Anatomía del odio

Artículo publicado el 27 de Enero de 2004
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Artículo publicado el 27 de Enero de 2004

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La historia del antisemitismo en Europa es tan vieja como la de la diáspora de los judíos. Los eternos e idénticos prejuicios, de los que también los antisemitas de hoy en día se sirven, se basan sobre todo en una cosa: la xenofobia.

En 1945, el holocausto parecía conceder una nueva legitimación al criticado concepto de la historia judía como martirio, si bien esta ruptura de la civilización subrayaba la omnipresencia del padecer a manos del antisemitismo en los 2000 años de historia judía. Ciertamente está claro para los historiadores que la Shoá no fue el resultado de un odio decidido hacia los judíos desde tiempos de la Edad Media que condujo a Auschwitz, sin embargo sí queda pendiente la cuestión de cómo se explica la constante del odio a los judíos como constante en la historia mundial. ¿cómo llegaron a ser precisamente los judíos el objeto del odio?. Y, ¿por qué odia el antisemita?. Es, sin embargo, según Sartre, el que en último lugar crea al judío.

El miedo a los extranjeros

La historia de los judíos es también la historia de la xenofobia, pues dentro de las sociedades mayoritarias en las que los judíos vivieron la Diáspora tras la expulsión de Palestina el odio a los judíos cumplió sobre todo la función de la integración negativa. Para el antijudaísmo cristiano europeo “el judío” era y siguió siendo el asesino de Cristo, especialmente durante las cruzadas. Ya sea en forma del cerdo judío nombrado aún hoy en las iglesias y protegido por Lutero o ya sea a través de la difusión de leyendas como la del asesinato ritual y la de la profanación de la hostias: “el judío” asumió el papel del demonio en la visión del mundo maniqueísta del cristianismo.

Y también para el tipo de juego moderno del antisemitismo (concepto acuñado por primera vez en 1879 por Wilhelm Marr) ha sido característico el fenómeno de la integración a través de la marginación. Como insuperable barrera divisoria entre la mayoría y la minoría en la época moderna ya no tenía validez de por sí la religión, sino la nación y finalmente la “raza”: respecto a esto paradójicamente el Nacionalsocialismo, cuyo ideal propagandístico de “la comunidad popular aria y sin clases” ha sido la otra cara de la moneda de la persecución legal de la “raza judía”. Así se creó un sentimiento de pertenencia conjunta a través de teorías conspiracionistas -como el del cerco de “la internacional roja y dorada”- de tal manera que los perseguidores antisemitas aparecían como los perseguidos por los judíos. Como ejemplo de esto sirve el Protocolo, de tan mala fama, de los Sabios de Sión (1), que la policía secreta zarista puso en circulación en 1905 y así, después del éxito, dirigió las agresiones contra el pueblo a un “enemigo común”.

En situaciones de crisis los judíos sirven continuamente de cabeza de turco para las masas. En la Edad Media se hizo en relación con catástrofes naturales que no tenían explicación. Cuando la Peste llegó a Europa en 1348, murieron miles de judíos en la hoguera culpándoles de haber envenenado los pozos. Una serie de Progrom en Rusia condujo en 1881 a una ola de emigración por parte de los judíos, a los que se les hizo colectivamente responsables del atentado contra Alejandro II, ya que el terrorista había resultado ser judío. La irritación reinante en Alemania en la Primera Guerra Mundial generó un reiterado estallido virulento de antisemitismo, en cuyos movimientos y tendencias fue planteada de nuevo la “cuestión judía” del siglo XIX. La solidaridad con los judíos del este y las conexiones en el extranjero parecían poner en relieve otra vez que los judíos no estaban arraigados en Alemania y que por ello eran diferentes, por mucho que cayesen en el frente en nombre del Kaiser.

Ese eterno rol tan especial

El hecho de ser diferente, que por su carácter indefinido tanto confunde y desconcierta. Y es que ¿cómo se le debería considerar al judío?. En Israel son una nación. Sin embargo muchos judíos se consideran en primer lugar estadounidenses, etc. En Europa del Este sin embargo se les conoce como una de las muchas etnias, en el Tercer Reich como una raza marcada por su nariz aguileña, y en la Europa actual como una confesión. El continuo odio al judío contribuyó al establecimiento de este “ser diferente” colectivo, como ocurre en el tema del dinero.

Por razones de carácter religioso en la Edad Media se les prohibía a los cristianos recibir intereses. Ya que los judíos no podían ni poseer tierras ni ser miembros de gremios, sólo les quedaba el comercio y el negocio del dinero como medio de sustento. La discriminación antijudía creó así un rol especial, que fue denunciado públicamente por el antisemita moderno como vergonzosa marca racial. Sin embargo el irracional, reaccionario y moderno antisemitismo del fascismo también se dirigió trágicamente contra los aspectos “desintegradores” e “insensibles” de la época moderna, con los cuales los judíos querían superar ese rol suyo tan peculiar: el liberalismo, el racionalismo de la Ilustración y otros elementos del “progreso civilizado”. Incluso ese rol especial creado por la experiencia de la Shoá no podía calmar ese odio, sino que condujo a la idea de declarar a los judíos como “pueblo autor” y a reprocharles que la “industria del Holocausto” comercializaría muy bien el sufrimiento judío.

El antisionismo actualmente propagado por una alianza de cierta izquierda, viejos antisemitas y algunos musulmanes se dirige contra el Estado de Israel y su política. Le recrimina más o menos explícitamente no haber aprendido de lo que les sucedió a los judíos de Europa: discriminación racista y persecución. Al contrario que el cristianismo la relación del Islam con el Judaísmo no ha estado contaminada desde el principio. Los musulmanes resaltan por ello, que a los judíos les fue mejor en el mundo islámico que en la Europa cristiana. Y tampoco se puede hablar directamente de antisemitismo, pues el árabe pertenece igualmente a las lenguas semíticas. Y no por ello se llega a ver que el antisionismo importó la centenaria estereotipación del judío. Así aparecen los supuestos Protocolos de los Sabios de Sión también como un argumento más contra Israel en un contexto de hecho totalmente diferente. El concepto globalizado de lo que consideramos enemigo como movilizador, respuesta simplificada a difíciles preguntas, que raras veces estaban en relación directa con los judíos: ha sobrevivido a su creador, tan lleno de odio.

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(1) Nota del Traductor: El argumento de los Protocolos es que los judíos conspiran para controlar todos los gobiernos del mundo, destruir la civilización cristiana y convertirse en amos de la tierra. Se tratan los métodos que serían empleados para alcanzar estos objetivos. La Francmasonería sería la herramienta usada por los "Sabios de Sión" para engañar a la humanidad y luego dominarla.