Alemania – EE UU, ¿un nuevo idilio?

Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005

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Angela Merkel lo desea ardientemente. Pero corre el riesgo de que electorado (y su propia coalición) no le sigan. Estas son las razones.

Una primera lectura de las declaraciones de Angela Merkel podría dar a entender que la candidata cristiano-demócrata a la cancillería tiene las ideas claras sobre la necesidad de restablecer la alianza entre Alemania y Estados Unidos. La gran favorita de las próximas elecciones alemanas del 18 de septiembre ha hablado a menudo de una vuelta a la tradicional política exterior alemana de Khol, fundada sobre la integración europea y la alianza atlántica, relaciones que no tienen por qué ser antitéticas sino complementarias. ¿Se volverá de nuevo al business as usual entre Alemania y Estados Unidos?

Pacifismo latente

Sin embargo, si se observa de cerca la posición de la CDU-CSU sobre las relaciones trasatlánticas, es menos clara de cuanto lo podría parecer a primera vista. Y es cuando se descubre que la posición de la candidata Merkel es ambigua. Durante el discurso en el congreso extraordinario de la CDU que tuvo lugar en Dortmund el pasado 28 de agosto, sorprendentemente, la aspirante a la cancillería “se saltó el trozo de texto en el que definía como prioritario el acercamiento a América”, revela Andra Tarquini en La Repubblica del 29 de agosto.

En esta campaña electoral en descenso y centrada sobre el fracaso de las políticas del gobierno de Schröder, la política exterior representa uno de los pocos puntos flojos de la CDU. Es como si Frau Merkel, la “Señora” de la política alemana, intuyera que la relación con los Estados Unidos puede ser uno de los temas más delicados que tendrá que afrontar si llegase al gobierno del país. Durante la crisis iraquí, en efecto, su popularidad se precipitó hasta mínimos históricos. Su tenaz defensa de las estrategias del gobierno americano fue cuestionada duramente dentro de su coalición. El presidente de Baviera, Edmund Stoiber, por ejemplo, no dudó en pasar por alto el pacifismo de la opinión alemana. Un pacifismo que divide también a los electores del centro-derecha y que corre el riesgo de sacar los trapos sucios en el momento en el que se pudiera dar una nueva crisis trasatlántica. Por ejemplo, con una hipotética invasión americana de Irán.

No hay vuelta atrás

Además, la crisis iraquí no puede ignorarse con tanta facilidad cuando, según los analistas, sería la última consecuencia de una serie de transformaciones en las relaciones trasatlánticas después del final de la Guerra Fría. En efecto, son dos las tipologías de emancipación que están alejando a Berlín del ex-tutor trasatlántico: una, marcada por la toma de conciencia del nuevo rol internacional de la Alemania reunificada, y otra, de vocación europea, caracterizada por el alejamiento de la hegemonía americana. Dos tendencias apoyadas ampliamente por el electorado alemán. Como sabe muy bien la propia Merkel.

La sombra de Turquía

Da la impresión de que a pesar de todos los artículos que en tono de prensa rosa preveían una vuelta al idilio entre Alemania y Estados Unidos, el acercamiento de un eventual gobierno Merkel será más discreto de lo previsto. El tono será más conciliador y se buscará dar la impresión de que se esta trabajando para alinearse con la potencia americana.

La primera apuesta en este sentido será abandonar la idea de establecer un eje con Moscú. También es lícito esperar más prudencia en las relaciones con China, por ejemplo, uniéndose a la postura norteamericana de no cesar el embargo de armas a China. En definitiva, se intentará limar los aspectos más controvertidos de la política exterior de Schröder, comenzando por la actitud, considerada demasiado agresiva, adoptada en la carrera por un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Se buscará aprender de los errores del gobierno precedente y evitar acciones que puedan ser percibidas como contrarias a los intereses de los países pequeños de la UE u orientadas a establecer una hegemonía franco-alemana. Este proyecto neogaullista ha fracasado ante la evidente división de Europa durante la crisis iraquí y el abandono definitivo del proyecto de instituir un cuartel general de las fuerzas militares europeas alternativo y autónomo del de la OTAN en Tervuren, un suburbio de Bruselas.

Sin embargo, existe la sensación de que el destino de las relaciones trasatlánticas dependerá en mayor medida de la actitud y las decisiones de los americanos que de las de los alemanes, que esperan confiados en la puerta. No olvidemos, además, que uno de los pocos puntos sobre los que la candidata a la cancillería ha sido clara es el rechazo al ingreso de Turquía en la UE: se le ve sólo como un “socio privilegiado”, lo que constituye una posición diametralmente opuesta a la de Estados Unidos.