Alepo es la Guernica del siglo XXI

Artículo publicado el 13 de Octubre de 2016
Artículo publicado el 13 de Octubre de 2016

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El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean Marc Ayrault, habló la semana pasada en el Instituto de Estudios Políticos de París a propósito del tema de la crisis siria. Se refirió a Alepo como la Guernica del siglo XXI.

Siria es un país mártir. La ciudad de Alepo bien podría convertirse en el símbolo de esta crisis que todavía producirá más efectos catastróficos, bien podría convertirse en la Guernica del siglo XXI.

Ante esto, ¿qué elección le queda al pueblo sirio?

- La huida. A eso es a lo que están asistiendo desde hace cinco años los países vecinos y Europa: un país con casi la mitad de su población obligada a huir al exilio o desplazada a algún campo de refugiados.

- La muerte. Y los muertos se cuentan ya por cientos de miles en este conflicto que se compara con las guerras más sangrientas del siglo pasado.

- La radicalización. Es lo que se produce desgraciadamente por parte de algunos grupos rebeldes que, frente a la violencia sistemática de Bashar Al Assad, terminan por acercarse a grupos terroristas. Es un círculo vicioso que los apoyos de Damasco alimentan con conocimiento de causa para conducir a Siria a un macabro enfrentamiento entre dos barbaries: la del régimen y la del terrorismo.

Ni el régimen de Al Assad, ni el Dáesh, ni el Frente al-Nusra, la filial siria de Al Qaeda, se hartan de aplicar un principio mecánico y salvaje: la eliminación de la población que piensa de forma diferente, que reza de forma diferente o que les molestan porque simplemente están en el sitio equivocado. Es el espectáculo bochornoso de la peor crueldad de la que el hombre es capaz. Ocurre en Siria, al otro lado del Mediterráneo.

¿Y qué hemos hecho nosotros por este conflicto que dura ya cinco años? No nos hemos implicado lo suficiente de una manera colectiva, hay que atreverse a reconocerlo, y yo lo hago delante de vosotros. La paz podría haber vuelto si - colectivamente, lo repito - hubiésemos sabido crear una coalición lo suficientemente fuerte como para asestar un duro golpe a los autores del ataque químico de Guta, en el verano del 2013. En aquel momento, nosotros, los franceses, lo deseábamos. Pero algunos consideraban este conflicto como algo muy lejano y no suficientemente ligado a intereses vitales. Estados Unidos dudó. Los británicos renunciaron. Nosotros ayudamos desde entonces a las consecuencias de esas dudas. La guerra en Siria ha generado un flujo masivo de refugiados que se han convertido en nuestro problema y ha propiciado la emergencia de un nido de terrorismo internacional sin precedentes que sirve de base de retaguardia o de fuente de inspiración para perpretar atentados en todo el mundo.

Hoy en día, la guerra de Siria le sirve a Rusia para afirmarse como potencia, para mostrar su capacidad de plantar cara a una coalición que no se dirige en ningún caso contra ella. Pero Rusia, apoyando y alentando a Al Assad, se arriesga no solo a ser cómplice de crímenes de guerra sino que, además, contribuye a desestabilizar al resto de Oriente Medio, a Turquía, a Europa e incluso podría acabar por desestabilizarse ella misma.

Y aquí en París, a quienes nos dicen desde hace meses que basta con ponerse del lado de Moscú para arreglar el problema sirio, les respondo: os equivocáis. Mirad el resultado de los esfuerzos de John Kerry que ha intentado, sin descanso y con sinceridad, negociar una tregua con el ministro de Asuntos Exteriores ruso Sergueï Lavrov, a cambio de la cooperación en la lucha contra el Frente al-Nusra. Esa tregua solo ha durado unos días ya que el régimen sirio ha retomado su marcha hacia Alepo, con el consentimiento y la ayuda de Rusia e Irán.

Hay que tener el coraje de reconocer que el mundo se enfrenta, en Siria, a una de las peores situaciones que se haya conocido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Hay por tanto que resignarse o enfrascarse - y dejar a Moscú enfrascarse - en una nueva confrontación en la que los márgenes de cada imperio se sacrificarían de nuevo según la voluntad de las grandes potencias?

Siria ya no puede esperar. Nosotros ya no tenemos que esperar. Es necesario que cesen los combates, en primer lugar en Alepo. Esto es lo que estamos intentando conseguir en este momento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, reunido en este preciso momento. La semana pasada propuse también, en Nueva York, un mecanismo de control para asegurar un seguimiento colectivo del alto el fuego, el único capaz de crear la confianza que tanto se necesita. Es preciso que la ayuda humanitaria llegue a la población, una población necesitada desde hace meses; y, a continuación, que se retome un proceso político con el fin de que Siria pueda darse la oportunidad de tener un futuro en paz. Ese futuro es posible. Es necesario si queremos que la comunidad internacional concentre todas sus fuerzas en la lucha contra el terrorismo.

Es el momento de la verdad del mundo para con Siria . El equilibrio de las potencias en el mundo y el futuro de nuestro sistema internacional están también en juego.