Alexis Tsipras, la elección imposible

Artículo publicado el 24 de Junio de 2015
Artículo publicado el 24 de Junio de 2015

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[OPINIÓN] Mientras que la recuperación económica se desarrolla en el seno de la eurozona, Grecia todavía se encuentra inmersa en una crisis que parece no tener fin. La principal razón: la obstinación del gobierno de Alexis Tsipras, líder de la izquierda radical en el poder, que se niega a liberalizar la economía de su país en detrimento de una potencial mejora socioeconómica.

Defender a los griegos cueste lo que cueste. Aunque haya que ir contra los tratados europeos que firmaron sus predecesores tiempo ha. Ésta ha sido la filosofía del candidato Tsipras durante la campaña electoral de enero de 2015. Su línea de conducta política permanece intacta tres meses después de su victoria para el cargo de primer ministro. De esta manera, el jefe del partido de izquierda radical Syriza tenía la esperanza, una vez llegado al poder, de denunciar y combatir la austeridad impuesta según él por Bruselas. Alexis Tsipras pretendía adoptar una política completamente opuesta a la de su predecesor, Antonis Samaras, acusado de someterse a la Troika (el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo). Si bien ha tenido éxito en ciertos aspectos, parece que tendrá que modificar su línea política en caso de que desee volver a poner en marcha la economía griega.

Grecia atraviesa una «crisis humanitaria»

Que quede claro: independientemente de cuáles sean las razones de la coyuntura actual (una deuda pública superior al 170 % del PIB, es decir, unos 320 millones de euros) y los responsables (Grecia y la Comisión se culpan entre sí), los griegos son los primeros afectados por la situación. Es por ello que el programa electoral del actual primer ministro (el programa de Tesalónica) se articula alrededor de dos componentes fundamentales: por un lado, la reactivación de la economía del país; por el otro, la gestión de la “crisis humanitaria” en beneficio de las clases populares. Fiel a su estatus radical de izquierda antiausteridad, Alexis Tsipras deseaba así apoyar a los griegos a golpe de políticas económicas y sociales, dentro de las cuales la revalorización del salario mínimo y la reforma de las pensiones deberían ser dos medidas indiscutibles. Pero mira por donde, tras casi cien días al frente del Estado, no se ha conseguido nada de ello. Aún peor: Syriza todavía no ha conseguido entenderse con sus acreedores, especialmente con la Unión Europea.

Si resulta normal que el primer ministro desee poner en funcionamiento el programa por el que lo eligieron, parece lógico que, de la misma manera, la Comisión pueda dar su opinión, como acreedora que es, acerca de la política helena. La UE, por otra parte, ha prestado perfecta atención a Tsipras al hablar de la coyuntura de su país y de la de los griegos: si la situación se mantiene tensa entre los protagonistas, Bruselas no duda en conceder tiempo a Atenas para que se apliquen las reformas deseadas y, a cambio, que se desbloquee la ayuda financiera de 7,2 millones de euros. Sólo que la paciencia de los acreedores tiene sus límites: «La fecha límite de verdad, ahora, es a finales de junio, cuando expira el segundo plan de ayuda», según una fuente europea. Esto quiere decir que los griegos no olerán los 7,2 millones de ayuda si Alexis Tsipras no dirige sus pasos hacia las reformas que la Comisión Europea desea.

Un 50 % de parados entre los menores de 25 años

Fundamentalmente económicas, éstas resultarán más beneficiosas para los ciudadanos a largo plazo. Para el gobierno, consistía en aceptar abrir las fronteras del Estado al capital extranjero, mientras que la inversión nacional acusa un atraso inquietante. Hasta ahora, Alexis Tsipras ha optado por no desviarse de su línea político-económica, calificando el sector privado como nefasto para los intereses de los griegos. Sin embargo, es justo lo contrario. Al aceptar recurrir a la inversión, extranjera en su mayoría, el Estado heleno mataría dos pájaros de un tiro: la economía y el crecimiento se repartirían al alza, las finanzas públicas se sanearían y, en última instancia, el gobierno podría acudir en ayuda de las clases bajas gracias a las reformas que recibirían financiación. Antonis Samaras lo había comprendido a la perfección al haber provocado una oleada de liberalización de la economía en 2014. Por otro lado, el Puerto del Pireo, cerca de Atenas, se había privatizado en parte (alrededor del 67 %) antes de que Syriza, ya en el poder, mandase al garete el proyecto. Recientemente, se ha retractado.

Las autoridades griegas han reanudado finalmente el proceso de privatización de estas infraestructuras económicas. Aunque las partes ofertadas son menores (51 %), conviene sin embargo felicitarse de «esta decisión que va en la dirección correcta», se indica a la Comisión. ¿Se ha pasado Alexis Tsipras a la escuela liberal? Permíteme que lo dude. Las demandas internacionales abundan sin éxito. Así, el grupo emiratí especializado en construcción naval, Abu Dhabi MAR, ha multiplicado las tentativas de enfoque para la reanudación del emplazamiento del Skaramangas, todavía sin respuesta. ¿Un consorcio internacional desea comprar de nuevo el aeropuerto en desuso de Hellenikon con el fin de construir una ciudad balneario para el turismo? «Una operación criminal», se espeta en Atenas. Resultado: la evolución de las inversiones directas extranjeras (IDE) se encuentra a media asta tras haber remontado la bajada entre 2010 y 2014. Y la situación económica se desploma.

Mientras que la reanudación se hace notar en el seno de la eurozona, Grecia todavía se halla estancada en la agonía de la crisis: el paro aumenta hasta el 28 % (50 % entre los menores de 25 años), siendo la tasa más elevada de la UE. La izquierda al poder tiene, no obstante, todas las opciones disponibles. Según Anthony Zolotas, director general de Eurofin, un grupo de asesoría financiera, «las construcciones navales y el turismo son dos fuentes principales de ingresos del país», así como los dos principales generadores de empleo. Tsipras está ante un dilema de difícil solución, a menos que tenga un poco de valentía política: respetar las promesas de campaña al perseverar en un exceso de proteccionismo que la prueba de fuego ha revelado ser nocivo para sus conciudadanos o traicionar su hoja de ruta pero ofrecer una bocanada de oxígeno a una población exhausta. Un nudo gordiano que habrá que terminar cortando y esperemos que en el buen sentido.