Alemania, un experimento con carácter ejemplar

Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2003
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Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2003

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El papel de Alemania en Europa se deteminará en ese país, ya que ambos tienen que llevar a cabo cambios profundos.

Con la constitución europea se pretende fijar por escrito la transición de una comunidad interna de regulación y repartición a un nivel cualitativamente nuevo. La UE ha de convertirse en una comunidad externa de acción y responsabilidad. Detrás de esto está la tendencia

hacia una legitimación democrática y una identidad europea que preceda a la capacidad de acción y solución de problemas. Pero con un acto constitucional no se consigue una comunidad y el discurso intencionado sobre Europa apenas encuentra eco en Alemania. Pero no nos desesperemos, tenemos que ver dentro de la cabeza de los alemanes para entender por qué esto es así.

¡Ay! dos almas laten en mi pecho

El resultado, dicho de antemano es la esquizofrenia. En primer lugar está la perspectiva a corto plazo y llevada por intereses de los ciudadanos alemanes, perspectiva que choca con las consecuencias monetarias de la integración europea como ya lo hubiera comprobado en 1994 el Instituto de Demoscopia en Allensbach: criterios de convergencia, ayudas financieras para los estados miembros, pago de las

contribuciones, subvenciones agrarias y plazos de transición económicos son los respectivos tópicos. Nada de esto afecta a la actitud a largo

plazo, cuya sustancia reside en el reconocimiento de la diversidad cultural, la tradición y la unión de pueblos antes enemistados entre

sí. Ambos polos, interés e ideal interesan mucho a la población, pero conciliar ambas partes significaría verdadera diplomacia. Pero esto no se consiguió ni con la clara posición de Alemania con respecto a la guerra de Irak ni con la posterior iniciativa de un club de intelectuales en torno a Jürgen Habermas, quien se afanara en cimentar el momento del nacimiento de una opinión pública europea de efecto duradero en la población. A pesar de que estos intentos estaban en concordancia con el espíritu de estos tiempos tenemos unos cuantos meses después un diagnóstico escueto: en Alemania la discusión sobre el futuro de Europa se ha dormido antes de tiempo por una sobredosis de ideal. De manera muy insistente se exigía allí, por diferentes motivos, una identidad cerrada sin que a esto hubiera correspondido un consenso estable sobre cuáles intereses son aplicables en una Alemania europea o en una Europa conformada en gran parte por Alemania. Especialmente en la crisis del que fuera durante mucho tiempo un régimen de prosperidad ejemplar se puede apreciar que unas gestiones caducas de reformas no pueden ser eliminadas definitivamente por proclamaciones de libertad de política exterior. Al contrario, ambas están más unidas que antes. Conciencia propia y compromiso de política exterior, gestiones de reforma internoalemanas y un proyecto de constitución son los dos lados de un mundo interdependiente en el que se espera permanentemente de Alemania que compruebe si sus logros pasados son aún apropiados para los retos actuales. Sólo así puede definir activamente su sitio en la estructura transatlántica más allá de gestos patéticos.

Problemas alemanes problemas europeos

Para salvar el abismo que media entre los intereses políticos internos y el ideal político europeo es necesario tener presente los numerosos

paralelismos que existen entre los dos planos. Así vemos que la compacidad de normas, negligencia y falta de transparencia, de la cual

se advierte frecuentemente en procesos europeos decisivos, tienen su triste correspondencia a nivel alemán en las excrecencias burocráticas del sistema tributario y en una práctica de subvenciones dominada por intereses de lobby. Para finales de 2004 también se pretende conseguir con la comisión de federalismo creada por el Bundestag (Parlamento Alemán) lo que para Europa podría valer como una guía: crear un federalismo capaz de actuar con un claro reparto de competencias y una organización financiera. Las líneas conflictivas por exigencias salariales entre sindicatos y patronales, protección por despidos y un manejo conyunturalmente más flexible de la autonomía de tarifas seguirán preocupando los medios de comunicación como temas permanentes hasta que se haya cristalizado lo que hoy llamamos justicia social.

Pero también más allá de consideraciones puramente económicas la estimación de la sociedad de valores alemana es de un significado que traspasa las fronteras. Con el desarrollo de la edad y un avance constante en la tecnología médica se abrió un nuevo debate sobre la

eutanasia y si la duración de la vida humana no debiera ser devuelta al poder de disposición del hombre. También la ministra federal de justicia Brigitte Zypries dio un empuje a las tendencias de liberalización y secularización al definir qué era el comienzo de la vida humana, es decir de vida humana que se deba proteger jurídicamente. Además, es alarmante que los asuntos espinosos en torno al diputado federal de la CDU (Unión Democratacristiana) Hohmann y su exclusión de la fracción dejara dudas inquietantes sobre el número de aquellos que hacen caso de forma abierta o en secreto a su falsificación antisemita de la historia.

Los fenómenos mencionados son extractos de un amplio gabinete de figuras de cera de escenarios sociales en los que los alemanes están llamados a revisar su codificación cultural de información y su sedimento en la ciencia, religión, moral, arte y política. Lo que será decisivo es si Alemania se verá como un creador activo de este cambio o se verá atada a una necesidad objetiva que constantemente amenaza con cambiar a actitudes reaccionarias: normalización de la convivencia

social, fundamentalismo, conservadurismo. Pero si la política alemana puede conducir este movimiento, entonces la esperanza de que de la dialéctica sobre crisis y reforma surja un patrón para los socios de la UE y para los nuevos no es del todo absurda. Entonces Alemania no necesitará decir exactamente como Europa de forma clara nosotros, lo cual siempre trae consigo una connotación rancia por ser seudo histórica.

La UE sólo puede sacar provecho y aprender de una Alemania próspera ya que, considerando todas las diferencias, los retos políticos llevan

siendo desde hace tiempo los mismos.