Alemania del Este: la democracia encasquetada

Artículo publicado el 17 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 17 de Enero de 2005

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El resurgir democrático queda sofocado por los problemas económicos en Alemania del Este. Aun así, tras 15 años desde la reunificación, se gana en autoestima y en democracia en los nuevos Länders alemanes.

Éxodo, paro masivo, extremismo de derechas: tras 14 años desde la reunificación alemana, la euforia inicial en Alemania del Este ha decaído hace tiempo. Desde 1991, 712 000 ciudadanos de los nuevos Estados alemanes (Ländern) por la escasez de trabajo. En diciembre de 2004, la cifra de paro en las cinco nuevas regiones alemanas (Ländern) se situaba en el 20,9%, mientras sólo alcanzaba el 10,2% en el Oeste. Esta situación ha repercutido visiblemente en los resultados electorales. En las últimas elecciones a la cámara alta de Sajonia, en septiembre pasado, le correspondió al PDS postcomunista el 23,6% de los votos y al NPD ultraderechista el 9,2%. El SPD del canciller federal Schröder sólo consiguió el 9,8%.

Otro Estado de la noche a la mañana

En un principio, la estructura de la democracia y de la economía de mercado en Alemania del Este no pareció obsesionar. Todo comenzó con promesas. Pero no fueron los políticos de Alemania del Oeste, sino los hombres en la RDA quienes consiguieron derrumbar el muro el 9 de noviembre de 1989. La democracia no se exportó desde el Oeste, sino que el Este la conquistó con su esfuerzo. Aun así, tras el derrumbamiento del Régimen de la RDA, el movimiento ciudadano quedó arrollado por los acontecimientos y por el canciller de la RFA, Helmut Kohl. Él supo capitalizar el momento llevando a Alemania hacia su reunificación en el plazo de un año. En cambio, no hubo nueva Constitución para toda Alemania, sino simplemente unión al Oeste: vigente todavía la Ley fundamental de la RFA. La verdad es que los hombres y mujeres de la RDA estuvieron completamente de acuerdo con este sistema de exportación. El motivo es sencillo: querían el marco alemán, el bienestar y la estabilidad política. Sin embargo, este sueño se ha diluído al mostrar el capitalismo su lado más oscuro. Las empresas corruptas de la RDA tuvieron que cerrar y y seperdieron muchos puestos de trabajo. Desde entonces el Este vive de prestado. El “suplemento de solidaridad” que a cada ciudadano del Oeste se le sustrae de su salario garantiza los fondos a las regiones del Este y la construcción de sus infraestructuras. Pero aunque en muchos lugares las ciudades antiguas vuelvan a brillar, los problemas permanecen tras las relucientes fachadas. Sigue escaseando la inversión privada.

La flecha verde

No queda mucho, ni siquiera de la política, del antiguo sistema de la RDA. En seguida, los políticos del Oeste se han convertido en los presidentes de las nuevas regiones y ocupan asimismo puestos directivos en la economía; la elite del Oeste gobierna el Este. La RDA se ha convertido en una dictadura en la que adoctrinar sobre los logros del capitalismo. La “flecha verde” permite a los conductores girar hacía la derecha incluso cuando el semáforo está en rojo, como símbolo doloroso del agradecimiento necesario por parte de los alemanes del Este (Ossis) hacia los alemanes del Oeste (Wessis).

No es ningún milagro que los ciudadanos se hayan refugiado en la transformación del pasado. El año pasado se extendió por Alemania la “onda nostálgica” tras del éxito cinematográfico del filme "Good-bye Lenin". Hubo RDA por todas partes y en especial en programas televisivos.

Signos positivos

15 años después de la reunificación, el Este gana en autoconfianza. La propia Angela Merkel -líder de la oposición- es del Este, señal de que las nuevas regiones (Ländern) participan más que antes en la política federal. También la selección nacional -desde siempre indicador infalible del estado de ánimo alemán- cuenta con estrellas orientales como Michael Ballack. Hasta puede que las controvertidas declaraciones del nuevo presidente federal Köhler, poniendo en duda las subvenciones a las nuevas regiones, tengan también su lado bueno. Muestran que No hay tabúes.

A pesar de todo, los problemas no son compartimentos estancos. Países como Ucrania podrían aprender de la experiencia alemana, pues tras la euforia se extenderá allí también la desilusión. Al igual que los hombres y mujeres de la antigua RDA, la población ucraniana necesitará algo de todo si quiere orientarse progresivamente hacia Occidente.