An Pierlé: Los discos son como los osos de peluche

Artículo publicado el 7 de Marzo de 2008
Artículo publicado el 7 de Marzo de 2008
Amante de las canciones francesas kisch y pop, la belga An Pierlé toca el piano sentada sobre un gran globo transparente y brinca al apretar contra su pecho el acordeón. Entrevista con esta dama siempre en escena.

Al fondo de una gran habitación, arrinconada entre una barra, taburetes y una pared: un pequeño escenario. A lo largo de la habitación, atracciones de feria, antigüedades extrañas, anticuadas. Contra la pared, encontramos una máquina para leer el futuro gracias a una luz verde que escanea el fondo de los ojos. Sobre el altillo, una figura deformada sobre un sillón, un viejo maniquí, sostiene la mirada, inquietante.

An Pierlé, de 33 años y con todos sus conflictos correspondientes, bailotea, atraviesa la sala y acerca a una niña hasta la máquina para dar masajes. La niña sube. An inserta una moneda. La máquina emite un ruido apocalíptico y tiembla por todas partes, provocando una alocada risa cómplice. An nos acompaña luego a los bastidores. Pasamos primero por el cobertizo donde se amontonan unas antiguallas remendadas. ¿En qué espectáculo se ha podido utilizar esa bici que tiene las ruedas decoradas de guirnaldas luminosas? ¿Quién ha necesitado algún día esos sillones hundidos? Llegamos finalmente a los bastidores, An se sienta delante de un inmenso plato de comida, después nos pregunta si queremos algo de beber e insiste para que cojamos dulces caseros. “¿Caseros?”, se ríe Koen Gisen, su músico y cómplice. An ríe: “¡Para la persona que los ha hecho son caseros!”

Escucha la versión acústica de la pieza de An Pierlé C'est Comme Ca pinchando en el botón inferior derecho, y haz clic en el aspa de arriba para ver imágenes de su concierto Zebra (Fotos, Yonna Moreau)

En Zebra, los sentidos al detalle

En una pequeña sala de conciertos, un batiburrillo. “Cuando tocamos en París, en cualquier caso, ¿intentamos dar más que de costumbre?”, lanza Koen. “Después de tantos festivales, escenarios enormes, hemos querido volver a tocar música. Las salas pequeñas nos parecen mejor. En los pequeños espacios hay una intimidad, un sentido del detalle. Si no practicamos esta proximidad, todo se estropea”, continúa An. Koen Gisen prosigue: “Tocar para un público reducido es también un acto de resistencia. La industria de la música obliga a ir a salas cada vez más grandes. Esta especie de bulimia no forma parte del espíritu de grupo”.

El concierto comienza. Suave, tiernamente. Después, más rockero. Luego, una versión de Rita Misuoko. La cantante belga prosigue con una sorprendente versión del clásico Petit Papa Noel. Los músicos abandonan el escenario para dejar a An interpretar una pieza con su batería, que para esta ocasión golpea sobre una caja de madera, una canción de amor… y de pasión sexual.

Más tarde, sobre el escenario, para acallar los aplausos, An se lanza a las melodías clásicas francesas más kitsch. El público parece perder todo su entusiasmo. Ella se calla, simula una emoción intensa y grita: “¡La tradición frrrrrrancesa!”

El país de los galos ha descubierto a An Pierlé en la pequeña pantalla. Ella había venido a interpretar Paris s´éveille en el Grand Journal. Desbordante, chispeante, con una pizca de locura y micrófono en mano, ella es lo contrario a una joven calmada que responde, reflexiva, a mis preguntas de ahora. Cuenta que su grupo etuvo en sus inicios en el cartel de “Francofolies”, en La Rochelle. Convenía entonces tocar unas piezas en la lengua de Molière. Las versiones se imponían… entre Estefanía de Mónaco, Michel Fugain y Dutronc, naturalmente.

Una historia de idiomas

“El inglés es el idioma de la música pop. Algo pasa cuando se empieza a cantar en ese idioma”, dice An entusiasmada. “El francés es como un reto, un desafío. Por otro lado, es casi un género en sí mismo. En Francia, los espectadores reaccionan en seguida en cuanto llegan las canciones en francés. Parece que les interpela de alguna manera y agudiza el oído.”

“La canción en Francia tiene un funcionamiento inverso al nuestro. Es la poesía que se recita con ritmo sobre un fondo musical”, explica An. “Nosotros hacemos pop y, aunque le damos mucha importancia a nuestras palabras, estas no se convierten en primordiales. No escribimos textos en detrimento de la música”, concluye. Según An Pierlé, su idioma, el flamenco, está “cerrado”. De repente, comienza a hacer una demostración emitiendo los sonidos más “glamurosos” de su lengua materna. Ruge. Se saca las erres por todas partes. Olvida articular. “¡Esto no va con nuestra música, como puedes ver!”

Radiohead en la red

El próximo álbum de An Pierlé está en camino. Solamente en su cabeza: “Tenemos un montón de pinceladas. Hay que dejar de dar vueltas para hacer algo concluyente”. La revolución del disco inmaterial deja la formación perpleja: “La única ventaja de la descarga por Internet es que la gente te puede descubrir”, dice uno de ellos. “Hay otra ventaja: ¡mata a la industria!”, dice el otro.

“Es muy democrático hacer discos en casa. Seguro. Me encanta tocar música con los programas del ordenador, porque es muy divertido”, afirma An. “Es la democracia de lo barato”, continúa Koen Gisen, su compañero, matizando “todo el mundo termina por hacer lo mismo con los mismos sonidos. Todo esto lleva a un empobrecimiento de la música”.

An habla mientras come zanahorias crudas. ¿Qué piensa de la iniciativa del grupo Radiohead de ofrecer gratis su último disco? “Está bien, pero ¡ellos ya son multimillonarios! Y, además, he leído que la gente ha donado una media de 1,50 euros. ¿Es que ése es el precio de la música de hoy? En los años ochenta, un álbum era una rareza. Se lo esperaba, se lo quería. Era casi como un oso de peluche. La descarga ha destruido esta dimensión por completo. Proyectamos grupos para el escenario, pero veremos en diez años los que quedan. Los artistas con talento y perseverancia tendrán siempre su público. En resumidas cuentas, hay que ser paciente, ir a su encuentro y después acogerlo.” Como una flor.

Para escuchar más músicas de An Pierlé,

Paris s'éveille :

How does it feel :

Fotos sueltas: Wikimedia