Ali Lmrabet, la lucha por la libertad de expresión

Artículo publicado el 14 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 14 de Mayo de 2006

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Símbolo de la lucha por la libertad de expresión después de su encarcelamiento y huelga de hambre, el periodista marroquí Ali Lmrabet está dispuesto a continuar con su cruzada. Con una única arma: la palabra.

La facilidad con la que contactamos y conseguimos la cita con un periodista de la trayectoria de Ali Lmrabet es todo un lujo. Quedamos un sábado por la mañana en una pastelería céntrica del Eixample, un barrio barcelonés. Mientras pedimos los cafés, Ali repasa los dos periódicos que lleva bajo el brazo. Le sirven un espresso descafeinado, que irá saboreando a lo largo de nuestra conversación.

Es empezar y nos lanza la primicia: está a punto de dejar Barcelona, donde vive con su familia, y volver a Marruecos indefinidamente. Y es que allí tiene “compromisos con mucha gente”, dice. Como miembro de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos y tenaz luchador por la libertad de expresión en su país, Lmrabet cree que debe “volver allí y escribir sobre lo que pasa”, porque quedarse en Barcelona “sería como estar huyendo”. Acusado de difamación por publicar que los saharauis de los campamentos no son secuestrados sino refugiados, ha sido inhabilitado por el régimen alauita para ejercer el periodismo en un medio de comunicación nacional durante 10 años. Pero eso no le impedirá trabajar desde Marruecos, porque irá como corresponsal del diario español El Mundo.

Estamos ante un culo inquieto, un periodista combativo que se aburre con la vida tranquila de Barcelona. En el 2003, cuando dirigía los semanarios satíricos Demain Magazine y Doumane, fue condenado a tres años de prisión acusado de ultraje al rey, ofensa a la monarquía y a la integridad territorial de Marruecos. ¿Los motivos? Caricaturas de unas fotos del monarca, un fotomontaje, la reproducción de una entrevista a un antiguo disidente republicano marroquí publicada por un diario español y un artículo sobre el presupuesto de la Casa Real marroquí. Las dos huelgas de hambre que llevó a cabo, denunciando las condiciones de la cárcel y pidiendo que se lo considerara un preso político y de opinión, lo convirtieron en un icono mundial de la lucha por la libertad de expresión.

Después de siete meses en prisión y como consecuencia de la presión internacional, llegó el indulto del rey. En 2005, sin embargo, cuando el periodista se disponía a lanzar nuevos proyectos, una nueva acusación lo mantiene lejos de ejercer su profesión en Marruecos. Pero regresa, porque en esta “monarquía bananera sin libertad de expresión” hay mucho por hacer. “Después de su experiencia, ¿todavía cree que es posible la prensa independiente en Marruecos?”, le preguntamos. “Por supuesto, y es una esperanza para democratizar el país, porque la libertad de un país pasa por la libertad de expresión”. De hecho, él regresa sabiendo que puede volver a ser encarcelado, ya que “un régimen que no respeta nada, ni sus propias leyes, ¿por qué me iba a respetar a mí?”, se pregunta. Un camino difícil que escoge gente comprometida como Lmrabet, que, después de renunciar a su trabajo de diplomático, se topó con el periodismo por casualidad, cuando un amigo que dirigía un semanario y que no había recibido un artículo, le pidió que escribiera algo urgente.

“Europa no conoce el Magreb”

La conversación con Lmrabet es apasionante. Con voz serena y de manera ágil, combina pinceladas de la actualidad de Marruecos con datos históricos y culturales con el propósito de dibujarnos la realidad de este país que tan bien conoce. Pero la hora de los desayunos va dejando paso a los menús del mediodía y la sala hasta ahora serena empieza a llenarse de gente. Casi ya hemos acabado los cafés cuando conseguimos dar un giro a la conversación y hablar de las relaciones entre Europa y el Magreb. Lmrabet lo tiene muy claro: “El Magreb no conoce a Europa, ni Europa conoce al Magreb”. Y el Mediterráneo, “más que un mar, es un océano entre dos mundos que se desconocen mutuamente y que más que acercarlos, los separa”. En Europa se habla mucho de la situación de la orilla sur, pero se hace desde la ignorancia. Discrepa profundamente cuando los políticos europeos afirman que Marruecos está viviendo una época aperturista con el nuevo rey, Mohamed VI. “No sé si es cinismo u oportunismo, cuando algunos políticos como el presidente español José Rodríguez Zapatero dicen que en Marruecos se están consolidando las libertades y la democracia”.

Alianza de incivilizados

Las críticas a la política exterior española siguen con la Alianza de Civilizaciones, propuesta del presidente del gobierno español ante la ONU para promover el diálogo entre Occidente y el mundo árabe y musulmán, una “buena iniciativa sin contenido, con ideas lanzadas al aire que los medios han ampliado”. La pregunta que se plantea el periodista es con quién se hará esta alianza “¿Con Mohamed VI? ¿Con Gadaffi? ¿Con Ben Alí? ¡Quieren hacer una alianza de civilizaciones con gente no civilizada!” La propuesta de Lmrabet es totalmente diferente: debe hacerse con los pueblos y los organismos civiles que los representen.

La UE también acapara reproches. Según el periodista, en el caso de Marruecos “no sólo no ayuda a su democratización, sino que protege y sostiene esta monarquía no democrática”. Nos explica que el propósito de la UE es contener los movimientos extremistas islamistas, pero que ya es demasiado tarde: El “islamismo no se puede contener porque no es ajeno al pueblo”. Es más, “tiene derecho a existir si acepta las reglas del juego: democracia y libertad de expresión”. Una vez más, Lmrabet nos demuestra que es partidario del diálogo y del respeto de todas las ideas, por distantes que sean de las suyas.

Parece mentira, pero ya llevamos casi una hora y media de conversación y ahora el ruido a nuestro alrededor nos dificulta seguir. Sin embargo, él no acabaría nunca y sigue enlazando anécdotas y comentarios mientras avanzamos hacia la salida. Nosotras y Barcelona nos despedimos de este periodista y luchador por las libertades que regresa a su país, al cuál siempre estará ligado. Nos lo explica citando una frase del Il Gatopardo de Lampedusa: “Si los exiliados salen de su país después de los 18 años, ya nunca se adaptarán a ningún otro sitio y serán exiliados toda la vida. Yo salí un poco tarde, a los 19, y seré marroquí para siempre”.