Ampliación abortada

Artículo publicado el 9 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 9 de Abril de 2004

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Tras la caída del comunismo, naciones como Polonia restringieron el derecho básico a abortar. Sin embargo, los métodos anticonceptivos modernos escasean todavía y las mujeres deben someterse a esta dolorosa operación.

Desde la década de los cincuenta y hasta la caída del muro de Berlín en 1989, el aborto libre se expandió partiendo del mismo Kremlin por toda la Europa Central y del Este. Con todo, puesto que el Telón de Acero resultó un preservativo más que eficaz contra los métodos anticonceptivos modernos, el aborto se convirtió en la única opción real de las mujeres.

Las consecuencias de esto pueden apreciarse en la desigual imagen de las prácticas abortivas en la UE de la ampliación. Los países del antiguo bloque del Este, muestran, de manera consistente además, índices altos en cuanto al aborto y bajos en el uso de anticonceptivos, comparado con la Europa Occidental, la cual, a excepción de Irlanda, no introduciría el aborto hasta la década de los sesenta. Esto se debe, en parte, a que en la Europa del Este, a pesar de que iban haciéndose cada vez más habituales, los anticonceptivos hormonales y el DIU seguían teniendo el precio por las nubes. Es más, se sabe que lejos de los centros urbanos cualquier método anticonceptivo era difícil de encontrar.

Por ello, en países como Estonia, Letonia y Lituania, menos de la tercera parte de las mujeres en edad de tener hijos utilizan métodos anticonceptivos modernos. La tasa es mayor en la República Checa y en Hungría, pero inferior en todo caso a la media actual de la UE: el 70%. Este déficit anticonceptivo se compensa, no obstante, gracias al alto índice de abortos libres realizados en las 12 primeras semanas de embarazo.

De repente: Polonia

Durante la etapa comunista el aborto en Polonia, como en otros países de la CEE, era libre, legal y a cargo del estado. Sin embargo, el resultado de un referendum en 1993 limitió el aborto legal a casos en los que la vida de la madre corriera peligro, el feto estuviera seriamente deformado, o el embarazo fuera debido a una violación o a un incesto. A esto siguió una campaña de cuatro años por parte de un consorcio libre que agrupaba al movimiento por la Solidaridad, de derechas, la Iglesia Católica y el gremio de los médicos. Los lobbies de planificación familiar reclamaron que dicha colaboración había ejercido una "presión desmedida y persistente" sobre una sociedad "inexperta en el debate y la defensa de posiciones en favor de la libertad de expresión". No obstante, en un país en el que el 95% de la población es católica, de estrechos lazos con la Iglesia, estaba claro qué resultado iba a arrojar el referendum en cuestión. La ausencia de datos estadísticos oficiales complicaba aún más la situación.

La misteriosa ley evanescente

El referendum contribuyó a que la tasa oficial de abortos se recortara drásticamente, desde los 105.333 de 1988, a los 124 de 2001. ¿Pero son engañosas estas cifras? Tiene toda la pinta. Anualmente se llevan a cabo en Polonia entre ochenta y cien mil abortos no oficiales. La denominada ley Anti-Aborto, de 1993, consistía básicamente en borrar del mapa del estado a aquellas mujeres que abortaban. Tampoco es que sea un secreto el hecho de que mientras que los anticonceptivos se pueden encontrar hoy en día fácilmente, el acceso a la educacion sexual y a la planificación familiar todavía deja mucho que desear, sobre todo fuera de los centros urbanos.

Es evidente que las circunstancias actuales no conducen al aborto legal, ni siquiera en los hospitales estatales. Según Piotr Kalbarczyk, director jefe de Towarzystwo Rozwoju Rodziny (la organización polaca de planificación familiar) los médicos prefieren evitar hacer abortos por temor a represalias. Sin embargo, añade que rehusar oficialmente a llevar a cabo un aborto puede ser "una manera de forzar a las mujeres a que recurran a clínicas privadas", donde un aborto ilegal puede costarles entre 300 y 1000 dólares, dependiendo de la complejidad de la operación.

Las consecuencias para las mujeres en Polonia son bien sabidas. Se han denegado numerosas solicitudes de aborto legal sin posibilidad de recurrir. Los hospitales a los que mandan las solicitudes suelen retrasar la respuesta hasta que pasa el crítico primer trimestre. Este muro de silencio puede acarrear consecuencias dramáticas a mujeres que se convierten en víctimas de verdaderos abortos-chapuza, mujeres que pueden llegar a morir por no recibir el cuidado médico adecuado.

Las promesas electorales de la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD) en relación con la planificación familiar, no se han cumplido. Para algunos, la culpa la tiene la Iglesia, y su esforzado ajetreo como grupo de presión. Las políticas no parece que vayan a cambiar.

Polonia, igual que Irlanda y Malta, ha incluido un protocolo en su tratado de adhesión, con el cual se asegura de que las leyes europeas no actúan en menoscabo de sus restricciones abortivas.

Familias felices

La Unión Europea no puede garantizar la harmonía en la legislación sobre el aborto. La Parlamentaria Europea Anne Van Lancker presagia que la "presión ejercida por los iguales" hará que algunos estados se alineen finalmente con la mayoría. El panorama europeo actual ilustra muy claramente que en los países donde se permite el aborto libre en ausencia de una matriz de planificación familiar, la tasa es asombrosamente alta. En aquellos estados con leyes abortivas liberales, pero donde ésta se acompaña de una educación sexual sistemáticamente dirigida por el estado, así como de una planificación familiar, ocurre exactamente lo contrario. De este modo, en la candidata Rumanía, el promedio estatal de abortos por mujer es igual a seis. En Holanda, la cifra se reduce al 0.15; y en Francia, al 0.4. En Polonia, a pesar de la Ley de 1993, la cifra se sitúa en 2.2. Sea cual sea la solución, tal vez es hora de que se vayan haciendo cálculos.