. Lo que está claro es que, esta vez, no se ha reservado un sitio para el fracaso, invitado estelar de la cumbre de Copenhague. Ante el miedo de que los efectos del cambio climático sean irreversibles si no se actúa de inmediato, la cumbre de Cancún es la prueba definitiva que medirá el grado de compromiso de los países y su capacidad para pasar del dicho al hecho: ahora o nunca.

En cualquier caso, si los países participantes ni siquiera esconden sus escasas esperanzas de lograr un acuerdo, ¿cómo llegará la conciencia social? Al final, a los europeos y al resto de ciudadanos del mundo nos dará igual y los universitarios mexicanos seguirán trasladándose a su universidad en sus grandes autos altamente contaminantes.

Fotos: portada: (cc) Oxfam International/ chimeneas: (cc) freefotouk/vídeo: Youtube.com