Aprender del pasado: La Primavera Árabe y la Europa postcomunista

Artículo publicado el 25 de Mayo de 2011
Artículo publicado el 25 de Mayo de 2011
¿Puede la Primavera Árabe tomar lecciones de Europa del Este? Daniel Novotny, subdirector del centro de investigación de la asociación para asuntos internacionales en Praga, dibuja un paralelismo entre la situación en el Magreb y la era postcomunista que vivió Europa en 1989. Análisis.

El Magreb se enfrenta a una oleada de levantamientos que está teniendo un fuerte impacto en la seguridad política de los países que lo forman. No es sorprendente que algunos politólogos y economistas magrebíes consideren que la región puede aprender mucho de las olas democráticas de 1989 en los países postcomunistas europeos. Existen diferencias con respecto al desarrollo humano, a la seguridad y al proceso de construcción nacional. Pero en lo que a desarrollo económico y transición política se refiere, ambas regiones comparten sorprendentes similitudes.

Transición democrática y no violenta

La transición no fue un proceso fluído e indoloro. Aunque los países de la Europa central y oriental estaban lastrados con las consecuencias de dos guerras mundiales y cuarenta años de régimen comunista, no estaban totalmente desconectados de sus vecinos de la Europa occidental. Lograron su transición democrática a través de medios no violentos y adoptaron con éxito un sistema político multipartidista. Los países del Magreb pueden aprender que la transición de un regimen totalitario a uno pluralista debe suponer la implantación de medios de comunicación libres, instituciones capaces de mantener el Estado de Derecho y el respeto de los Derechos Humanos, y al mismo tiempo prevenir escandalos de corrupción y abusos de poder. Es importante además el papel responsable de las élites.

Los países europeos consiguieron evitar la 'balcanización'

Por balcanización se entiende el proceso de fragmentación de la antigua Yugoslavia en países más pequeños y en entidades políticas mutuamente hostiles. Por ejemplo, la República Checa se separó de Eslovaquia sin pasar por guerras o conflictos raciales o étnicos. La transición pacífica en la región se logró gracias a una resolución eficiente del conflicto y la proteción de las minorías. Ambos métodos han de ser adoptados por los países del Magreb si desean alcanzar una integración satisfaciente. Si el Magreb Árabe quiere cumplir con las expectativas de los ciudadanos de la región y el Norte de África ha de convertirse en un ambiente estable y atractivo para inversiones extranjeras. Para ello, primero tiene que resolver el conflicto del Sáhara Occidental (entre Marruecos y Argelia).

Promover redes de solidaridad

Para asegurar la seguidad de los ciudadanos, los países del Magreb deben tratar de construir la seguridad desde abajo, promoviendo el bienestar de los distintos grupos étnicos y sociales. Se debería garantizar un apoyo social mínimo a todos los grupos, los recursos deberían repartirse de forma igualitaria y el acceso al poder no debería ser excluyente.

Integración regional

Una estrecha cooperación permitiría a los países del Magreb estimular el crecimiento sostenible de sus economías y mejoraría su posición negociadora de tú a tú con la Unión Europea. Mejorar las infrastructuras mejoraría la competitividad y atraería más inversores extranjeros. Los países de Europa del este se sometieron a procesos de industrialización y modernización desde el siglo XIX, por lo que, afortunadamente, cuatro décadas de régimen comunista no rompieron por completo las relaciones comerciales y la infrastructura existente que les conectaba con los mercados occidentales en Europa. La reconstrución y refuerzo de los lazos con los vecinos occidentales también se vieron facilitados por la relativamente exitosa iniciativa de integración llamada Grupo Visegrád, iniciada por la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia.

Los países postcomunistas deberían considerar seriamente lanzar un proceso para compartir su experiencia, que permitiría a los países del Norte de África evitar algunos escollos en el tortuoso camino hacia un régimen democrático y les permitiría posicionarse y promover su presencia diplomática en la región del Magreb.

El autor de este artículo forma parte de la Asociación de Relaciones Internacionales en Praga

Foto: (cc) Numerius/ Anders/ Flickr