Anti-capitalistas, ecologistas y católicos: ¿Boicot a la Navidad?

Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2007

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Papa Noel viene a la ciudad. Pero algunos, preocupados por el excesivo consumo, el medio ambiente o la perdida de valores católicos, no le esperarán junto a la chimenea en Noche Buena.

Según un reciente estudio navideño de Deloitte, los irlandeses se gastarán de media unos 431 euros por persona estas Navidades. Los franceses gastarán 556 euros, seguidos de los alemanes (420 euros) y holandeses (411 euros). En su pagina web anti-navideña, un tal Steve comenta: “La Navidad es un importante asalto pro-activo en la psique cuya misión principal es adoctrinar a los más jóvenes hacia un estilo de vida consumista y por extensión, pro-capitalista”. ¿Cómo podemos discutirle eso?

¡A la mierda la Navidad!

Las Navidades son fiestas de ensueño para un capitalista. Se promueve el gasto excesivo y ostentoso y los intensos esfuerzos de los publicistas y las tentadoras rebajas pillan desprevenido al consumidor. El amor familiar, la amistad y el cariño son sólo algunos de los sentimientos explotados desvergonzadamente por los publicistas. Los anuncios navideños bombardean con ofertas especiales y hacen sentir a la gente culpable por no haber comprado los regalos todavía. Muchos toman una vía menos drástica y protestan contra las tiendas y empresas que inician su campaña navideña en... ¡octubre!

Muchos están hartos. Desde el comienzo del nuevo milenio, grupos anti-navideños han ido ganando importante presencia pública. Adbusters, una organización canadiense anti-consumista, protesta contra el excesivo materialismo en esta época del año. Su campaña Día Sin Compras comienza al inicio de la temporada navideña. Miembros del Christmas Resistance Movement y su homólogo francés Mouvement anti-Noël también han boicoteado la compra de regalos.

¿Navidades Verdes?

Fechas en la que se produce un gran gasto (energético) y daño ecológico a causa de envoltorios, luces, postales y decoraciones; parece que las Navidades no son tan verdes como su emblemático símbolo, el árbol de Navidad. En 2005, 32,8 millones de árboles, por el valor de cerca de 1.000 millones de euros fueron talados sólo en Estados Unidos. Obsequiar regalos no-materiales es una interesante alternativa para hacer de la Navidad algo más ecológico y menos consumista.

La canadiense Johanna Duyan, de 26 años, decidió este año no comprar regalos materiales a sus familiares y amigos: “Comenzaba a hacerse demasiado caro y demasiado centrado en las compras. Decidimos que cada año donaríamos a una organización benéfica de nuestra elección. El año pasado contribuimos con una asociación para la sensibilización sobre el autismo. Nos da mucho gusto saber que nuestro dinero servirá para algo útil y positivo en el mundo”.

Una solución similar propone la alemana Kate Kilpatrick, de 35 años: “La familia de un amigo mío tiene la tradición de regalar 'servicios' por Navidad. Por ejemplo, su hermano le ha prometido que este año cuidará de los niños durante un fin de semana para que ella y su marido puedan irse de viaje sin los niños. Comprometerte y darle tu tiempo a alguien significa mucho más que un regalo material”.

¿Hay sitio para Jesús en Navidad?

¿Y quién recuerda que estas fechas especiales del año son en realidad una fiesta católica que celebra el nacimiento de Jesucristo en Belén hace un par de milenios? Algunos protestan a favor o en contra de las referencias religiosas durante las fiestas de Diciembre. El sentido religioso, según los conservadores cristianos, ha perdido su importancia en la celebración de estas fiestas.

¿Y qué ocurre con los no-cristianos? Con el incremento de diversidad multicultural en las sociedades occidentales, se convierte en una cuestión de si Jesucristo es necesario en la Navidad, o si se ha vuelto obsoleto. En su libro de 2003 The Trouble with Christmas (El Problema de la Navidad), el “impeniente ateo norteamericano” Tom Flynn argumenta que las tradiciones religiosas deben reconsiderarse y cambiarse, y que la celebración universal, a menudo fuente de conflictos interculturales, debería limitarse. ¿Por qué deberían los musulmanes, los judíos y los ateos verse obligados a celebrar unas fiestas cristianas?