Alberto Toscano: "Los franceses sufren por su necesidad de ser excepcionales"

Artículo publicado el 22 de Mayo de 2009
Artículo publicado el 22 de Mayo de 2009
Periodista político y polemista, este italiano vive en Francia desde hace mas de 20 años. Acaba de publicar Crítica amorosa de los franceses, donde evoca las relaciones entre el hexágono y su vecino italiano. Una historia de matrimonio

En plena promoción de su libro, Alberto Toscano me ha dado cita en la plaza Georges Brassens, en el distrito 15 de Paris, para hablarme de su carrera y de lo que lo ha conducido a escribir un libro descifrándonos de manera benévola los clichés de los franceses sobre ellos mismos.

Un coche frena y el escritor periodista me embarca…. en el remolino de su pasión por los libros. Descargamos ejemplares de su libro y también algunas botellas de vino. Después de nuestro encuentro, se presta, con mucha amabilidad, a una sesión de dedicatorias en el Mercado del libro antiguo y de ocasión, entre sus amigos libreros.

La relación privilegiada de Toscano con Francia tiene fechas claves. Nacido en 1948, tenía 20 años en 1968. Estudiante en Milán, se compromete con la revolución de mayo del 1968, de naturaleza a la vez desaprobatoria y promotora de libertad y de ligereza. A partir de entonces, Alberto Toscano multiplica sus estancias en Francia: en 1977, pasa un año en el Centre de Formation de la Presse et du Journalisme de París, y tiene como director de prácticas, al fundador del diario Le Monde, Hubert Beuve-Méry. En 1981, vuelve para cubrir las elecciones presidenciales y se encuentra con figuras de primer plano como Jacques Delors o Pierre Mendès-France. Fue uno de los últimos periodistas que entrevistó a éste último, precisa con una punta de orgullo. En 1986, se instala en Francia definitivamente, o casi, pues según su lema “mientras hay vida, nada es definitivo". Primero ejerce de corresponsal para un cotidiano económico italiano, más tarde participa en diferentes medios de comunicación italianos y franceses (TV5, France Culture, RTL o La Croix entre otros).

Franceses ‘excepcionales’

Alberto Toscano había ya firmado en 2006 el libro Francia-Italia: cabezazos y flechazos. Reincide dos años después publicando en la colección Hachette Littératures, Crítica amorosa de los franceses. Si en su primera obra quiso contar anécdotas personales con su mirada de italiano en París, articula su nuevo libro alrededor de los estereotipos que los franceses tienen sobre ellos mismos.

Los 48 capítulos, serios o divertidos, son el fruto de una investigación profunda y el autor afirma: “Tengo un estilo de escritura que quiere hacer sonreír al lector, pero, al mismo tiempo también tengo la voluntad de transmitir ideas”. Esta doble mirada polémica y afectuosa constituye el tono de esta obra, cuya moral, según me indica Alberto Toscano señalándome él mismo la referencia en el libro que me ha dedicado, es la siguiente: “Los franceses sufren mucho de su necesidad ancestral (ahora ya totalmente inútil) de probarse a ellos mismos y a los demás, que son simplemente ‘excepcionales’. A mi parecer, vivirán mejor el día en el que se sientan libres de ser ‘normales’, exactamente como todos los demás pueblos de Europa y del mundo".

Para él, los franceses “tienen mucho mérito pero, desgraciadamente para ellos, en lugar de alegrarse, siempre tienen ganas de ser los primeros de la clase y se sienten investidos de una misión universal". Esta manera de pensar, ausente al otro lado de los Alpes, traduce a la vez una cierta ambición y una falta de confianza en sí mismos: "La hija mayor de la Iglesia (así se conocía a Francia en la Edad Media por ser considerado el país católico más importante) alimenta así algunas sensaciones, peligrosas e inútiles, de nostalgia, como lo demuestran los discursos de los hombres políticos que cosechan cierto éxito. Francia está como en declive".

Entonces Toscano se ofusca: “¿Declive con respecto a qué? ¿Con respecto al imperio colonial? Pero, ¿no es mejor haber dejado de practicar la tortura como en la antigua Argelia francesa? Es olvidar que antes de ser colonial, la inmigración fue europea”. Alberto Toscano me enseña también que un cuarto de los franceses tienen sangre italiana y que el acordeón, instrumento nacional, fue llevado en el siglo 19 por los inmigrantes de Bérgamo.

Entre las dos hermanas latinas (Italia y Francia), existe una relación de amor recíproco, tintado de un esbozo de ternura pero también de animosidad. La conclusión del primer libro de Toscano fue: Casémoslos" y bromea que no pensaba acertar tanto puesto que, como el mismo reconoce: "No pensaba que una cantante y modelo italiana, Carla Bruni, fuera a convertirse en la mujer del Presidente de la Republica Francesa. Nicolas Sarkozy, me ha tomado pues, en cierto sentido, al pie de la letra".

Un enamorado de Europa

Este europeo convencido, que se califica el mismo de europeísta, estima que las elecciones europeas del próximo junio tendrán lugar en un contexto poco favorable. Para él, las instituciones europeas, o más exactamente, el Parlamento, están considerados como instituciones de segunda división más que como centros de poder, como lo demuestra el hecho que los ‘grandes’ de la política o bien no son candidatos o bien lo son para dimitir poco después, citando así el ejemplo de Rachida Dati, a la cabeza de la lista del UMP como una forma de 'castigo'.

“Si los franceses tuvieran que comerse todo lo que producen, explotarían de obesidad"

Estas elecciones tenderán a parecerse a un sondeo de política nacional en un clima de crisis. Todo esto, lo deplora, puesto que el papel de Francia en Europa es desde los años 1950, preponderante. Para Alberto Toscano, ya que "Francia fue, con el referéndum del 29 de mayo del 2007, una de las responsables del cortocircuito de la maquinaria europea, se espera de ella que repare esta fractura". En cuanto una medida no funciona, París tiene tendencia a echar la culpa a la Europa de Bruselas. Eso supone olvidar lo mucho que se beneficia de la política europea. Toscano toma así el ejemplo controvertido de la agricultura. “Si los franceses tuvieran que comerse todo lo que producen, explotarían de obesidad".

A lo largo de nuestra conversación, el hombre ha sido tan profesional como accesible. Se ha dejado desnudar: evocando a sus allegados, su afición por el cine italiano clásico, por la gastronomía, sus proyectos de escritura, su desprecio hacia la intolerancia, incluso la de aquellos defienden sus mismas ideas. “No pensaba que el momento de la jubilación sería un momento feliz”, concluye. Apasionado, el hombre es apasionante.