Ambiente preelectoral en Ucrania

Artículo publicado el 24 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 24 de Marzo de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Pasadas la elecciones en Ucrania; el presidente Yushenko ha perdido y podría verse obligado a reeditar una colición con Julia Tymoshenko.

El ambiente actual en Ucrania difiere mucho de la ola de optimismo que caracterizó a la Revolución Naranja. Los rápidos cambios que la gente esperaba no se han producido: las reformas avanzan lentamente y la economía se tambalea. Además de esto, la reciente crisis gasística con Rusia, durante la que un desacuerdo sobre el precio a pagar por Ucrania originó un corte en el suministro, condujo por segunda vez al colapso al gobierno de Yushenko. El domingo hubo un voto de castigo para Yushenko y Tymoshenko.

La reforma del sistema

Las reformas que tuvieron lugar el pasado enero fueron diseñadas para establecer nuevas vías que faciliten la cesión de ciertos poderes presidenciales al parlamento. Sin embargo, estas medidas acabaron por estancarse y desembocar en un comprometido punto muerto cuando el propio parlamento aprobó el principio de no confidencialidad tras el escándalo del gas que, sin duda, afectó de forma negativa a las relaciones del país con Rusia y la UE. El presidente Yushenko calificó la decisión de ilegítima, aunque por el momento no cuenta con los medios legales para recurrir esta resolución. Tendrá que esperar a que se cierre el proceso de formación de la Corte Constitucional, iniciado con la revolución pero aún incompleto.

Aunque en enero de 2005 se puso fin al desconcierto que en muchos aspectos suponía el mandato de Leonid Kuchma, su programa de reformas políticas se discute aún, en especial en lo referente –una vez más- a los asuntos de legitimidad. Este programa incluye la pérdida de ciertas capacidades de veto presidencial que serían transferidas al parlamento, a su presidente y al primer ministro. El Consejo de Europa, tras analizar la supuesta reforma, determinó que aunque no cabe duda de que Ucrania necesita un cambio, no es la senda anticonstitucional la que debe ser tomada.

El embotellamiento político no hace más que sumarse al general ambiente de decepción surgido tras la ruptura, el pasado septiembre, del “Equipo Naranja” cuando el presidente Yushenko destituyó a su primera ministra Julia Tymoshenko, y principal aliada en la lucha contra Lenid Kuchma. Tanto desde la propia Ucrania como desde Occidente se relaciona esta maniobra con los últimos “escándalos de privatización”, especialmente tras la promesa que Tymoshenko hizo de clarificar el proceso de privatización de la empresa Nikopol Ferroalloy Plant, compañía en la que coincidían intereses de varios grupos oligarcas.

Los resultados de las elecciones

La primera consecuencia de esta escisión ha sido un descenso del apoyo popular a los ex-aliados naranjas, que han bajado a la tercera posición y a un 17% de los sufragios emitidos, lo que perjudica principalmente tanto al presidente Víctor Yushenko y su partido, el Bloque Nuestra Ucrania, como a su ex-primera ministra Julia Tymoshenko, que no obstante ahora ocupa el segundo lugar con un 24% de los votos. Ambos ya se encuentran por debajo del nivel de popularidad del partido de Víctor Yanukovich, el Partido de las Regiones, perdedor de la mítica campaña presidencial de 2004, pero que ahora ha cosechado el 25% de los votos.

Todas las encuestas realizadas por diferentes instituciones como Inmind, el Centro Rozumkov o el Instituto de Sociología de Kiev vaticinaban una victoria del Partido de las Regiones, pero más amplia de la que al final se ha dado, seguido por el Bloque Nuestra Ucrania el partido de Yushenko. Por último, las encuestas otorgaban el tercer lugar al Bloque de Julia Tymoshenko, y ahí se han equivocado, protagonizando Tymoshenko la sorpresa de las elecciones. El Bloque Nuestra Ucrania, por su parte, tendrá que decidir con quién unirse en coalición; con su antigua aliada o con su antiguo rival.

Como el célebre politólogo Ucraniano Taras Kuizo apuntó, una nueva coalición naranja significaría un progreso democrático en el acercamiento emprendido con la Revolución Naranja hacia la OTAN y la UE, mientras que una hipotética alianza con el Partido de las Regiones comportaría un retroceso en los éxitos conquistados con la Revolución Naranja.

Resumiendo, no parece sencillo desprenderse del legado del régimen de Kuchma. Si las encuestan demuestran estar en lo cierto y Kuchma consigue llevar a cabo sus reformas políticas, los poderosos clanes oligárquicos regionales, fuertemente arropados por la población, pasarían a ocupar la mayoría de los asientos parlamentarios, anulando los logros democráticos de la Revolución Naranja.