Albrecht House: Por amor al arte

Artículo publicado el 24 de Julio de 2014
Artículo publicado el 24 de Julio de 2014

Ar­tis­tas y en­tu­sias­tas de la mú­si­ca unen es­fuer­zos, tiem­po y di­ne­ro para re­cu­pe­rar la de­vas­ta­da casa que per­te­ne­ció a los mú­si­cos Al­bert y Jan Al­bre­cht. ¿El mo­ti­vo? Darle a Bra­tis­la­va un nuevo es­pa­cio para la mú­si­ca. Aun­que mu­chos pien­sen lo con­tra­rio, no todo se hace por ne­go­cio. 

El casco an­ti­guo de Bra­tis­la­va es como el de la ma­yo­ría de ciu­da­des eu­ro­peas: hay edi­fi­cios an­ti­guos res­tau­ra­dos y está pla­ga­do de res­tau­ran­tes, bares y tien­de­ci­tas para que no le falte de nada al tu­ris­ta que lo vi­si­ta. Ajena a lo que pasa a su al­re­de­dor se en­cuen­tra la calle Ka­pi­tuls­ká, la más an­ti­gua de la ciu­dad. Es una calle si­len­cio­sa, llena de edi­fi­cios de­vas­ta­dos y en­vuel­ta por cier­to aire fan­tas­ma­gó­ri­co.

"Antes, el 90% de esta calle per­te­ne­cía a la Igle­sia. Du­ran­te el Co­mu­nis­mo, el go­bierno no in­vir­tió en su con­ser­va­ción y la gran ma­yo­ría de casas que­da­ron aban­do­na­das. Poco a poco se están vol­vien­do a reha­bi­li­tar por ins­ti­tu­cio­nes pri­va­das, pero aún queda mucho por hacer", me ex­pli­ca Igor. Él es el res­pon­sa­ble de la res­tau­ra­ción de la casa del com­po­si­tor Jan Al­bre­cht. Allí, Jan no sólo comía y dor­mía, si no que tam­bién daba cla­ses y con­cier­tos, y se reunía con los ar­tis­tas e in­te­lec­tua­les de la ciu­dad. Todo un cen­tro neu­rál­gi­co re­du­ci­do a rui­nas en el que tam­bién están tra­ba­jan­do ar­queó­lo­gos, quie­nes han en­con­tra­do re­cien­te­men­te al­gu­nos res­tos de apro­xi­ma­da­men­te 50 años a.C. 

Le pre­gun­to a Igor por qué ha de­ci­di­do em­bar­car­se en tal pro­yec­to. "La Igle­sia es­ta­ba pla­nean­do cons­truir aquí apar­ta­men­tos para los clé­ri­gos re­ti­ra­dos, así que era e l mo­men­to de ac­tuar", me con­tes­ta son­rien­do. "Que­re­mos con­ver­tir la casa en un nuevo es­pa­cio abier­to a la ciu­dad donde al­ber­gar a ar­tis­tas, dar con­cier­tos, ex­po­si­cio­nes...", añade. ¿Que­re­mos? Sí, en plu­ral. Igor no está solo en esto. Hay mu­chos vo­lun­ta­rios tra­ba­jan­do dia­ria­men­te en la re­cons­truc­ción sin co­brar ab­so­lu­ta­men­te nada. Cada vez me con­ven­zo más de que estoy ante un pro­yec­to único.

Nadie pre­ten­de ha­cer­se rico a costa de la Al­bre­cht House pero, sin em­bar­go, es un pro­yec­to que re­quie­re una gran suma de di­ne­ro. "La casa ha es­ta­do des­ha­bi­ta­da du­ran­te mu­chos años y había mu­chas hu­me­da­des. El te­ja­do, por ejem­plo, es­ta­ba to­tal­men­te des­tro­za­do y lo hemos te­ni­do que cam­biar en­te­ro. Es un pro­ce­so lento y caro", me ex­pli­ca. En cuan­to a la fi­nan­cia­ción, Igor ase­gu­ra que "hemos re­ci­bi­do al­gu­na sub­ven­ción pú­bli­ca pero gran parte del pro­yec­to se sus­ten­ta gra­cias a do­na­cio­nes pri­va­das y per­so­nas anó­ni­mas". De ello de­pen­de­rá la fi­na­li­za­ción de las obras, por ahora pre­vis­ta para el año 2019.

Este ar­tícu­lo es parte de una serie es­pe­cial de­di­ca­da a Bratislava. Forma parte de “EU­to­pia: time to vote”, un pro­yec­to di­ri­gi­do por Ca­fé­Ba­bel en co­la­bo­ra­ción con la Hip­pocrène foun­da­tion, la Co­mi­sión Eu­ro­pea, el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res y la fun­da­ción EVENS. La serie com­ple­ta es­ta­rá dis­po­ni­ble pron­to en la pá­gi­na de inicio.