Alex Taylor: sobre el gusto por la lengua

Artículo publicado el 18 de Febrero de 2014
Artículo publicado el 18 de Febrero de 2014

Profesor de inglés, periodista multilingüe, productor en una emisora europea, artista... Si Alex Tay­lor ha podido llevar tantas vidas a la vez es sobre todo porque habla varios idiomas, «fuente de creatividad que predispone al asombro perpetuo». Entrevista en el domicilio de este políglota con facilidad de palabra que debe su carrera a Sadam Husein y su amor por Europa a un cruasán.

Nos re­ci­be des­cal­zo, en su pre­cio­so dú­plex de Cha­te­let, en pleno cen­tro de París. Hace 20 años que vive aquí. Sin em­bar­go, Alex re­mo­lo­nea entre cajas en­tre­abier­tas mien­tras nos ex­pli­ca que se está pre­pa­ran­do para mu­dar­se, segura­mente a Saint-Paul, en el ba­rrio pa­ri­sino de Le Ma­rais. En el salón, el im­po­nen­te te­le­vi­sor de pan­ta­lla plana emite con­ti­nua­men­te no­ti­cias a tra­vés del canal Sky News y hace que la ha­bi­ta­ción pa­rez­ca vacía, amue­bla­da so­bria­men­te con un sofá an­gu­lar y una mesa de co­me­dor sobre la que des­ta­can los res­tos del desa­yuno. Aún está ador­mi­la­do tras una pre­ci­pi­ta­da sies­ta, de modo que se dis­cul­pa va­rias veces por la brus­ca en­tra­da en ma­te­ria y nos ase­gu­ra que sus ojos can­sa­dos son los es­tig­mas de una fies­ta dada por el banco, más que el re­sul­ta­do del aná­li­sis de pren­sa eu­ro­pea que mo­de­ra cada día en la emi­so­ra Fran­ce Inter, a las 06.45 a.m. Alex des­a­pa­re­ce para pre­pa­rar té; con un poco de leche para él y solo para no­so­tros. Se des­cu­bre otra pers­pec­ti­va desde la que en­fo­car las re­la­cio­nes fran­co­bri­tá­ni­cas.

LOS IDIO­MAS COMO SA­LI­DA DE EMER­GEN­CIA

Mien­tras aco­mo­da sus dos me­tros de al­tu­ra en el sofá, Alex co­mien­za a echar pes­tes con­tra los que le piden que lo tra­duz­ca todo. "Ayer por la noche me pre­gun­ta­ron cómo se dice en in­glés 'es un guiño a Fran­cia'. Yo, con las equi­va­len­cias entre len­guas, ya he ti­ra­do la toa­lla". Así co­mien­za su libro, Bou­che bée, tout ouïe (2010), con una es­ce­na en la que unos ami­gos le piden que tra­duz­ca asap plea­se, la ex­pres­ión "ha pa­sa­do un ángel". Muy duro. Y sor­pren­den­te, ya que po­dría de­cir­se que Alex Tay­lor se ha ren­di­do a la causa lingüís­ti­ca. Aman­te de­cla­ra­do de las len­guas, este in­glés na­ci­do en Cor­nualles habla 6 idio­mas con flui­dez. "A veces digo que hablo 28, ¿sabes?", pun­tua­li­za, con un ac­ento de­li­cio­so. "Es que me he dado cuen­ta de que la gente se queda de­cep­cio­na­da cuan­do le digo la ver­dad". Du­ran­te los 30 años que lleva en París y al­gu­nos más que ha de­di­ca­do a Ber­lín, Alex ha a­prendido ita­liano, es­pa­ñol y neer­lan­dés. "Por pla­cer", nos dice, con tono de estar di­cien­do algo evi­den­te. Para él, "vivir la vida en una len­gua que no es la pro­pia pre­dis­po­ne al asom­bro per­pe­tuo". Justo el día an­te­rior a nues­tra en­tre­vis­ta, una buena mujer le sor­pren­día sol­tán­do­le un "de im­pro­vis­to". Tiene claro que una len­gua ex­tran­je­ra es siem­pre "una fuen­te de crea­ti­vi­dad ex­tra­or­di­na­ria".

Pese a las 244 pá­gi­nas que Alex de­di­ca en su libro a ese es­ta­do de asom­bro per­ma­nen­te, los idio­mas no hacen más que sor­pren­der­le. De hecho, han lle­ga­do a sal­va­rle la vida. A sus 56 años, Alex con­fiesa que aún pien­sa en el apren­dizaje de una len­gua ex­tran­je­ra como "una sa­li­da de emer­gen­cia, un pa­sa­por­te que me per­mi­tió salir de Cor­nua­lles, ese rin­cón de In­gla­te­rra donde no podía que­dar­me, ya que nadie allí me com­pren­día". Por­que es gay y por­que, en los años 80, Gran Bre­taña era uno de los peo­res lu­ga­res para salir del ar­ma­rio. Alex in­clu­ye esta frase en uno de los pri­me­ros ca­pí­tu­los de Bou­chée Bée, tout ouïe: "Aban­do­né la per­ver­si­dad a la que me pre­dis­po­nía mi tan bri­tá­ni­ca in­fan­cia para apren­der a amar (...) nues­tro des­lum­bran­te con­ti­nen­te".

SO­DO­MA Y GO­MO­RRA

Con la es­pal­da de­re­cha y una son­ri­sa en los la­bios, en­vuel­to en un aire de ga­llar­día cier­ta­men­te bri­tá­ni­co, Alex nos suel­ta mien­tras nos mira de reojo: "Re­co­no­ce­réis que mi amor por el fran­cés es to­tal­men­te cir­cuns­tan­cial". Tras ter­mi­nar sus es­tu­dios en Ox­ford, Alex des­em­bar­có con 27 años en una Fran­cia so­cia­lista que ce­le­bra­ba en el año 81 la vic­to­ria por la crea­ción casi in­me­dia­ta de Fré­quence Gaie, la pri­me­ra radio gay del mundo. Allí mo­de­ró al­gu­nos pro­gra­mas de radio y dio cla­ses de in­glés en el ins­ti­tu­to mien­tras ton­teaba con un joven fran­cés. Al mismo tiem­po, y solo a unos cien ki­ló­me­tros, Mar­ga­ret That­cher apro­ba­ba una de las leyes más ho­mó­fo­bas del mundo. "Tenía 27 años y vivía en un país donde todo era po­si­ble".

Sin em­bar­go, nues­tro emi­gran­te pasó un tiem­po en Ber­lín, de 2005 a 2011, "cuan­do to­da­vía nadie sabía que mo­la­ba vivir allí". En Ale­mania, Alex co­men­zó a ir de dis­co­te­cas y se en­gan­chó a la droga. "Ter­mi­né con mi vida de mu­cha­cho", dice. Tiene culo de mal asien­to, y ello se debe, pa­ra­dó­ji­ca­men­te, a su "in­fan­cia, tan bri­tá­ni­ca". En los años 60, sus pa­dres le en­via­ron de cam­pa­men­to por Eu­ro­pa. "To­da­vía me acuer­do de mi pri­mer crua­sán en Bru­se­las, él fue el que me des­per­tó el gusto por Eu­ro­pa", nos cuen­ta. Un gusto que puso de ma­ni­fies­to en Conti­nen­tales, un pro­gra­ma de te­le­vi­sión de­di­ca­do a las len­guas y al Viejo Con­ti­nen­te. Este pro­gra­ma le con­ce­dió a Alex algo de no­to­rie­dad, sobre todo des­pués de que una ma­ña­na él fuera el único en anun­ciar la in­va­sión de Ku­wait por las tro­pas de Sadam Hu­sein en 1990. "¡Le debo mi ca­rre­ra!", ex­cla­ma, to­tal­men­te en serio. 

por es­cri­to, en fran­cés

Hoy en día, en 2014, Alex Tay­lor ya no es ese eu­ro­peo or­gu­llo­so de los 90. "Estoy can­sa­do", ad­mite. "Ahora lo que quie­ro es pe­dir­les a los demás que lu­chen". Aun­que pro­ba­ble­men­te no se lo pe­di­rá a los me­dios de co­mu­ni­ca­ción an­glo­sa­jo­nes, a los que Alex tacha de eu­ró­fo­bos mien­tras se­ña­la su te­le­vi­sor. Por otra parte, por si a caso los con­ser­va­do­res se atre­ven a con­vo­car un re­fe­rén­dum para la sa­li­da de Eu­ro­pa del Reino Unido, una pe­ti­ción de na­cio­na­li­dad fran­ce­sa pre­si­de su es­cri­to­rio. "La pe­di­ría al ins­tan­te. Si se re­ti­ran, ya no ten­dré de­re­cho a que­dar­me aquí".

A lo largo de las pá­gi­nas de su úl­ti­mo libro, pu­bli­ca­do el 3 de fe­bre­ro y ti­tu­la­do Quand as-tu vu ton père pour la der­nière fois?, Alex se re­pi­te a me­nu­do que "ya no tiene nin­gu­na razón" para vol­ver a su país. Pen­sa­do sobre el tema del des­arrai­go, la obra está en reali­dad de­di­ca­da a su padre, que murió en marzo de 2013. "Es­ta­ba en la es­ta­ción de St. Pan­cras, en Lon­dres, y me dije que cuan­do él fal­ta­se, ya ha­bría cor­ta­do todos mis lazos con mi país", nos con­fía de ma­ne­ra re­po­sa­da. Este tipo de con­fe­sio­nes las es­cri­be en fran­cés. Co­men­zó a ha­cer­lo en su pri­mer libro, Jour­nal d’un ap­prenti per­vers, en el que re­la­ta de una ma­ne­ra par­ti­cu­lar la muer­te de su ex­no­vio, en­fer­mo de sida y fa­lle­ci­do en sus bra­zos a los 39 años. "Cuan­do uno es­cri­be un libro tan per­so­nal como ese, hay que ex­po­ner­se. Y pre­fie­ro ha­cer­lo en fran­cés, para man­te­ner en cier­to modo la dis­tan­cia".

Sin ata­du­ras, Alex Tay­lor es sobre todo al­guien irre­du­ci­ble. "Me mo­les­ta so­bre­ma­ne­ra que me pre­sen­ten como un pe­rio­dis­ta bri­tá­ni­co", afir­ma mien­tras nos mira con ojos se­ve­ros. Está bien, un hom­bre que ha vi­vi­do va­rias vidas pre­fie­re la eti­que­ta de eu­ro­peo. Y el gusto por lo demás. 

LEER : 'Bou­che Béé, tout ouïe' (2010) EDI­CIÓN DE Jean-Clau­de Lat­tès Y 'Quand as-tu VU ton père pour la der­nière fois?' (3 DE FE­BRE­RO DE 2014), EDI­CIÓN DE Jean-Clau­de Lat­tès.