Alemania, ¿el país de los chollos?

Artículo publicado el 9 de Enero de 2006
Artículo publicado el 9 de Enero de 2006

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La eliminación de la legislación y reglamentaciones especiales sobre las rebajas que constituyen la despedida del verano y el fin de temporada de invierno, ¿convierten a Alemania en un paraíso para las compras?

La Unión Europea desencadenó esta situación con la directiva sobre el comercio electrónico. Calculaba que los vendedores por internet de mercancías y servicios sólo debían cumplir la normativa jurídica de sus países de origen. El problema es que en Alemania la legislación sobre las rebajas data de 1933, admitiendo sólo una rebaja de los precios del 3%. Esa ley no tenía repercusión alguna para las empresas extranjeras de la UE, que ahora ofrecían sus mercancías en Alemania vía Internet, ya que la legislación en sus países flexibilizaba más las rebajas. Austria, por ejemplo, abolió ya en 1992 unas normas similares. Por lo tanto, una empresa austríaca podría, según la directiva de la UE, ofrecer a un cliente alemán un descuento de más del 3% a través su página web.

Debido a esta discriminación hacia las empresas nacionales, el Gobierno Federal alemán se vio obligado a revisar la obsoleta reglamentación nacional. Finalmente decidió abolirla en 2001. Ello debería, según el entonces ministro de Economía Werner Müller: “promover una mayor competencia comercial por captar clientes“.

Esta liberalización fue continuada por el gobierno federal con la abolición, a comienzos de 2004, de la normativa sobre las ventas finales de invierno y verano que databa del año 1911. En el siglo XIX se conocían como “Ventas por Temporada Avanzada“. En efecto, desde la abolición de la legislación sobre las rebajas tenía esta normativa poco sentido, puesto que ya eran legales considerables rebajas en los precios.

Rebajas de hasta el 70%

Desde 1994 está permitido a cada minorista organizar como desee su fin de temporada. Las expectativas por parte del gobierno federal y de las principales asociaciones de los minoristas alemanes fueron contradictorias en gran medida. Mientras el Gobierno esperaba ventajas para los clientes, temían los minoristas que se incrementase para los clientes la confusión en la transparencia de los precios y se produjera una pérdida de la tradición nacional en las compras que constituían las ventas por fin de temporada.

Sin embargo, muchos comerciantes se aferran a esa tradición. Se agrupan en varios grupos regionales y ofrecen desde entonces, en una fecha concreta, productos con un descuento de hasta el 70%. Así, a pesar de un cambio en la situación legal, permanece esta costumbre por la necesidad económica de librarse del remanente de productos de temporada.

Entretanto, está permitido ofrecer todos los artículos más baratos, incluyendo los utensilios del hogar. La condición es, sin embargo, que el precio se reduzca de forma clara. En esto están prohibidos especialmente los llamados “precios menguantes“. Mediante esas populares estrategias comerciales se eleva el precio en primer lugar; para luego, mediante estrategias publicitarias, disminuirlo de nuevo.

Sin embargo, el balance para el año 2005 según la organización alemana de minoristas (HDE) ha resultado mediocre. Durante el fin de temporada del invierno de 2005, del 24 de enero al 5 de febrero del pasado año, algunos minoristas desarrollaron políticas agresivas de precios, lo que provocó que la de ventas de fin de temporada resultaran a menudo menos coordinadas y concentradas. Sólo en las regiones rurales fueron estas ventas motivo de alegría para los comerciantes, ya que allí había habido previamente menos rebajas.

El pasado invierno demostró que las compras también, a pesar de todas las sutiles estrategias de marketing, están sometidas a presiones de orden práctico: el tiempo jugó un papel decisivo. Primero, la irrupción del invierno impidió a muchos consumidores realizar las compras. Luego, promovió el consumo de los artículos de temporada específicos de invierno.

A la caza de los cazadores de gangas

Un fenómeno que ante la anulación de los impedimentos jurídicos hubiera esperado ser más fuerte, pero que se observa hasta ahora muy escasamente, es el regateo. Sólo algunos clientes intentan negociar el precio de forma individual. Además, muchos comercios han incorporado tarjetas de cliente, mediante las que los consumidores pueden ahorrar reuniendo puntos. El regateo le resulta a muchos algo supérfluo, y no parece corresponderse con la mentalidad alemana.

Precisamente aquí surge un nuevo problema. Casi la totalidad de los minoristas alemanes, y una gran parte del sector servicios, ofrecen a su vez algunas tarjetas de cliente. Sirven en primer lugar para fidelizar al cliente ofreciendo descuentos mediante la constacia y programas de premios similares. Una investigación del Centro para la Investigación en la Protección y Seguridad de Datos del Centro Regional para la Protección de Datos Schleswig-Holstein, (ULD-i), elaborada a solicitud de la Unión Federal de Consumidores (VZBV), muestra no obstante atentados claros contra la protección de datos. Según el estudio, las tarjetas de puntos serán utilizadas para estudiar el perfil y hábitos de todos los clientes. El “cliente transparente“ parece no estar demasiado lejos.