Animales políticos de medio pelo

Artículo publicado el 3 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 3 de Octubre de 2007
Aunque el Partido para los animales holandés ha visto a su primer representante entrar en el Parlamento en junio pasado, los políticos del continente europeo se resisten a hacer de la causa animal su lucha.

Las pequeñas victorias crean a veces grandes ambiciones. Recién nombrado senador del PvdD [partido holandés para los animales] en el seno del Parlamento holandés, Niko Koffeman quiere ir más allá: “Creemos que hay una posibilidad de crear una coalición paneuropea en defensa de los animales. Existe una oportunidad de conseguirlo juntos, en Europa”. Sin ser brillantes, los resultados obtenidos por el Partido para los animales (PvdD) resultan significativos a ojos de numerosos ciudadanos holandeses.

“Una formación como esta por supuesto que no podría dirigir el país”, admite Evertjan, estudiante en Ámsterdam, “pero es necesario que el mundo político comprenda que el destino de los animales no deja indiferentes a los holandeses”. Por otro lado ¿están los otros países europeos dispuestos a seguir al galgo bátavo?

La mosca contra el lobo

Los animales no están ausentes de las informaciones nacionales en el seno de los 27. El partido de los Verdes se ha presentado a menudo como el principal defensor de las especies animales. Con 42 escaños en el Parlamento europeo, el grupo de los Verdes/Alianza libre europea es el 15º partido más grande del hemiciclo de Estrasburgo, una posición casi constante desde 1989. Su acción a favor de las bestias se inscribe en un proyecto político mayor con su “manifiesto por la liberación animal”. ¿Es esto una cortina de humo?

Es curioso que a menudo son las formaciones que se refieren explícitamente a los animales las que menos les apoyan: el partido francés “Caza, Pesca, Naturaleza y Tradición” (CPNT) se opone por ejemplo a que se cebe industrialmente a las ocas pero no a que se deguste su foie gras, rechaza los mataderos intensivos pero alienta la “batida campestre” con el cuerno de caza y la flor en la escopeta.

El problema principal con que se topa la idea de una movilización política por la causa animal viene de la naturaleza mono-reivindicativa de los partidos. Para aclararnos: que su estrategia está limitada al mundo animal. Así no hay manera de suscitar el interés en los electores.

Los países que, como Francia o Italia, muestran una fuerte tendencia a privilegiar los temas de política general y, de hecho, las coaliciones más poderosas. “Los grandes partidos se adueñan y monopolizan las cuestiones de sociedad”, afirma Michèle André, vicepresidenta del Senado francés. Una visión confirmada por Niko Koffeman: “La mayoría de los países europeos se enfrentan a la reticencia de los ciudadanos cuando hay que elegir diputados provenientes de pequeñas formaciones para los parlamentos nacionales o europeos”.

Ratas de ciudad, ratas de campo

No es que los europeos no se interesen por la causa animal, sino que muchos suelen conservar la distinción entre problemas propiamente políticos y las luchas de un mundo asociativo. Hay asociaciones que, a menudo, no carecen de eficacia: la “PETA” [People for the Ethical Treatment of animals] es con diferencia la asociación más poderosa en el mundo a favor del apoyo a los animales.

Sin ninguna duda la presencia en ellas de embajadoras de la más “bella especie” tiene una explicación: la cantante de Jefferson Airplane, Grace Slick, o también Zara Whites, actriz porno holandesa que, militando a favor del vegetarianismo en el último Salón de la Agricultura de París, no dudo en aparecer casi desnuda, embalada y cubierta de sangre de pega en una bandeja gigante cubierta de celofán.

Si la defensa de la causa implica un rechazo a la violencia y al sufrimiento inflingidos sobre el prójimo –un rechazo que encarna la profunda humanidad del militante– su implicación en política queda difícil e ideológicamente discutible. Ya que ésta podría dar lugar a algunas aberraciones. Como resume el historiador Jean-Pierre Arthur Bernard, este principio de “igualización” se podría extender “a los vegetales y los minerales, en nombre de un planeta totalmente democrático”.