Antiamericanismo: la nueva identidad europea

Artículo publicado el 25 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 25 de Octubre de 2004

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Parece que está de moda en Europa ser antiamericano, pero ¿por qué? Al tiempo que los Estados europeos se integran más, el antiamericanismo nos dota de una nueva identidad: no somos ellos...

Un día después del 11 de septiembre, el diario francés Le Monde titulaba en portada “Todos somos americanos”, el canciller alemán Gerhardt Schröder apelaba a la “solidaridad incondicional” y la mayoría de países europeos expresaban su empatía con los Estados Unidos de América. Aun así, otra parte de Europa vio en los ataques terroristas de Nueva York la prueba de cómo el comportamiento estadounidense excita la hostilidad, una impresión que se ha intensificado con la Guerra de Irak. Hoy por hoy, la sensación de horror compartida por Europa parece haber dejado sitio a un sentimiento colectivo de enemistad contra un país: los Estados Unidos.

“No somos ellos”

El antiamericanismo es algo inveterado en la Historia europea. Nosotros, los habitantes del Viejo continente, tendemos a criticar la ‘pobre cultura’ y la ‘superficialidad’ de los estadounidenses, sintiéndonos cultural e intelectualmente superiores al “nuevo mundo”. Sin embargo, desde que Bush le declaró la guerra a Irak, el antiamericanismo ha pasado a ser algo más que un complejo de superioridad: representa una ideología europea. Las manifestaciones se han sucedido en todo el continente en contra de Bush y su guerra. La última encuesta multinacional publicada por la fundación norteamericana German Marshall Fund concluyó que, tres años después del 11 de septiembre, un 58% de europeos rechazan el liderazgo estadounidense en la guerra de Irak. Europa protesta, pues, contra una guerra que considera injusta y unos Estados Unidos que consideran política y moralmente en el error. Pero ¿por qué son antiamericanos los europeos?

La autocrítica siempre ha sido mayor de este lado del Atlántico, en especial en países como Alemania, que sufre una cierta falta de identidad desde la 2ª Guerra Mundial. Durante el proceso de unificación europea tras la guerra fría, el antiamericanismo ha calado como una poderosa ideología en la definición de la nueva identidad europea. Antes de la caída del muro de Berlín, el Comunismo fue el enemigo común de la CEE. Hoy nos acompaña el antiamericanismo. Este último puede considerarse como un medio para eludir de frente los retos a los que se enfrenta nuestro continente. Por ejemplo, al tiempo que la Unión Europea se fortalece, muchos de sus ciudadanos aún se sienten zarandeados e incluso asustados por la idea de un “súper estado” que englobe a naciones individuales. Las secuelas de la guerra de Kosovo aún se sienten, el antisemitismo y el neonazismo resurgen, la economía es débil y la plena integración de los diez nuevos miembros de la UE todavía debe afianzarse. Proyectando nuestros temores hacia América, podemos olvidar los nuestros.

El antiamericanismo europeo está muy conectado con la antiglobalización y los movimientos de antiamericanización. Los EEUU son ahora la única superpotencia mundial. Muchos de nosotros crecimos creyendo en América como modelo de democracia y de nación plural y abierta. Hoy, los europeos se asustan ante la posibilidad de que ese modelo de democracia desaparezca por la acción de su propio gobierno. Queremos que los EEUU vuelvan a ser lo que fueron: “La tierra de la libertad”.

¿“No a Bush” o “No a América”?

Robert Toscano, italiano experto en ciencias políticas, señala que “ser genuinamente antiamericano significa desaprobar a los EEUU por lo que es, no por lo que hace”. ¿Acaso es esto lo que hace Europa? No. Por lo menos no la mayoría de sus habitantes. Aunque nos opongamos de forma generalizada a la guerra de Irak y Bush nos disguste, conservamos un gran afecto y respeto por los EEUU. Si fuéramos realmente antiamericanos tendríamos también que ser antiMark Twain, antiGap, antiMTV, antiHamburgesas, antiNueva York y antiMichael Moore, pues los EEUU son todo eso y también algo de europeo. Podemos decir que el actual antiamericanismo tiene más que ver con el presidente Bush que con los EEUU en si. Los propios europeos olvidan a menudo que los EEUU se hallan políticamente divididos y que muchos norteamericanos desean un cambio de administración tanto como los europeos. La cuestión es que Bush gobierna como si no existiera esa división, lo que ha reforzado esa imagen de Norteamérica ignorante: debemos ser capaces de distinguir entre el ciudadano de a pie y gobierno.

¿Qué identidad le quedará a Europa tras el cambio de administración?

La antipatía europea frente a los EEUU contradice la idea que los padres fundadores de la Comunidad Europea proyectaron de la misma: la de una asociación que contrarreste los nacionalismos, no la de crear un súper Estado. Quizás tengamos que volver a centrarnos en estos ideales y encontrar nuestra nueva identidad mejorando nuestro continente. Lo que se mantiene, a pesar de todo, es una separación ideológica entre europeos y estadounidenses. En geoestrategia y cuestiones internacionales, hoy por hoy “los americanos vienen de Marte y los europeos de Venus”, poniéndose de acuerdo y comprendiéndose cada vez menos.

Del mismo modo que los europeos se definen clamando “No somos estadounidenses”, ponemos todas las esperanzas en Kerry porque “Él no es Bush”. Nadie tiene por seguro que un nuevo presidente aporte grandes cambios, pero nos ayudaría a abrazar de nuevo a un país que en su día amamos. La elección de Kerry podría ser el primer paso hacia la superación de las diferencias entre el “viejo” y el “nuevo” continente, recordando que, después de todo, somos un único mundo.