Amor sin fronteras

Artículo publicado el 22 de Marzo de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 22 de Marzo de 2004

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Más allá de directivas europeas, el amor transnacional recorre Europa. Hecho anecdótico hace apenas 30 años, la eurogeneración parece estar lista para vivir el amor multicultural. Testimonios.

Haga la cuenta a su alrededor: encuestando a sus más cercanos acerca de su leyenda predilecta, más de la mitad contestará que “Romeo y Julieta”. Y en el caso de que decida sondear los deseos más poderosos de sus amistades, hallar el gran amor de su vida aparecerá siempre en el top 5 de sus anhelos.

Este amor, Carola, Aurélie, Omar, Erick, Marlène, Stéphane y Karen lo han encontrado. Son europeos, tienen entre 25 y 40 años y se insertan en la categoría que solemos denominar “parejas bi-nacionales”. Todo un puntapié a los valores tradicionales y a la regla dominante según la cual una unión debe desarrollarse en el seno de un mismo grupo social entre individuos procedentes de un mismo origen.

Ocaso del refrán «cada oveja con su pareja»

Desde 1985, los Acuerdos de Schengen permiten la libre circulación de ciudadanos entre los Estados Miembros de dicho espacio (los 15 de la Unión Europea con excepción del Reino Unido y de Irlanda). Aurélie eligió Alemania. Finalizados sus estudios, parte a Berlín como profesora de lengua francesa. Allí encontrará a Tobías. «Fue durante una fiesta; le traducía canciones de Serge Gainsbourg. Durante el conocido «Je t’aime… moi non plus», ¡nos besamos!». El primer encuentro resulta a veces sorprendente. ¡Carola se había disfrazado de gato! «Fue durante los carnavales de Barcelona. Había abandonado Francia recientemente para instalarme en esta ciudad y de pronto me encontré en una fiesta de inauguración de un piso. Levan, natural de Georgia, también acababa de desembarcar tras unos años en Londres. Al cabo de un mes ya vivíamos juntos». Primer obstáculo: la lengua. La mayoría de estas parejas hablan con preferencia la del país en el que se encontraron. Aurélie regresó a Francia, esta vez acompañada de Tobías. «Desde hace un año, Tobías aprende francés pero seguimos hablando alemán cuando estamos solos». Marlène, francesa de origen portugués y en la actualidad estudiante en el Reino Unido tras un breve paso por Alemania, va saltando del francés al inglés y viceversa con su pareja, ¡un italiano! Una mezcla que rompe con todos los rediles identitarios de cada cual. «Los dos somos extranjeros en Londres, los que nos coloca en pie de igualdad. El vivió durante 2 años en Francia y yo durante 6 en Berlín, con lo que la noción de nacionalidad se nos ha desdibujado, se nos ha convertido en algo más global». Una situación en la que se encuentran numerosas parejas, puntos comunes que podrían conformar una nueva identidad europea. Stéphane y Karen tienen 2 hijas: Lucía y María. Stéphane es francés, Karen es belga. Para ellos, la cuestión de la nacionalidad es casi accesoria. «Cuando nacieron nuestras hijas, decidimos otorgarles nacionalidad francesa, ya que habían nacido en Francia y que con toda probabilidad harían su vida en este país». No obstante, pueden plantearse problemas en caso de divorcio. Desde el 1 de Marzo de 2001, una normativa europea determina el tribunal competente con el fin de evitar sentencias contradictorias derivadas de los diferentes sistemas jurídicos de cada país. De este modo el divorcio y la custodia de los hijos serán conocidos por los tribunales del país de residencia de la pareja antes de separarse.

Abiertos a la diferencia

Omar y Erick, pareja gay hispano-belga y juntos desde hace 6 años, viven en Madrid. «Ya habíamos vivido en el extranjero con anterioridad. De modo que poseemos una visión política y social bastante parecida, condicionada por nuestras experiencias. La mayoría de nuestros amigos residen en el extranjero, las fronteras no significan demasiado para nosotros.» Nada impide en cambio constatar que ciertas diferencias culturales permanecen presentes. "A su llegada a España, Levan ya había sido “europeizado” por sus años londinenses", según cuenta Carola. Pero ciertos aspectos le siguen siendo incomprensibles. Entonces, nos ayudamos recíprocamente a entender mejor nuestras culturas. Cada cual se esfuerza un poco y las diferencias pierden trascendencia. Sólo hace falta estar un poco más abiertos y escuchar.» Una diferencia cultural que también sintieron Omar y Erick al comienzo de su relación. «Erick es mucho más reservado que yo. Al principio le costaba adaptarse a mi modo directo de encarar a la gente o de decir las cosas. He aprendido a controlarme un poco pero tengo la necesidad de poder hablar alto en la calle sin que por ello me tengan que mirar. ¡Así que por ahora no pensamos instalarnos en Bélgica!». En cuanto a la nostalgia por la patria y la familia, Internet ha resultado ser un terremoto. Los amigos o la familia parecen estar más cerca. Las webcams y la banda ancha han permitido no tener que romper las relaciones con el entorno habitual. Un entorno que, además, también se muestra propicio a todo esto. Así, la madre de Carola se ha visto d pronto seducida por la idea de conocer Georgia. «En cuanto sale una publicación sobre el tema, acude enseguida a comprarla. Nació en Aubenas, comarca de Ardèche. El otro día, leyó en el periódico local que el nuevo fichaje del equipo de su localidad era georgiano: ¡ya quiere invitarlo a comer en nuestra próxima visita!».

Como no es oro todo lo que reluce, surgen obstáculos administrativos al paso de sus vidas cotidianas. A su llegada a España, Erick se vio confrontado a ciertos bloqueos. «se daba a veces un cierto racismo de sistema como por ejemplo para obtener un contrato de alquiler, una línea telefónica o una cuenta bancaria a mi nombre, ¡así que para evitar problemas hemos puesto todo a nombre de Omar! ¡Nos hemos topado con más limitaciones debido a mi nacionalidad que respecto al hecho de ser una pareja homosexual!». En todo caso algo es seguro, el amor transnacional se halla en buen camino y ¡Europa puede contar con él!