«Amanda Knox»: el cambio de papeles en una caza de brujas del siglo XXI

Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2017
Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2017

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After eight years, two convictions and two acquittals, Amanda Knox is free. Since that November night in Perugia that lead to the tragic death of Meredith Kercher, the media has pored over Foxy Knoxy’s every expression, emotion and reaction. A recently released Netflix documentary provocatively flips the script, and puts the media and Italian police on trial. 

«Entonces, ¿lo hizo?»

Esta es la pregunta que mis amigos no pueden evitar hacerse después de ver este documental de 90 minutos y lleno de suspense que abre una pequeña ventana al mundo interior de la sospechosa de asesinato más desprestigiada del siglo XXI. Supongo que la pregunta es de esperar. Cada vez que el caso aparece en la prensa, que está hambrienta de escándalos, los ojos de los lectores brillan con intriga lasciva frente a la historia de la femme fatale que asesinó a su compañera de piso durante un juego sexual con final sangriento en un pintoresco pueblo de Italia.

Claro está que se trata de una fantasía mediática. Estamos ante una especulación morbosa y siniestra provocada por una investigación desacreditada por contaminación de ADN, una escena del crimen que no se restringió correctamente, y por último, pero no menos importante, una investigación en la que el Tribunal Supremo logró derogar el proceso fiscal. El problema fue que el mundo entero se lo creyó, todos picaron el anzuelo.

Al ver a Amanda Knox detallar los acontecimientos de su desafortunado semestre en Italia, su normalidad te deja anonadado: desde el rubio apagado de su pelo a la simplicidad de su jersey rosa. Como si suplicara a cámara y, por ende, a nosotros, la despiadada audiencia que se tragaba todas las historias de la dominatriz demoníaca de Seattle, Amanda no tarda mucho en acabar entre lágrimas recordando su primera noche en la cárcel y los ruegos desesperados por su madre. Como describe ella en la inquietante escena del inicio: «O soy una sicópata con piel de cordero… o soy tú».

Pero fue la historia de la reina de hielo obsesionada con el sexo lo que desató la ruina de Knox. El documental recorre su transformación de estudiante universitaria de Washington a «Foxy Knoxy »: una chica promiscua, dueña de juguetes sexuales que besaba a su novio de forma «inapropiada» después de descubrirse el cuerpo de Kercher. Era una historia tan absorbente que logró eclipsar las dudosas pruebas de ADN en las que el caso se basó de forma fortuita. Esto es lo que resultó tan problemático a la hora de controlar el caso: el mito misógino de la mujer malvada que estaba tan implicada que hizo plausible un proceso fiscal ridículo. Finalmente, todo desembocó en cuatro años en la cárcel italiana y una vida entera de constantes indagaciones mediáticas sobre Knox.

En represalia, el documental interroga con determinación a los arquitectos de la ruina de Knox en una entrevista en la que el acusador se convierte en acusado. Por un lado tenemos a  Nick Pisa,  un periodista del Daily Mail que consiguió la exclusiva en primicia sobre el «sospechoso» comportamiento y estilo de vida de Knox y, por otro, a Giuliano Mignini, el incompetente fiscal de pueblo convencido de la culpabilidad de la chica y que se creía el Sherlock Holmes italiano (complete la imagen con una pipa y una arrogancia innecesaria).

Mientras se van conociendo los detalles de la investigación, es difícil ignorar la incredulidad sobre la versión salvaje sobre un juego sexual de Magnini, de las cuales no hay pruebas físicas, motivos o testimonios. Aprovechando su repentina aparición en el mundo mediático global y armado solamente con una sicología barata popular, Magnini insistió en que Meredith había ofendido a Amanda al juzgar su «falta de moral», lo que provocó que Amanda apuñalara a su compañera mientras los hombres la observaban.

Según Magnini, Meredith era «completamente diferente» a Amanda, una «chica desinhibida» que «llevaba muchos chicos a casa» y que tenía problemas con la autoridad. Se volvió evidente que  a pesar de que Magnini asegurara que luchaba por hacer justicia a Meredith, también la trató como un prototipo en su disparatada historia: la bella Madonna contra la zorra de Amanda. Nick Pisa admite descaradamente que los medios de comunicación se aferraron a esta historia de «intriga sexual, chica mata a chica, como quiera llamarlo».

Es en ese momento cuando te das cuenta de que ambas fueron víctimas de las burdas distorsiones de los medios: Amanda, considerada presunta culpable debido a su personalidad distanciada del prototipo aceptable de feminidad, y Meredith, cuya trágica muerte se sexualizó descaradamente para vender ejemplares. Se pasaron por alto detalles, se ignoraron pruebas y los medios continuaron sacando dinero de fantasías a costa de los verdaderos hechos.

Aunque el documental haya recibido críticas por no investigar más a fondo el problema espinoso de la ineficacia policial y el cuestionable sistema judicial, cuenta una historia de misoginia de una forma ingeniosa, una historia sobre un circo mediático y una caza de brujas del siglo XXI. Sin olvidar que también permite a Knox dar su versión y opinión sobre un debate continuo del cual se la ha excluido y considerado culpable constantemente. A pesar de la cuestionable decisión de incluir grabaciones de vídeos originales del lugar del crimen, por lo general, el documental es sofisticado y tajante en su crítica a la fiscalía y a la cobertura de prensa que desembocó en el veredicto culpable de Knox.

Mientras que la ridícula investigación liderada por Magnini se pone en entredicho, el periodismo con falta de escrúpulos de Pisa también se considera igualmente culpable. Así mismo, se nos obliga a enfrentarnos a nuestro papel como audiencia en esta historia, al consentir el estado de culto del asesino y al participar en el circo mediático. Hacia el final de este documental pulido y agudo, comienzas a sentir que también se te ha puesto en un estrado, un lugar nada agradable.

Amanda Knox está disponible ahora Netflix